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La iglesia evangélica “Pozo de Restauración”, del barrio San Cristóbal, continúa sin bajarle el tono a sus cultos, mientras que vecinos de la congregación, le recordaron ayer al Pastor que la dirige que por orden judicial debe reducir el exceso de ruidos.

“No podemos seguir aguantando estas bullas, hemos agotado todas las vías legales; tenemos resolución de la Alcaldía de Managua, del Ministerio de Salud, de la Procuraduría Ambiental y hay además un fallo judicial. Este Pastor está en desacato”, se quejó Ana Ulloa, quien vive frente a la iglesia.

Según Ulloa, los pobladores del barrio “no tienen tranquilidad, el ruido es a toda hora y desde la sentencia hace más de dos semanas, la iglesia los ha aumentado”.

El Pastor Martín Ariel Rivera Guerra fue llevado a juicio oral y público el 29 de septiembre, por los quejosos, ante la jueza Ivette Pineda Gómez, del Juzgado Sexto Local Penal de Managua. Como resultado del juicio, el Pastor fue condenado a una multa de 718 córdobas por sólo un mes y se le “prohibió el uso de aparatos electrónicos, más la suspensión de las actividades religiosas a altas horas de la noche o la madrugada”, según la sentencia notificada.

Pastor: “Sólo cumplo la palabra”
Rivera Guerra se defendió diciendo que él solo cumple con sus deberes de “siervo de Dios”. “Yo como siervo de Dios tengo que seguir predicando el evangelio aquí en Nicaragua y en donde sea. La Biblia dice en su Salmo 150 que hay que alabarle a son de bocina, estoy seguro que si esto (el culto) fuera una fiesta con mujeres desnudas, nadie se quejaría”, señaló.

Según el Artículo No. 9 de la ley de delitos contra el medio ambiente “el que utilizando medios sonoros, electrónicos o acústicos de cualquier naturaleza, tales como altoparlantes, radios, equipos de sonido, instrumentos musicales y micrófonos, entre otros, ya sea en la vía pública o de todo orden, que causen daño a la salud o que perturben la tranquilidad y descanso diurno y nocturno, será sancionado con multas de 5 mil a 20 mil córdobas, después de dos llamados de atención por la autoridad competente”.

“Es que la ley está clara, nosotros llevamos casi dos años luchando para que este señor (Pastor) cese con ese ruido, pero nada parece detenerlo, ni las autoridades de este país”, se queja Ernesto López, otro vecino de la iglesia.

“Hemos recogido firmas, ese ruido nos molesta a todos los habitantes del barrio. Sabe, a esa iglesia apenas llegan unas cinco personas de este barrio, los demás ni siquiera son de aquí, fíjese que ni la construcción presta las condiciones para ser templo. Debe prevalecer el derecho y este señor está fuera de la ley”, finalizó doña Ana Ulloa.


* Estudiante