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END logró contacto con los familiares de los hondureños que estuvieron plagiados hasta antes del secuestro y ejecución de Wilfredo Barraza Larios y sus dos acompañantes, ocurrido la madrugada del sábado 9 de octubre en la comarca Cuajiniquil, del municipio de Cárdenas, departamento de Rivas.

Con los datos suministrados por estas fuentes más relatos de testigos fidedignos que estaban en la Gasolinera Shell de Nejapa al momento del secuestro y que naturalmente nos pidieron guardar su identidad, es concluyente que fueron militares nicaragüenses los que sacaron con violencia a Barraza y a las otras dos personas del Toyota Corolla en que se encontraban, vehículo que sigue sin aparecer.

Los testigos dieron un detalle pormenorizado de los secuestradores que llegaron a bordo de un Yaris gris y que sus vestimentas no dejaban duda de que se trataba de una especie como de comandos para operaciones especiales.

Vestían botas, pantalones camuflados y camisas negras, lo cual coincide con el informe preliminar brindado por la comisionada Zavala, jefa de la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), quien en conferencia de prensa, dos días después del crimen detalló que los testigos señalaban la presencia de personal uniformado.

Ahí Zavala aceptó que Barraza junto a José Ángel Varela y su hijo, del mismo nombre, fueron secuestrados el pasado viernes 8 de octubre a las ocho de la noche en la gasolinera Shell de Nejapa, ubicada en el kilómetro 7 ½ Carretera Sur.

Fue cuando se confirmó la versión de testigos de la estación de servicio, de sujetos vestidos con uniformes militares y del carro marca Toyota Yaris, pero la comisionada Zavala detalló que a la gasolinera llegaron algunos vestidos de civiles y otros con ropa militar a bordo de un carro Yaris y que todo ello se estaba investigando.

La huida de los secuestrados

Los hondureños que Barraza efectivamente mantenían secuestrados, según sus familiares que habían venido a Nicaragua a buscarlos, lograron escaparse en medio de la confusión que se armó a la llegada de los militares y sus prisioneros.

Los nombres de los hondureños son: Mario Bátiz Hernández, Victoriano Bátiz Hernández, Leslie Castillo, Pablo Castillo y Daniel Suazo. Sus familiares, que viajaron con ellos de regreso saliendo por el aeropuerto internacional, son Marlyn Yamileth Dixon y Keytel Ibrahim Castillo Dixon.

Dos vehículos en las ejecuciones

Investigaciones de END en el lugar donde se encontraron los cadáveres, en Rivas, confirman que las ejecuciones se dieron en ese mismo sitio por las detonaciones escuchadas en la madrugada de aquel sábado por testigos de los alrededores, quienes igualmente pidieron anonimato por razones obvias.

Uno de los vecinos del lugar incluso dijo que pudo ver dos camionetas, una grande cerrada y una de tina. Los cuerpos atados y con señales de tortura fueron encontrados la mañana del sábado 9 de octubre, con dos disparos de gracia cada uno en la cabeza. En el lugar había 36 casquillos de nueve milímetros, dos tacos rectangulares forrados de plásticos y sellados con una salamandra en una cara; la prueba química de la Policía reveló que no era cocaína.

Historia de drogas y dólares

Las fuentes contactadas en Honduras por END revelaron que todo se originó por una supuesta carga de drogas que sería entregada en Managua, los dólares del pago supuestamente ya los había obtenido Barraza de otras operaciones, más otra cantidad de aproximadamente 400 mil dólares que se entregarían por la nueva venta de estupefacientes.

De acuerdo con esta versión ni existía la droga, ni Barraza llegó a tener los dólares y se limitó a retener a los hondureños que habían llegado a Nicaragua. La Policía Nacional sostiene que Wilfredo Barraza Larios lideraba una agrupación criminal que había secuestrado a los cinco hondureños el pasado martes 5 de octubre, quienes presuntamente pertenecen al Cartelito del Palacio, a la vez que trabajan para el Cártel del Golfo, de México.

Las torturas

Suponen estas fuentes que las torturas infligidas a Barraza obedecían a que les dijera dónde estaban los dólares, algo de lo que no podía dar respuesta el “interrogado”.

Finalmente los familiares de los hondureños liberados dijeron que una persona llamada Oscar o Walter Chávez Hernández es personaje clave en estas operaciones y ellos tienen entendido que está emplantillado en el Ejército de Nicaragua.

Infructuosamente tratamos de confirmar esta información en la vocería del Ejército, pero no obtuvimos respuesta.

Todo quedó filmado

En la gasolinera del secuestro también se nos informó que las escenas del violento suceso y la claridad de los uniformes militares están plasmadas en el video que obra en poder de la Policía.

Hasta el momento las informaciones oficiales han sido fragmentarias y urge una aclaración total a la ciudadanía, sobre todo ahora que se confirma que fueron militares los que participaron en tan bárbaras ejecuciones y que hay bandas uniformadas que se mueven en el bajo mundo de la droga y el crimen organizado.