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La última vez que Doris Rodríguez, Presidenta de la Juventud de la Cruz Roja Nicaragüense habló con sus padres, Marcos Rodríguez y Rosalina Castillo, fue cerca de las siete de la noche del sábado. En esa conversación, Doris comunicó a sus padres que cruzarían un río para volver a Managua. Su madre le dijo que “eso se oía peligroso”, pero ninguna de las dos supo descifrar el mal presagio.

“Esa fue la última vez que la escuchamos. Después volvimos a marcarle y ya no respondió. Yo no quería creer que mi muchachita estaba muerta hasta que mi esposo me lo confirmó. No podía creer que alguien que ha practicado salvar muchas vidas esté muerta ahora”, expresó entre llantos la madre de Doris.

Doris es una de las seis personas que perecieron el sábado pasado, después de ser arrastrados por la corriente del río Tecolostote, junto a otras compañeras de la Cruz Roja Nicaragüense, cuando venían de cumplir labores humanitarias en comunidades rurales de Boaco.

“Entregada en cuerpo y alma”

Doris tenía 21 años, y desde los 16 se enlistó entre los amigos voluntarios de esta institución humanitaria, donde trabajó de día y noche, según colegas, amigos y familiares. “Ella era entregada en cuerpo y alma al trabajo que realizaba en la Cruz Roja, a veces a mí me molestaba porque venía tarde o no venía participando en esos campamentos y talleres”, comentó dolida doña Rosalina.

La joven cursaba cuarto año de Filología y Comunicación en la UNAN- Managua, aunque a veces faltaba a sus clases --dijo su mamá--, porque para ella primero estaba el trabajo voluntario que realizaba en la Cruz Roja.

“A veces no iba (a clases) porque tenía mucho trabajo, y siempre prefirió trabajar para los necesitados”, recuerda la madre, quien al conocer la noticia tuvo que ser atendida de emergencia en un centro hospitalario, ya que padece de diabetes.

Cerca de las dos de la tarde de ayer, llegó el féretro de Doris, dentro de la unidad Número 18 de la Cruz Roja Nicaragüense, a la casa donde habitaba en el barrio Villa Austria.

Cruz Roja consternada

Consternado se encuentra el personal de la Cruz Roja Nicaragüense ante la pérdida de sus compañeros de trabajo: Doris Rodríguez, Lucrecia Mairena, Alexander Pérez, Enrique Méndez y María Nela Martínez.

Las flores empezaron a llegar desde tempranas horas de la mañana de ayer a la sede de la Cruz Roja en Belmonte, Managua. Mario Roa Tapia, Director General de esta institución humanitaria, expresó que desde 1979 no habían vivido una tragedia como ésta: perder a personal en servicio humanitario.

“En ese año ametrallaron dos ambulancias que se dirigían hacia León a llevar ayuda humanitaria, y dos compañeros perdieron la vida: José Dolores Estrada y Marvin Estrada Salazar, también fallecieron en servicio Rafael Peralta y Enrique Pereira. Ahora estas compañeras que ya venían de entregar víveres a familias afectadas por las lluvias”, recordó Roa.

Las víctimas formaban parte de un equipo de 15 socorristas y voluntarios que desde de las seis de la mañana del sábado salieron hacia San Lorenzo y comunidades vecinas para entregar víveres, juegos de aseo personal y juegos de cocina a familias damnificadas por las lluvias en esos lugares.

“El viernes fuimos a Tipitapa y el sábado se fue a San Lorenzo, salieron seis vehículos de la Cruz Roja Nicaragüense, se hizo distribución a 193 familias afectadas en estas comarcas, y al regresar y atravesar el río Tecolostote los vehículos fueron arrastrados con el personal dentro, por una crecida repentina de la corriente”, expresó el cruzrojista.

Siempre en servicio

Mientras una parte del personal se dedicaba a dar respuestas a las emergencias del día en la capital, otros colaboraban en la búsqueda de los desaparecidos en las vegas del río Tecolostote en Boaco.

En medio de la desgracia, la institución no olvida su labor humanitaria, y recuerdan que hoy se procederá con la programación de entrega de víveres en las comunidades de Villa Nueva a familias damnificadas.