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Caras tristes y semblantes demudados llenan los refugios de Managua, los cuales casi no se dan abasto por la cantidad de personas que han sido evacuadas, pues las constantes lluvias que han azotado al país no parecen darle tregua a las autoridades ni a los miles de desplazados que han perdido todo por el las inundaciones.

A Dulce María Escobar, damnificada en el Colegio Santa Clara, sólo la mantiene viva la esperanza de que el gobierno cumpla su promesa de darles una vivienda.

“Después de todo lo que hemos sufrido mi familia y yo, sólo me mantiene viva la esperanza en que el gobierno nos dé un terreno y una casita donde volver a empezar. El agua se lo llevó todo; mi cama, el televisor, la mesa, las sillas, la ropa… todo. Aquí estamos con una mano adelante y la otra atrás”, expresó.

El agua lo destruyó todo

Pero la historia de Dulce María no es la única. Ana Maryuri Sisnado, vivió una situación similar: “El 2 de septiembre el agua se metió en mi casa y lo destruyó todo. Lo que no se lo llevó el agua se lo robaron los pandilleros. Tuve que venir a este albergue porque no tengo adonde ir. Aquí al menos tengo lo necesario para que mis hijos no se mueran de hambre”, aseguró.

Hasta el momento, los albergues están siendo abastecidos por la Alcaldía de Managua, Mifamilia, y los ministerios de Educación y de Gobernación. Estas instituciones están canalizando las donaciones para los afectados.

El director del albergue Santa Clara, Alfredo Óscar Tejeda Meza, afirmó que gracias a estas instituciones, los damnificados han podido recibir la atención que necesitan.

“El gobierno ha tenido una actitud muy responsable. Aquí hemos recibido donaciones de ropa, zapatos y colchas. Diariamente recibimos la visita de una doctora enviada por el Silais Managua para dar consultas gratuitas y para repartir los medicamentos básicos. También se impulsan actividades recreativas y se brinda atención sicológica a las familias”, indicó.

En cuanto a la alimentación a la población damnificada, la encargada de la bodega y coordinadora del gobierno local, Irene Calero, explicó que la distribución de alimentos se realiza diariamente.

“Cada día se entrega a las familias albergadas en cada aula, arroz, frijoles, pinolillo y aceite para que cocinen sus alimentos. También se distribuye jabón líquido, papel higiénico, ropa y Kotex. A los niños menores de tres años se les da leche en polvo y pampers”, aseguró Calero.

“Una vida difícil”

Para Juana García, damnificada del albergue “José de la Cruz Mena”, la vida en un albergue es difícil. “Estamos agradecidos con el gobierno, pero la vida aquí no es fácil. No es sencillo dejar la comodidad de tu casa y la privacidad para venir a vivir en comunidad. Los niños se enferman mucho y a veces hay pleitos. Espero que esto acabe pronto”, expresó.