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La presidenta de la Academia de Mujeres Trabajadoras de Corea del Sur, María Rhie, propuso ayer en Managua que el sistema de formación de mujeres líderes en las empresas de la maquila que lleva a cabo en Nicaragua el Movimiento “María Elena Cuadra” (MEC) debe extenderse al resto de países de Centroamérica.

La extensión de ese sistema de formación es porque en el resto de las naciones del área hay empresas maquiladoras donde los empresarios especialmente de origen asiático no permiten a las obreras organizarse en sindicatos.

Rhie, quien forma parte de una delegación de sindicalistas coreanas que visitan Nicaragua, dijo que el MEC “está desarrollando una labor importante” que debería extenderse al resto de Centroamérica donde operan empresas maquiladoras de capital asiático”.

“Nosotras (las dirigentes coreanas) hemos venido a Nicaragua a aprender a hacer ese trabajo de formación de líderes en las obreras que laboran en las empresas de la maquila”, dijo Rhie, quien confirmó que el año pasado en un taller internacional conoció a la presidenta Ejecutiva del MEC, Sandra Ramos.

“Ahora estamos en Nicaragua para aprender cómo el MEC expande su movimiento en la formación de líderes mujeres, y para eso hemos establecido este intercambio”, que incluirá la elaboración de un documental que realizará en Nicaragua una de las integrantes de la comitiva coreana, Mire Kim.

La dirigente, que por tercera vez visita Nicaragua, dijo que la misión con la que llegó con ocho compañeras coreanas también es para medir los efectos de la globalización debido a que las grandes empresas coreanas, taiwanesas y de Hong Kong se han traslado para Centroamérica porque la mano de obra es más barata.

En las investigaciones que las organizaciones de mujeres asiáticas han realizado con respecto a las empresas maquiladoras, han encontrado que cuando las obreras se quieren organizar, los empresarios cierran las plantas y se van para otro país en busca de mano de obra más barata.

Sandra Ramos, Presidenta Ejecutiva del MEC, dijo que las empresas maquiladoras de capital coreano y taiwanés han dejado en Nicaragua un “sabor amargo” en “la boca de nuestra población y en la llegada de ellas (las coreanas) nos dan ánimo en la lucha que las mujeres en Corea han librado por sus derechos”.