•  |
  •  |
  • END

El Movimiento de Mujeres “María Elena Cuadra”, MEC, embargó ayer bienes de la empresa maquiladora Bang Chu, de capital coreano, después que cerró operaciones dejando en la indefensión en materia de derechos laborales a más de 135 trabajadoras, entre ellas cuatro mujeres embarazadas.

Sandra Ramos, Presidenta Ejecutiva del MEC, dijo que por información suministrada por los trabajadores, este jueves uno de los inversionistas comenzó a sacar en varios furgones la producción, y por eso los trabajadores procedieron a tomarse las instalaciones de la empresa ubicada en el kilómetro 15 y medio de la carretera a León.

Los trabajadores paralizaron la salida de los furgones “porque en esa producción está el capital que les corresponde a ellos por el trabajo aportado en esa empresa”, dijo Ramos, quien confirmó que en el embargo que llevó a cabo el MEC incluyó los furgones.

“Hemos acudido ante el Ministerio del Trabajo, y sentimos nosotras que todavía el Mitrab es muy débil para defender los derechos de los trabajadores, también acudimos este jueves a la Comisión Nacional de Zonas Francas, donde conversamos con Alfredo Coronel y Ramiro Moreno, los que están interviniendo para apoyar la demanda de los trabajadores y obligar al dueño de la mercadería que pague lo que en derecho le deben a los trabajadores”.

El dueño esa mercadería es de capital hondureño, porque el MEC y la Comisión Nacional de Zona Franca “estamos trabajando por hacer valer los derechos adquiridos de los trabajadores”, dijo Ramos, quien compareció ante los medios de comunicación en compañía de una buena cantidad de obreras de la maquila que quedaron en la indefensión en cuanto a sus derechos laborales.

Llamado a Pro Nicaragua
Ramos llamó a Pro Nicaragua, institución que busca la inversión extranjera, “para que cuide al tipo de inversionistas que están viniendo al país, porque están viniendo a explotar la mano de obra nicaragüense”.

Dijo que el dueño de la empresa Bang Chu, Mr. Johnson Kimmo, “no era dueño de nada, era un triste y vulgar intermediario que vino a explotar la fuerza laboral de hombres y mujeres en este país. Las máquinas eran alquiladas, la empresa alquilada, y al final se dio el lujo de abandonar el país porque no tenía nada que perder porque ya había sacado del sudor de los trabajadores las ganancias necesarias para poder irse”.

“Este tipo de inversionistas, este tipo de flexibilización laboral en el seno de la industria maquiladora debe ser detenida por el Estado de Nicaragua, y aquí hablamos de todo el sistema de justicia del país que no funciona, porque sigue dejando en la indefensión jurídica a los hombres y mujeres nicaragüenses”, dijo Ramos.