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El legendario “Tamarindón”, uno de los iconos representativos del pueblo indígena de Sutiaba, en la cabecera departamental de León, colapsó ayer a las 4:30 de la tarde, ante la mirada de decenas de pobladores, sin ocasionar ningún accidente.

Las constantes lluvias que han azotado la localidad y la falta de medidas de conservación a favor del árbol patrimonial, ocasionaron el colapso total del mismo, y, además, expusieron al peligro a peatones, vehículos y viviendas aledañas.

Aunque el desplome del árbol no ocasionó mayores problemas, más que afectaciones en el tendido del servicio telefónico y de electricidad, la señora Marina González Bárcenas, una de las vecinas más cercanas a lo que fue el árbol ancestral, se quejó porque las autoridades de Defensa Civil, Marena, Inafor, Patrimonio Histórico, Policía, Bomberos y la Comunidad Indígena de Sutiaba, se personaron horas antes del colapso, pero no pudieron salvarlo.

Estaba fracturado

Sin embargo, Fidel Bervis Roque, presidente de la Comunidad Indígena de Sutiaba, aseguró que el colapso del árbol era inevitable.

“Cuando llegamos observamos que las ramas y el tronco del árbol presentaban fracturas, y era necesaria una intervención inmediata. Los embates de la naturaleza y la cantidad de años que tenía, provocaron este desastre”.

Ya hay otro tamarindo

Pero la prolongación del “Tamarindón” será posible con la iniciativa que tomó el señor Marcos Heberto González, de 55 años, habitante de Sutiaba, quien hace tres meses sembró una semilla producida por el legendario árbol, a orillas del mismo y de la que afortunadamente nació una plantita que se encuentra intacta cerca del tronco del árbol que acaba de colapsar. De acuerdo con la historia, el cacique Adiact luchó en contra de los españoles defendiendo la libertad y sus principios indígenas.

Murió ahorcado en un árbol de tamarindo después del enfrentamiento, una leyenda narrada por siglos, de generación en generación.

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