•  |
  •  |
  • END

Desde la Colonia, por su ubicación geográfica, Masaya era una estación de descanso de las diligencias de tránsito en la ruta entre Granada y León Viejo. Su buen clima, zona paisajista y suelo hábil para el cultivo y ganadería la han hecho pueblo de residencia, por ello, el 24 de marzo de 1819 el Rey español Fernando VII le confirió el Título de Villa Fiel de San Fernando de Masaya, y fue elevada a categoría de ciudad el 2 de septiembre de 1839.

Etimológicamente viene del idioma Nahua y de la palabra Mazalt que significa venado y a la partícula Yan que denota lugar; LUGAR DE VENADOS.

Curiosamente, dicho departamento es el único del Pacífico que no colinda con mares ni lagos, ni cruza su superficie río alguno, no obstante, tiene en su territorio una laguna y parte de la llamada de Apoyo, ambas de belleza singular.

El 9 de octubre de 1989, de conformidad con el Decreto Ley 61 fue considerada Patrimonio Cultural de la Nación, y el 23 de octubre de 2000, la Asamblea Nacional proclamó Masaya como “Capital del Folclor de Nicaragua”.

Con el devenir del tiempo, se hicieron varias construcciones que están vivas hasta hoy, tales como el Parque Central, construido a finales del siglo XIX, en el costado sur de la Basílica de Nuestra Señora de la Asunción, nombrado por el Gobierno de José Santos Zelaya como Parque Julio César, en reconocimiento al ilustre médico oriundo de dicha ciudad, fallecido trágicamente en su berlina.

Entre 1888 y 1891 se construyó el antiguo Mercado y Mesón, hoy ocupado como Centro de las Artesanías, por dos arquitectos de origen europeo, al inicio de uso privado, primero utilizado para negocio por dichos constructores foráneos, y posteriormente usado por la Nicaragua Sugar Estate por unos 20 años; fue en la administración municipal del distinguido médico Aarón Tuckler que se dejó usar para tales fines, y por consentimiento de don Adolfo Benard se canjeó por deudas usando la figura jurídica de donación a la Corporación Municipal de entonces.

Otra obra viva, es el Malecón, construido como el primer Mirador del país, el que se construyó durante el Gobierno Municipal del mismo Dr. Tuckler.

Todas estas obras y otras fueron unidas por avenidas y calles, algunas de importancia vital hasta nuestros días, como son la calle Real de Monimbó o de San Sebastián, la Calle La Reforma.

La calle El Calvario, la que se reviste de vital importancia durante la Semana Santa; la Avenida Zelaya, la Avenida El Progreso, y en especial mención, tal vez subjetiva, es la Avenida Real de San Jerónimo, comprendida desde la Basílica de La Asunción hasta la Iglesia de San Jerónimo, franqueada por cuatro cuadras colmadas de historia y de edificaciones importantes. Según estadísticas municipales actuales hay un total de sesenta y cuatro edificaciones.

En ella se situó el Club Social, la casa del coronel Isidoro Díaz Flores, la del doctor Ricardo Alduvín, la casa de las familias Hüeck (hoy Alcaldía), Bermúdez --muy amiga en su tiempo del panida Rubén Darío--, Robleto, Zúñiga Montenegro, Sánchez Vega, Porta, Alegría, Tiffer, Rosales, Noguera, Carrión, Román, Correa, Huembes y muchas otras prominentes e influyentes en la vida sociopolítica del país en sus distintas épocas.

Antiguamente, la Patrona de Masaya era la Virgen de la Asunción, pero el pueblo prefirió a San Jerónimo, dándole el nombre del “Doctor de los Pobres” que cura sin medicina, tales virtudes quedaron grabadas en la memoria colectiva y es símbolo que soporta la fe y la tradición.

Dicen los historiadores religiosos que la tradición de celebrar a San Jerónimo data de más de 150 años, cuando se asentaron los frailes de la orden de San Jerónimo en la ermita de igual nombre.

Con el tiempo, iniciaron su celebración usando como imagen un cuadro en relieve de metro y medio de alto, remarcado de oro las partes que sobresalían. Se dice, que pasó a poder del doctor Carlos Hüeck, hoy de sus herederos.

Según la tradición oral, en las distintas guerras acaecidas por diferentes circunstancias --de 1856, 1912 y 1978-79--, aparecía un viejecito delgado, encorvado, de caminar lento, blanco, barbado y con sombrero de palma, quien se ubicaba al lado de los heridos para curarles, cuidarles y rezar por ellos.

San Jerónimo (Eusebius Hieronymus Sophronius) nació en Stridón, Italia, en el año 342, instruido en todos los aspectos de la religión, las letras y la ciencia.

Tradujo la Biblia al latín en 405, se llamó Vulgata por su popularidad, fue hasta 1979 el texto bíblico de la Iglesia Católica Romana, hasta la publicación de la Neo vulgata. El 30 de septiembre de 420 murió a los ochenta años, en Belén. Sus restos reposan en la Basílica de Santa María en Roma, Italia.

Por ello, cada 30 de septiembre, desde hace 150 años, se celebra en Masaya la procesión en su nombre. Miles de fieles llegan de todo el país, oran y realizan bailes folclóricos con marimbas, y su imagen es acompañada y resguardada por San Miguel Arcángel. Se transita únicamente por la Avenida Real de San Jerónimo.

Año con año llegan a hogares de amigos y correligionarios distintos personajes políticos y del poder estatal, pudiendo citarse a José Santos Zelaya López, Rubén Darío, Emiliano Chamorro Vargas, Fernando Agüero Rocha, Anastasio, Luis y Tacho Somoza, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Enrique Bolaños Gayer, Sergio Ramírez Mercado, Arnoldo Alemán Lacayo y otros.

Existe la teoría de que a muchos de ellos, le pasaban la imagen del Santo en procesión dándoles las espaldas, y que como consecuencia perdían el poder.

Por ello, muchos se ausentan en otros períodos, asisten en momentos de campaña y cuando están en el poder, pero luego en los posteriores años nunca más regresan. Ojo, siempre son invitados y bienvenidos, San Jerónimo les quiere y resguarda.

No olvidemos, que el 7 de diciembre 1901, nuestro gran Poeta Rubén Darío dedicó un bello poema a Masaya con el nombre de “Gratitud a Masaya”:

Por doquiera que yo vaya
El recuerdo irá conmigo
Del corazón de Masaya,
Tan hidalgo y tan amigo.

Son retorno y despedida
Juntos en este momento;
Más de Masaya Florida
El recuerdo en mi pensamiento
Irá por toda la vida.

A esta región hechicera
No quiero decir adiós
Que la vea antes que muera
Que esté siempre en primavera
Y que la bendiga Dios.


Managua, 30 de septiembre de 2010.


Aníbal Zúñiga Gutiérrez
Licenciado en Derecho y Relaciones Internacionales