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Debo señalar que estas notas, las escribo con todo aprecio, regocijo y caro sentimiento para dejar testimonio de lo que significa para nuestra familia, y a las personas que nos acompañaron en el pasado dos de septiembre de este año 2010; para la celebración del octogésimo cumpleaños de nuestro PADRE Y MAESTRO Dr. Alfonso Dávila Barboza, mi padre político y abuelo de mis hijos Olga Cristina, su esposo Juan Pablo, y Alberto José, quien con mi esposo Alberto siempre nos identificamos con orgullo por las huellas que ha marcado en las arenas del tiempo nuestro homenajeado.

Familiarmente, todos en casa llamamos a nuestro padre “Papa Pancho”.

Hoy, en nombre de una rama de su familia Dávila Montenegro quiero dar gracias a Dios Todopoderoso, y a nuestro Señor Jesucristo y a nuestra madre celestial María Santísima, por permitirnos celebrar este especial cumpleaños.

En nuestras reuniones familiares dominicales, se cuentan anécdotas, historias vividas de la niñez y adolescencias; y en todas aparece Don Alfonso en su papel de padre, algunas veces jocosos recuerdos que nos provocan mucha hilaridad, y a veces concluimos que este padre con mi difunta suegra, Mamá Olga, forjaron entre muchos altibajos un hogar de mucho amor y solidaridad.

No olvido que mi suegro tiene a su favor muchos capítulos en su vida de maestro, de jurista, y exquisitos estudios de alto nivel intelectual bien soportados; igualmente fundó con mi cuñada Ruth, un plan de mutualidad familiar, conocido como TOTO-CORDE de auxilio económico para gastos inesperados.

Dios nos cuide a nuestro Padre y Maestro, y que cuente que todos somos un solo corazón.


¡ASÍ SEA!
Blanca Amada Montenegro de Dávila A.