• ISLA DE OMETEPE |
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La triste realidad que viven los maestros de nuestro país y el afán de ver a sus hijos egresando de las universidades con sus respectivos títulos es lo que ha motivado y robustecido a un humilde profesor de la Isla de Ometepe, al que no le quedó más que mezclar el magisterio con las tareas agrícolas para lograr subsistir junto a su esposa y cuatro descendientes.

Noé González Jiménez, de 46 años, es el nombre de este profesor acorazado que habita en unas pedregosas y accidentadas laderas del volcán Maderas, en el lugar conocido como El Madroñal, donde dan fe de que es un hombre que además se mantiene lejos de los vicios.

Según sus palabras, su jornada laboral inicia a las cuatro de la mañana, hora en la que después de saborear una taza de café, se dirige a trabajar tres manzanas de tierra que alquila para la siembra de arroz, frijoles, maíz y plátanos, cuyas cosechas son las que garantizan la existencia de estos granos básicos en su hogar durante todo el año.

De acuerdo con el profesor, esta medida es una de sus ventajas para estirar su raquítico salario básico de 3, 800 córdobas mensuales, el cual recibe como maestro de matemáticas y educación física del instituto “Jaime Marza”, localizado en la comunidad de Balgüe. Su esposa, cría gallinas y cerdos.

Explicó que de las labores agrícolas regresa a su casa a las diez de la mañana y de inmediato se apresta a culminar el plan de clase que impartirá a los alumnos de cuarto y quinto año del turno vespertino. Dicho plan lo inicia a trabajar con anticipación la noche anterior ya que el cansancio lo vence a las diez de la noche.

Terminada su jornada magisterial, el profesor Noé regresa a su casa subiendo sobre una pendiente, desde la cual, una vez que se llega a su casa de ladrillo se puede observar a todo esplendor el Volcán Concepción y Maderas, y el Lago Cocibolca, y otros impresionantes panoramas.

Tras cenar inicia a preparar el plan de clases y a revisar exámenes en caso de estar en período de pruebas, por lo que el descanso del profesor Noé es de seis horas.

Pero según el profesor Noé, si no fuera por este sacrifico, difícilmente lograría subsistir con su familia con el salario de maestro, tras asegurar que ese dinero lo tiene tan comprometido que no puede ni siquiera abusar con comprar un córdoba de caramelos el día de pago y esto según sus palabras le sucede a muchos de sus colegas.

Todos estudian en la UNAN

Agregó que su decisión de dedicarse a las tareas agrícolas para producir lo que consume es lo que le está permitiendo enviar a sus hijos a Managua a la universidad, “y uno de ellos de nombre Gamaliel González Argüello, de 23 años, se recibió el año pasado en la UNAN de Managua, como Biólogo con Mención en Recursos Naturales”, detalló alegremente el profesor.

Sin embargo, Gamaliel sigue a la espera de que le aparezca una oferta de trabajo y mientras eso no ocurra continúa trabajando en el campo con su padre.

Los otros tres hijos del profesor Noé, también siguen los pasos de Gamaliel en la misma casa de estudios de Managua, ya que Norleybis, de 24 años, estudia Inglés, Incolaza, de 17, cursa primer año de Derecho, mientras que Noé, de 19, va a ingresar a primer año de Ingeniería en Sistema. Según el profesor, cada vez que sus hijas llegan a la casa tiene que asignarles como mínimo un mil córdobas a cada una y este año la cuota se incrementará con la incorporación de su hijo Noé.

Al final explicó que mantener los estudios de sus hijos, solo con su salario de maestro, es imposible y a la vez detalló que en la Isla de Ometepe el costo de la vida aumenta día a día. Señaló como ejemplo que él tiene que alquilar a un mil córdobas cada manzana de tierra que trabaja y que diez años atrás, una manzana de tierra cercana al lago costaba dos mil córdobas y hoy se cotiza hasta en 40 mil dólares.