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La Administración de Costa Rica puso en una posición incómoda a la Organización de Estados Americanos (OEA): si no fallan una resolución a favor de este país este martes en el Consejo Permanente, serán los responsables de precipitar una crisis de “muy grave consecuencias”.

Ayer, en el fragor de la disputa binacional en torno, el canciller tico René Castro Salazar publicó una denuncia que remitió a varios sitios de noticias de todo el mundo, donde responsabiliza directamente al foro americano de agravar la situación si no logra que el Ejército se retire del sitio que consideran territorio nicaragüense.

Ponen a OEA contra la pared

“Costa Rica confía en que la OEA asuma la responsabilidad que le corresponde en este caso, conforme a su Carta. Si fallara en hacerlo, nuestro país puede acudir a otros recursos, siempre dentro de la paz y el derecho internacional, pero la OEA se precipitaría en una crisis de muy graves consecuencias”, dijo Castro en la red social Facebook.

“Es decir, en este caso no sólo están en juego nuestra integridad territorial y soberanía. También lo están la propia OEA y el Sistema Interamericano, partes consustanciales del derecho internacional. Cerrar los ojos ante esta realidad sería irresponsable y suicida”, escribió el jefe de la diplomacia costarricense, quien invocó en nombre de su Estado a la OEA.

¿Llamarán a Cascos Azules?

Sus anuncios no se han quedado en palabras: ayer mismo se reunieron con embajadores de países miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Costa Rica podría invocar una intervención de Cascos Azules en su territorio, para defenderse de la supuesta invasión de Nicaragua, manejaban los “lobbistas”.

Mientras tanto, el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, culminó ayer su misión mediadora con una visita a la frontera desde la margen costarricense y con una reunión con la mandataria tica Laura Chinchilla.

Tras volar sobre la zona, Insulza regresó a Washington. “He tenido la oportunidad de visitar la zona en helicóptero y me formé un cuadro bastante claro”, dijo Insulza en San José, luego de reunirse por segunda vez desde el sábado pasado, con la presidenta Chinchilla.

Informe mañana

“Espero que este problema se resuelva de manera constructiva”, dijo Insulza, quien debe entregar este martes su informe al Consejo Permanente de la OEA en Washington.

Luego de iniciado el dragado, Costa Rica denunció incursiones ocasionales de soldados del vecino país a su territorio, pero hace una semana afirmó que había detectado un campamento militar nicaragüense en lo que llaman Isla Calero, una plataforma pantanosa próxima a la desembocadura del Río en su ribera derecha.

También denunció que el sedimento extraído del cauce había sido arrojado a su territorio y dañado humedales de la zona. En su misión a Centroamérica, Insulza se reunió el sábado en Managua con el presidente Daniel Ortega, quien propuso colocar mojones en esa zona selvática de la frontera y visitó el San Juan desde la margen nicaragüense.

Desde el inicio de la disputa, ambos países han militarizado la zona; pese a que Costa Rica abolió su Ejército oficialmente en 1948, la Administración tica envió más de 200 “guardias civiles” al borde, dotados con armamento pesado y uniformes de campaña, acto que fue transmitido en vivo por las cámaras de los medios locales.

Managua también reforzó la vigilancia en la frontera con soldados del Ejército de Nicaragua, pero afirmó que lo hacía por operaciones contra el narcotráfico y no en respuesta a la inusual movilización policial costarricense.

En respuesta a Costa Rica, que invocó a la OEA, Nicaragua anunció una demanda contra Costa Rica en la Corte Internacional de Justicia, que el año pasado ratificó la soberanía nicaragüense en el San Juan y formalizó el derecho de Costa Rica a la libre navegación en una parte del río con fines de comercio.

Cambio de tono de canciller

No obstante las presiones, amenazas y movimientos diplomáticos, el canciller costarricense, dijo ayer que la misión de Insulza había sido “constructiva”, puesto que había ayudado a generar las condiciones para un diálogo entre Managua y San José.

“Sentimos que estamos avanzando en las condiciones necesarias para fomentar el diálogo bilateral”, dijo ayer, en un tono distinto al énfasis de su posición en Facebook.

No obstante, y pese a la misión de la OEA, los dos países se mantuvieron inalterables en sus posturas: Costa Rica insiste que las tropas del Ejército de Nicaragua acantonadas en las riberas del Río San Juan deben ser desalojadas del lugar de inmediato, y Nicaragua dice que están en territorio propio y en misiones de resguardo de la soberanía y en lucha contra el narcotráfico.

En Managua, el vicepresidente Jaime Morales Carazo señaló que lo valedero en esta disputa son las coordenadas establecidas en los laudos, “y eso fortalece la posición de Nicaragua”, y por eso “llama la atención la renuencia y obstinación de Costa Rica de no querer poner los mojones para aclarar las imprecisiones que puedan existir en la frontera”.

Consideró como un acto precipitado ir ante las Naciones Unidas para tocar tambores de guerra. En tanto, el ex embajador de Nicaragua en Costa Rica, Mauricio Díaz, dijo que ese país ha usado y explotado el Río San Juan para fines de turismo, y eso es lo que defienden ahora al negarse a reconocer las fronteras del río San Juan.