•  |
  •  |
  • END

A los seis meses de edad, a María Elena Silva le dio una “calentura” que al tratarse le afectó la audición. Allí cambió su destino, pues desde entonces no volvió a oír, y luego, no logró desarrollar el habla.

Ya adulta, la suerte no mejoró. “Antes de 2006 yo buscaba trabajo y no encontraba, nadie quería emplearme”, dice la joven, echando mano del lenguaje de señas.

Así, tuvo que contentarse ayudando a una hermana que vendía “deditos” y “repollitos” en León, al occidente del país. Con esa labor ganaba 100 córdobas por semana.

Juana Magdalena Berríos, otra sordomuda, entre tanto, tenía que resignarse a cuidar la casa y a su hijo, que ya contaba con un año de edad.

“A mí ni como empleada doméstica me aceptaban. Busqué trabajo en varias casas de León y no me aceptaron, simplemente, porque era sordomuda. Mi esposo era el único que llevaba dinero al hogar”, cuenta mediante señas.

El leonés Luis Jiménez, también sordomudo, tampoco lograba ubicarse en el mercado laboral local.

Aunque a él, al parecer, le iba peor. “Como no encontraba trabajo, comencé a dedicarme a la carpintería, pero no me pagaban porque era un aprendiz, y así pase un buen tiempo”, explica el chavalo en su lenguaje.

Empleados perfectos
Sin embargo, en 2006, sorpresivamente, como ellos dicen, una puerta se les abrió. Ese año la zona franca Arnecom, ubicada al occidente del país, decidió materializar el proyecto Integra con apoyo de una fundación local, que incluye a sordomudos y lisiados. La empresa lo hizo como parte de su responsabilidad social empresarial con la comunidad, y es la única en el ramo a nivel del país que incluye al segmento.

Hoy, el proyecto abarca a 52 trabajadores, entre éstos a Silva, Berríos y Jiménez. El gerente de Recursos Humanos de la empresa, Suamy Alegría, dice que a cuatro años del proyecto hay una gran satisfacción.

“Los empleados son tan productivos como los trabajadores oyentes (que escuchan y hablan), a veces, incluso, exceden la producción, y pensamos que eso se debe a que ellos quieren buscar cómo compensarnos por el hecho de ser sordomudos, sin embargo, para nosotros su condición no es un problema, son en realidad tan eficientes como el resto de trabajadores o más”, indica.

Incluso, especifica que son puntuales y nunca faltan al trabajo. Aparte de eso siempre están dispuestos a aprender. Son “los empleados perfectos”. Ellos y ellas cuidan muchísimo su trabajo, esto es admirable, y ha hecho que nuestras expectativas con el grupo se superen a diario”, sostiene el gerente.

Alegría detalla que el salario promedio de esos obreros --al igual que del resto-- es de 3,100 córdobas al mes.

A eso se le suma un bono de 300 córdobas que se les da si nunca faltan al trabajo durante el mes. Así como otro bono de 420 córdobas que se les otorga a todos los empleados de Arnecom.

Además, tienen derecho a créditos personales, a atención médica, aguinaldo y vacaciones, tal como lo mandan las leyes laborales del país.

“También se les capacita, y es grato para nosotros ver el salto que esos trabajadores han dado, pues ahora realizan tareas más complicadas”, subraya.

Hasta el amor encontraron

Silva, por ejemplo, es operaria. Ella se encarga de cortar tela para cubrir los arneses. En las ocho horas laborables corta entre tres mil y 4 mil pedazos de tela.

Mientras Berríos, quien pronto dará a luz gemelos, corta entre 15 mil y 20 mil piezas de mangueritas, según el pedido.

Ambas mujeres, al igual que el resto, madrugan para llegar sin contratiempos a la planta de Arnecom. Las labores inician a las 6 de la mañana y terminan a las 2:30 de la tarde, incluyendo sus descansos respectivos y la hora de almuerzo.

“Todos son muy trabajadores. Nunca se quejan y hacen el trabajo que se les indica, yo no me quejo”, destaca el facilitador Carlos Balladares, quien algunas veces supervisa la labor del segmento en mención.

Balladares, como el resto de jefes del grupo, aprendió el lenguaje de señas durante tres meses previo a la contratación de los sordomudos.

“Al principio no era fácil. La comunicación era un problema. A veces las señas que hacíamos eran una ofensa para ellos. También había compañeros oyentes que se burlaban al verlos hacer tantas muecas, pero eso ya no se da. Ahora nos complementamos mejor, y más bien todos quieren aprender el lenguaje de señas para saber qué se dicen entre ellos”, resalta.

Balladares realmente es feliz con el grupo. Él hasta el amor encontró. Se enamoró en 2007 de Silva, su subalterna, y se casaron en 2009.

“A mí me preguntaron si era seria la cosa, y yo dije que sí, por eso me permitieron seguir con la relación. Yo me enamoré de ella, y gracias a ella mejoré el lenguaje de señas, para mí su condición nunca fue una limitante. Eso sí, en el trabajo nuestra relación es laboral, no mezclamos las cosas”, advierte de inmediato.

Quieren contratar a más pero…

Los trabajadores sordomudos (hombres y mujeres) laboran con los trabajadores que oyen. Sin embargo, a diferencia de estos últimos, cuentan con alarmas visuales y recomendaciones por escrito.

Las máquinas que operan, además, han sido adaptadas a su condición, según señala Alegría.

Pero hay más. Al grupo se le da seguimiento junto a sus familias. “Cada tres meses nos reunimos con los papás o con los hermanos oyentes para indicarles cómo van en el trabajo y para conocer cómo marchan en sus hogares, esto nos permite intercambiar información y apoyarlos en lo que ellos requieren”, expone el gerente.

“Una de las condiciones para emplearlos --dice Alegría-- fue que los familiares apoyaran la idea de emplearlos, y, por supuesto, que ellos quisieran trabajar, entonces el seguimiento es importante”.

Alegría adelanta que tienen como meta incrementar a 100 los trabajadores sordomudos. Es decir, duplicarlos en la empresa. No obstante, en la actualidad tienen dificultades para alcanzar el número en mención.

“No hemos encontrado mano de obra porque la familia los sobreprotege, prefieren tenerlos en casa, entonces esa es una limitante para nosotros. Pero no desistimos, nosotros queremos ampliar el grupo”, comenta optimista.

Por lo pronto, Silva, Berríos y Jiménez, están contentos con la labor que tienen en Arnecom. Berríos hasta dice que gracias a ese empleo ya tiene cocina y ropero en su casa.