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La fiebre de los Betamax, en la década de los 80, lo llevaron a no graduarse como técnico agrónomo, porque prefirió el video, la música y el audio en vez de ir al campo. A Joaquín Castillo sólo le faltaba un mes para graduarse cuando le salió un amigo que le ofreció montar un negocio para alquilar videos en el Mercado Oriental.

En ese negocio de Betamax, que se llamó Video Blues, Joaquín comenzó a ganarse el pan de cada día, pero se le abrió otra puerta cuando se masificó en el país el uso de los VHS en los años 90.

Aunque el socio que tuvo lo abandonó, Castillo continuó vendiendo y alquilando películas y conciertos musicales en los también ahora desaparecidos VHS. Luego amplió su negocio con la grabación artesanal de música en casetes. Primero los rotulaba uno a uno en máquina de escribir, pero con la llegada de la tecnología digital llegó a producir hasta mil unidades diarias.

Y como el avance de la tecnología siguió su curso, aprovechando la fiebre de los discos compactos, también se dedicó a grabar CD. Esta producción le fue posible al adquirir los equipos que más tarde fueron desplazados por software que cualquiera puede bajar de internet. Fue un revés económico para Castillo.

También se le cerró la puerta de grabar películas y música con la puesta en vigencia de la Ley de Derechos de Autor. Pero con anticipación, Joaquín se venía preparando en el audio, en lo que actualmente trabaja en compañía de su esposa y sus dos hijos.

“Con los dos años de gracia que dio la Legislación, comenzamos alquilando equipos de audio para conciertos, de modo que si alguien había organizado una fiesta y al grupo musical le hacían falta cinco micrófonos o un amplificador, yo se los alquilaba”, dice Joaquín.

Sonido para las bandas

A la primera banda que le hizo sonido fue a Phillip Montalván. Como Joaquín desconocía cómo hacer sonido, contrató temporalmente a un hijo de Julio Cansino, reconocido músico.

Paralelo al servicio de audio para conciertos, entró al uso de luces para espectáculos musicales, y también alquilar instrumentos como batería, guitarra, teclados, monitores, servicio que ahora lo tiene casi completo.

Joaquín dice: “No somos los mejorcito en Nicaragua, pero ofrecemos un sonido decente y luces que no sólo permiten apreciar a la banda, sino las coreografías que utilizan en los espectáculos, y, como último paso, se ha insertado el sistema de grabación de audio y video de los conciertos en los sistemas Adat (para grabaciones en análogo) y disco duro (computadora).

Ha grabado discos de estudio

Joaquín también pasó por las grabaciones de estudio, donde el mayor peso para determinar los sonidos que finalmente quedarán en el DVD o disco de audio de cualquier concierto, recaen en su esposa Gloria Hernández Quintero, a quien conoció cuando estudiaba agronomía. Gloria es la encargada de la administración de ese pequeño negocio de audio que tiene Joaquín.

Actualmente, Joaquín tiene capacidad para ofrecer sonido hasta con 40,000 watts, y el mercado que ha definido es con las bandas musicales donde “tenemos una particularidad: no hacemos dos eventos simultáneos, hacemos uno al que le metemos los fierros”.

Joaquín ha hecho sonido en conciertos de artistas internacionales como Carlos Vives, Daddy Yanki, Los Tigres del Norte, Luis Enrique, Paulina Rubio, Paloma San Basilio y Gilberto Santa Rosa, entre otros.