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“Vieneee la Muniiiii…”, es el grito de alerta que se escucha entre el tumulto, mientras una patrulla de la Policía Municipal con el estridente ruido de sirena irrumpe a velocidad entre los peatones.

De inmediato decenas de vendedores, quienes con destreza y rapidez escondieron su mercadería entre grandes bolsas de plástico negro, huyen despavoridos, sorteando obstáculos para evitar cualquier decomiso por parte de los oficiales de la Policía Municipal.

Es lunes por la tarde, en pleno centro de San José. La escena de correteos donde la Policía persigue a los vendedores ambulantes en cada tramo de la Avenida Cuatro, se repite una y otra vez. Afortunadamente no hay mayores incidentes que sustos e insultos entre un lado y otro, en medio del tránsito de peatones que van o vienen de sus trabajos.

Pero hace pocos días, en fin de semana, una nicaragüense agredió a mordiscos a dos mujeres oficiales en un operativo de decomiso de mercancías ilegales. Ella fue capturada entre forcejeo e insultos xenófobos. La detenida, de nombre Adilia Castillo, de 34 años, quedó sin mercadería, en manos de la Fiscalía y con un problema legal por resolver.

La lucha por recuperar espacios en sitios públicos de San José ocurre a cada momento. Se ha vuelto un verdadero problema con diversas aristas, una batalla campal.

El año pasado, en una gresca mayor, el coterráneo Ervin José Valle perdió un ojo al recibir una bala de goma disparada por un policía municipal. Esa vez el saldo fue el siguiente: ocho policías heridos, cinco vendedores con graves lesiones y cinco más detenidos.

En cifras parece algo pequeño, pero esa vez la lluvia de piedras y de gases lacrimógenos duró varias horas, en un recorrido que abarcó diversas calles y avenidas.

Los vendedores ambulantes buscan cómo garantizarse el sustento familiar mediante un empleo informal e irregular, en lugares de alta concentración de personas a quienes ven como potenciales clientes; mientras la Policía asegura que su deber es recuperar los sitios públicos de la capital para los transeúntes.

Tratados como delincuentes

Uno de los quejosos es William Cáceres. Se lamenta de que los oficiales no los dejan trabajar, los tratan como delincuentes.

“La gente piensa que nosotros somos delincuentes, y a veces se nos trata como tales. La verdad, lo único que estamos haciendo es tratar de ganarnos la vida honestamente, realizando nuestras ventas. Los mercados que la municipalidad creó son excluyentes y mal ubicados, sólo a una pequeña parte de la población estaría expuesta a nuestra mercadería, lo que haría que ganemos menos”, puntualizó Luis Pérez, otro vendedor ambulante.

Sólo en San José, alrededor de 1,500 personas se dedican a las ventas ambulantes en las principales avenidas, parques y otros sitios públicos; de estas personas, alrededor del 70 por ciento son nicaragüenses, de acuerdo con fuentes varias.

Todos venden vigorón, cosa de horno, empanadas, café, frutas partidas, verduras, jugo de coco y de naranjas; paraguas, discos piratas, bolsos, carteras, lentes, calcetines, ropa interior, fajas y cualquier otro producto que les garantice trabajo y sustento económico.

Policía los ven como plaga

El director de la Policía Municipal, Marcelo Solano, asegura que en las ventas ambulantes se mezclan ilegalidades como obstrucción de la vía pública, molestias a los transeúntes, defraudación fiscal, piratería, insalubridad en alimentos que se comercian, y hasta problemas migratorios por los extranjeros ilegales.

A juicio del funcionario, la Municipalidad de San José no es responsable del desempleo en el país, por lo cual atiende un problema que debe abordarse integralmente con otras instituciones, como las migratorias, de la niñez y de ayuda social.

La Policía realiza cerca de 300 decomisos de mercancías a la semana, pero el problema parece no tener fin, porque apenas unos 200 policías de la capital se dedican a impedir este tipo de comercio.

Una nueva estrategia de la Policía es detectar las personas que abastecen a los vendedores. El año pasado, los oficiales detuvieron a un colombiano con un maletín con tres mil discos piratas, pero también hay nicaragüenses que se dedican a la piratería.

Algunas de las herramientas de las autoridades contra las ventas ilegales, son discursos no favorables a quienes se dedican a esta actividad.

El alcalde Johnny Araya y sus funcionarios, en más de una ocasión han advertido los riesgos para la salud, al comprar alimentos sin control, pero también asegura que entre los vendedores hay redes mafiosas que hasta venden y consumen droga.

El asesor del alcalde, Rafael Arias, asegura que esta actividad en la capital ha incrementado por los extranjeros.

“La migración desordenada de colombianos y de nicaragüenses, algunos de ellos peligrosos, ha causado que ya pasemos de un grupito de vendedores (ticos), a una cantidad importante de vendedores que están permeados por estos grupos mafiosos. Entonces se vuelve una situación insostenible”, ha dicho.

Mientras, la municipalidad aduce que no entregará a los vendedores las calles y recuperará para los transeúntes las avenidas.

No se sabe en qué terminará un conflicto de años. En tanto, comerciantes como Cáceres, aseguran que seguirán buscando el sustento entre correteos y trifulcas. “Prefiero correr para ganarme la vida, antes que ir a robar”, aseguró este nicaragüense.