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Al menos cuatro grupos de promesantes con más de 80 bailarines y promotores de San Jerónimo en Bluefields, celebraron el 30 de septiembre, el día del santo, pero a pesar de todos sus títulos: “Traductor de la Vulgata Latina”, “Alegre” o “Doctor de los Pobres”, no hubo manera de convencer al cura párroco de que dejara entrar la imagen al templo católico.

De acuerdo con los organizadores , éste es el tercer año que se quedan con el santo afuera de la iglesia, porque el cura no los recibe y tampoco da su bendición, lo que los tiene --aseguran-- muy tristes.

Pero el sacerdote Flavio Murillo, cura párroco de la Catedral Nuestra Señora del Rosario, dice que bendecir “esto”, sería un acto de torpeza: “Tenemos que recuperar el verdadero sentido de las fiestas de San Jerónimo. Yo no puedo permitir que la sociedad se ensucie la boca diciendo que la Iglesia acepte estas fiestas”, las cuales cataloga de violentas y generadoras del desorden social.

Las afirmaciones del sacerdote coinciden con los puntos de vista de otros ciudadanos, que consideran estas fiestas como salvajes. “Yo no participo en esto, porque muchos se aprovechan para golpear, asaltar o desquitárselas con uno”, dice la joven Maritza Castillo. También el joven católico Armando Solís dice que está de acuerdo conque la iglesia no permita entrar al santo, porque “todo es un relajo y un bacanal”.

Devoción

Marcela Obando, una de las promotoras y devotas de San Jerónimo, dijo que los evangélicos son los culpables de que la Iglesia no permita la entrada de la imagen, porque a su parecer son los “hermanos separados” los que se dedican a criticar, a denigrar y a cuestionar la tradición familiar. “Yo no sé por qué se dedican a criticarnos, si ellos no son quiénes”, dice Obando.

Por su parte, Lizeth Valdez, “La Licha”, concejal y promotora de San Jerónimo, dice que esta fiesta es devocional. “Yo no sé por qué se niega la entrada del santo a la iglesia, si los alborotos no lo realizan los promesantes o nosotros (promotores), el desorden lo hacen los vagos”.

Pero doña María Mendoza, una cristiana evangélica, dijo que San Jerónimo es una fiesta vulgar y pagana. “Éste es un invento, un negocio, son satánicas y paganas, estos debe prohibirse porque es una abominación al Señor y a su Iglesia”.

Costos
Otro de los promotores de San Jerónimo, Ezequiel Godínez, “El Chino”, dice que lleva cuatro años en la organización, comenzó con “12 viejas nalgonas”, ahora tiene mas de 100, pero argumenta que por los altos costos de este montaje, tiene que realizar una serie de actividades para recaudar fondos.

Manifiesta que un traje de una vieja nalgona (vestuarios, atuendos y zapatos) tiene un valor de entre 3,000 y 4,000 córdobas, en una serie de materiales que implica desde la tela, flecos, escarcha, cabuyas, encajes y zapatos.

Origen

Las fiestas de San Jerónimo en Bluefields iniciaron hace 88 años a través de la familia mestiza Obando, quienes son originarios de Granada.

En sus inicios, estas fiestas tenían un carácter cerrado y familiar, consistía en rezar la novena con mucha devoción. Con posterioridad y bajo condiciones difíciles, la familia Obando introdujo poco a poco en la población costeña de origen mestizo, la necesidad de rezar cada año al santo bajo la modalidad de aportar económicamente a los gastos de dicha celebración.

El carnaval
El carnaval en la calle se inicia con detonaciones de morteros, mientras la población se concentra en las orillas de las calles donde se hace el desfile que inicia desde los lugares de los promotores en el barrio San Pedro, Central, “Teodoro Martínez” y Punta Fría. Los distintos grupos recorren las calles de Bluefields en diversas direcciones y nunca se encuentran.

Todos los personajes que acompañan al santo son disfrazados con trajes de viejas nalgonas, machos-ratones, diablitos, inditas, gorilas, monos, jorobados y disfrazados de brujas o de muertes, los que le dan colorido al carnaval.