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E. DE B., Madrid / EL PAÍS   

No llega a pedir perdón, pero lo parece. En la primera entrevista concedida a un medio extranjero (el diario mexicano La Jornada) desde su reaparición pública, el ex presidente cubano, Fidel Castro, asume la persecución contra los homosexuales de hace medio siglo, que llevó a muchos a campos de reeducación o al exilio.

“Sí, fueron momentos de una gran injusticia, la haya hecho quien sea”. Y ese “quien sea” tiene un nombre: él mismo. “Si alguien es responsable, soy yo”, dice.

Aunque se justifica: “En esos momentos no me podía ocupar de ese asunto. Nosotros no lo supimos valorar... Teníamos tantos y tan terribles problemas, problemas de vida o muerte, que no le prestamos suficiente atención”.

Pero sí que le dio tiempo a referirse a los homosexuales, por ejemplo, en un discurso de 1963. “Nuestra sociedad no puede darles cabida a esas degeneraciones”.

También se permitió especular sobre por qué hay gays: “Yo no soy científico, pero sí observé siempre una cosa: que el campo no daba ese subproducto. Estoy seguro de que independientemente de cualquier teoría, hay mucho de ambiente y de reblandecimiento en ese problema. Pero todos son parientes: el lumpencito, el vago, el elvispresliano, el pitusa”.

La situación, sin embargo, ha cambiado, al menos oficialmente. La homosexualidad no está perseguida en la isla desde los 90, aunque eso no evita marginación social. Y, de mano de Mariela Castro, hija del presidente Raúl Castro y Directora del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), desde 2008 el Estado financia las operaciones de cambio de sexo.