Moisés Centeno
  •   LAS MINAS, RAAN  |
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La sombra del terror reapareció con el mismo grado de crueldad que se vivió cuando existía el Frente Unido Andrés Castro, FUAC, hace diez años en la zona de Las Minas, porque los hermanos Rider Bravo Mendoza, de 25 años, y Eladio Bravo González, de 14, fueran ejecutados a tiros, tras ser vapuleados, antes del amanecer del miércoles último, en la comarca El Black, Rosita, Caribe Norte de nuestro país.

Los cuerpos fueron acribillados con balas de fusiles AK, escopetas y rifles 22.

Las víctimas tenían hematomas y politraumatismo en los pómulos, los brazos, costados y tórax, lo que evidencia que los occisos fueron torturados antes de ser asesinados con las armas de guerra y cacería.

El doble crimen atroz se le atribuye a una nueva banda armada conformada por unos 15 sujetos, de perfil delictivo y político.

Llegaron de madrugada

La existencia de dicha banda es un secreto a voces en la zona, donde han ocurrido varios crímenes consecutivos, por lo que sus aterrados habitantes consideran que viven en una “zona roja”.

Testigos del hecho sangriento aseguran que los criminales, cuyas identidades aún se desconocen, simularon que eran del Ejército al llegar a la casa de Gregorio Bravo, el progenitor de las víctimas.

Una tía de los jóvenes, que por razones obvias omitió su identidad, relató que los armados insistentemente tocaron la puerta de entrada de la vivienda de madera, y con voz de mando militar ordenaron a la familia que estaba adentro que abrieran.

Aseguró que detrás de la puerta los malhechores se identificaron como “miembros del Ejército”.

Cuando les abrieron entraron violentamente golpeando a quienes encontraron en el interior de la casa, entre ellos niños, niñas y mujeres adultas.

Señuelo humano

Al adolescente Eladio Bravo, quien conciliaba el sueño, lo sacaron encañonado por un costado.

El engaño de la banda armada fue descubierto por la familia Bravo con el primer destello del sol, al ver que los tipos no tenían facha de militares: además de portar armas de cacería y pocos fusiles AK, unos vestían de civil y otros con uniforme “pinto”, y usaban botas de hule y mochilas de sacos macén.

Pero ya era tarde. Además, estaban impotentes ante los facinerosos, que después de llevarse al muchacho, lo usaron como señuelo para llamar al hermano de éste, Rider Bravo.

Cuando ya los tenían a los dos, los hermanos Bravo fueron obligados a caminar a cierta distancia, desde donde se escucharon gritos de dolor y luego se oyeron los disparos.

Extraoficialmente se conoció que la Policía está vinculando a actividades delictivas a Rider Bravo, por lo que presume que el doble crimen fue una pasada de cuentas.

En el caso del hermano menor, creen que le mataron porque aparentemente identificó a los criminales, que aseguran son de la zona.

La banda armada también buscaba a un tercer hermano de los occisos, según la familia doliente.