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El gobierno nicaragüense dispone, a partir de hoy, de un análisis exhaustivo de las condiciones físicas y de vida de 126 mil 308 personas discapacitadas de todo el país. De ese total, 32 mil 727 son discapacitados intelectuales en mayor o menor grado, y el resto ,93 mil 581, son personas con limitaciones permanentes por un período de un año o más en el desempeño de actividades de la vida cotidiana.

El gobierno cuenta así con una radiografía del estado físico y las condiciones en que viven las 126 mil 308 personas discapacitadas estudiadas, una cifra que equivale al 2.43 por ciento del total de habitantes del país.

¿Cuál es la respuesta a nivel de los hospitales y centros de salud?
Ante esta situación de la salud mental en Nicaragua, unido a la demanda creciente de pacientes, el psiquiatra Manolo Fernández propone un nuevo modelo de atención que incluye los siguientes aspectos:
Es necesario crear protocolos de atención en los centros de salud y hospitales generales para saber qué medicamento usar ante un paciente que ha cometido un intento de suicidio, sufra ansiedad, depresión o drogodependencia.

Completar los equipos para brindar diagnósticos de calidad. Capacitar el personal médico de emergencias para atender a los pacientes que presenten crisis en las primeras 72 horas.

Asesores en salud mental

A nivel del Ministerio de Salud es necesaria la creación de políticas públicas y que se cuente con asesores de salud mental para los presidentes, congresos y tomadores de decisión, de forma tal que las leyes se aprueben tomando en consideración su impacto en la salud mental de los ciudadanos.

Los medios de comunicación deben impulsar campañas que difundan el daño que producen las drogas, ya que éstas son una de las principales causas de los trastornos mentales, así como de la automedicación.

Se tienen que crear equipos de salud mental en cada centro de salud, con psicólogos, psiquiatras y enfermeras que intervienen en los tres vértices de la atención: prevención, profilaxis y rehabilitación.

Instalar servicios de psiquiatría en los hospitales generales para que éstas sean el segundo nivel de atención al que acudir. Reservar el hospital psiquiátrico para los casos más graves, como la esquizofrenia, la psicosis y la epilepsia, ya que éstos están reservados para estadios más prolongados.

Preparar un mayor número de profesionales de psiquiatría cada año, ya que se requiere un psiquiatra por cada cien mil habitantes para cubrir la demanda de una población cada día más sometida al estrés y a las necesidades de la agitada vida moderna.

Cambiar la percepción del enfermo mental como una persona que debe ser recluida o alejada sólo por ser diferente. Crear espacios de reinserción donde los enfermos mentales pueden desempeñarse útilmente.

¿Cómo cambiar la percepción social del enfermo mental?

Para la doctora Yaranaña Naya Fauné, psicóloga criminal, los pasos para romper las creencias discriminatorias que giran en torno a los enfermos mentales son: Entender que somos seres biopsicosociales y que no somos eternos, nos enfermamos, sufrimos estrés y estamos sometidos a una carga emocional muy fuerte. Tenemos que poner mayor énfasis en nuestra salud mental, porque la psiquis es muy frágil. Al menos, una vez al año tenemos que hacernos chequeos generales, ir al psicólogo, tomar vacaciones para oxigenar nuestra mente y romper con una rutina que nos agobia y nos cansa. Debemos entender que la vida cotidiana es difícil y que vivimos en un país pobre, con muchas carencias y limitaciones, y que debemos aceptarlas.

Tenemos que tener relaciones más equitativas, analizar si los argumentos de vida que se aplicaban a mi familia son aplicables a mí misma, o si estos estándares me están generando infelicidad. Comprender que las emociones son una parte inseparable de nosotros, por lo que no hay que tenerle miedo al llanto y al enojo.

Indispensable la ayuda de otros

Buscar ayuda cuando nos sintamos solos o deprimidos, no enfrentarnos solos a los problemas. Comprender que ir al psicólogo o al psiquiatra no indica baja autoestima, sino una gran responsabilidad para con nuestro cuerpo. Buscar ayuda farmacológica y terapia para toda la familia, ya que esta necesita apoyo para enfrentar esta nueva realidad.

Comprender que el hospital psiquiátrico no es un lugar para vivir, sino un espacio para vivir períodos de crisis, y no tenerle miedo, enfrentar un estadio allí como un proceso inherente a nuestra curación. La familia debe asumir un rol activo, preocuparse por la medicación del paciente y mantener a los doctores informados sobre su situación. Enfrentar estos procesos sin vergüenza, comprendiendo que la mente es un laberinto complejo en el cual podemos perdernos con facilidad, pero también reencontrarnos con la ayuda familiar y profesional adecuada.