José Adán Silva
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Durante 46 años, Nicanor García ignoró que su nombre tenía siete letras, y que la primera de ellas también encabezaba los de su país, Nicaragua, y de su padre, Norberto. Lo supo hace apenas ocho meses cuando fue alfabetizado.

En enero, una brigada de jóvenes universitarios de ciudades ubicadas en la ribera del Océano Pacífico nicaragüense llegó a la remota y antigua aldea de Bilwaskarma, en la selvática Región Autónoma del Atlántico Norte de Nicaragua (RAAN), para alfabetizar a los indígenas de la etnia misquita que habitan allí desde hace siglos.

Junto a García, recibieron educación más de 60,000 nativos de las etnias misquita y mayangna de esa inhóspita zona, considerada ahora por el gobierno de Daniel Ortega como “territorio indígena libre de analfabetismo”, al bajarlo de 40 a 4.20%.

Obra de jóvenes

“Antes tenía que firmar con un dedo manchado de tinta, ahora puedo poner mi nombre completo”, dijo a IPS García, quien llegó a Managua para celebrar el 30 Aniversario de la gran Cruzada Nacional de Alfabetización (1980-1981).

Esa iniciativa, que bajó la tasa de analfabetismo de 52 a 12%, se reactivó en 2007 con el regreso de Ortega a la Presidencia. Esta vez con la Campaña Nacional de Alfabetización denominada “De Martí a Fidel”, que usa el método cubano de enseñanza “Yo sí puedo”.

El primer gran resultado tuvo lugar en 2009, cuando Nicaragua se declaró libre de analfabetismo, al reducir el porcentaje de personas que no saben leer ni escribir de 20,7 a 3.56%.

Según el profesor Orlando Pineda, Director de la Asociación de Educación Popular “Carlos Fonseca Amador”, durante dos años y medio unos 500 estudiantes universitarios se turnaron para aprender las lenguas y culturas indígenas y así capacitar y alfabetizar a estas comunidades.

En misquito y en mayangna

“Los muchachos son voluntarios, pero contamos con el apoyo del gobierno, y así nos dimos a la tarea de enseñarles la luz del conocimiento desde sus propios ecosistemas, en sus mismas lenguas y respetando su cultura”, dijo Pineda.

Fueron 65 lecciones de media hora diaria, con una maestra o maestro guía, un televisor y un vídeo-reproductor, una cartilla y un lápiz.

El curso es aprobado en 12 semanas de enseñanza continua, cuando los educandos logran escribir una carta dirigida a sus familiares o a sus maestros. A los misquitos y a los mayangnas les enseñaron a leer y a escribir con el método cubano, adaptado y modificado por los educadores nicaragüenses.

En Sikilta, una comunidad mayangna de la región, integrada por unas 1,000 habitantes, quedaron ocho personas sin alfabetizar.

Sobremeta

“Ellos eran adultos muy enfermos y cansados que se rehusaron a recibir las lecciones”, contó Silvia Rodríguez, una estudiante de docencia de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua que participó como voluntaria.

“Después de trabajar, desde ancianos a niños, todos sin excepción se acercaban a los círculos de estudios con sus cuadernos, para preguntar sobre las letras y los números”, relató Rodríguez.

De acuerdo con el reporte de la Asociación de Educación Popular, encargada de la campaña, la meta era reducir el analfabetismo del 40 al 10%, pero lograron bajarlo a menos del 5%.

“Nos quedaron en las riberas del Río Coco 2,275 misquitos sin saber leer, de una población de 54,778. Fue toda una odisea llegar hasta donde ellos”, relató Pineda.

Van a la RAAS

“Recorrimos 411 kilómetros de río, visitamos 124 comunidades misquitas y 24 mayangnas, y nos recibieron con los brazos abiertos”, agregó.

Pineda señaló que después de haber cumplido la tarea en la RAAN, piensan dirigirse a alfabetizar a la Región Autónoma del Atlántico Sur de Nicaragua, donde habitan indígenas de las etnias rama, creole y garífuna, que tampoco han tenido acceso al sistema educativo del país.

A solicitud del gobierno de Nicaragua, las cifras están siendo cotejadas por una comisión verificadora compuesta por 21 expertos de Canadá, Cuba, España, Gran Bretaña y Portugal, que están distribuidos en la región. El hecho fue avalado por la Unesco en Nicaragua. (Tomado de IPS).