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Se enrumbaron a España en la segunda semana de noviembre con la ilusión de mejorar su vida, pero en el Aeropuerto de Francia las detuvieron y luego las deportaron.

Ahora están “de vuelta” en el país, sin un peso en la bolsa, con más deudas encima y con problemas “sicológicos” por los abusos que recibieron de funcionarios de migración francesa.

“Allí me gritaron, me hicieron firmar un documento en francés, que yo no sé que decía, después dos funcionarios me registraron la maleta, luego a mí. A mí tocaron los pechos, todo”, dice en llantos Carmela Sánchez, cuyo nombre no es el real a pedido de la fuente.

“No me bajaron el pantalón --agrega-- porque no dio el zíper. Pero me manosearon. Me agarraron el pelo y me lo alborotaron, ni sé que buscaban, me sentí tan humillada. Ellos decían, según lo que supimos por una hondureña deportada que hablaba francés, que a España sólo bichos latinos llegaban a explotar a la gente, fue horrible”.

Trato inhumano

Tras eso, de acuerdo con Sánchez, la llevaron a una oficina que todos llaman “calabozo”, que medía un poco más de cuatro metros de largo por cuatro de ancho. Allí permaneció junto a otras latinas deportadas, cuatro días.

“En el calabozo nos daban de comer una vez al día: un pan duro, su forma era larga parecido a un baguette, con un jugo feo, que se sentía vencido. Esto te lo tiran embolsados al suelo, y allí uno los recoge. Se siente feo, esos funcionarios en realidad hacen lo que quieren, pueden violar y matar, y nadie se da cuenta, no tienen supervisión, yo ahora ni dormir puedo, me despierto y me imagino a esos hombrones, cheles, encima”, sostiene.

Sánchez, de 25 años y originaria de Somoto, ubicado al norte del país, arribó el pasado sábado a Managua junto a Mélida Rodríguez, otro nombre ficticio, de 5 años y habitante de Jalapa, también zona norteña, al ser deportadas desde Francia.

Manos vacías y ahora endeudadas

A inicios del mes ambas mujeres, cada una por su cuenta, optaron por irse a España. Sánchez, cuya madre trabaja de forma ilegal en el país ibérico, iba con la esperanza de recoger dinero para comprarse una casa.

Para eso empeñó la vivienda de su cuñada, con el visto bueno de ella, y prestó 7,500 dólares a dos prestamistas de su pueblo, con interés del 15 y 20% sobre el monto total.

“En Somoto camino alquilando, camino de un lado a otro. Soy madre soltera, tengo una niña de ocho años y un niño de siete, así que sueño con darles una casa, darles una mejor vida, lo que gano en Somoto no da para mucho y por eso me animé a irme a España”, justifica.

Entre tanto, Rodríguez se enrumbó a Europa para ayudar a su esposo, que es chofer y padece de la columna.

“Mi esposo trabaja con las completas, está muy mal, lo que gana apenas da para pagar la luz y el agua, y yo quería ayudarle. Queríamos mejorar la casa, queríamos mejorar de vida”, argumenta Rodríguez, madre de dos hijos, de 12 y 14 años.

Ella también recurrió a un prestamista del pueblo. “Empeñé mi casa y él me prestó 4 mil dólares, todavía me cobró un interés sobre el monto total del 15%. Ese prestamista tiene los papeles de mi casa, y si no le pago, en cualquier momento puede dejarme sin mi casa, no sé que hacer”, dice con la voz quebrada la señora.

Maltratadas también en México
Tanto Sánchez como Rodríguez compraron el boleto aéreo a una “señora” de Somoto, recomendada por amigas que ya hicieron el viaje a España.

“Sólo en trámites se me fueron más de 4 mil dólares. La señora me aseguró que no me iban a deportar. Me dio la ruta Managua- Salvador- México- Francia- España pero no me indicó que debía llevar visa de México para poder pasar de tránsito por allí, ni me dijo que debía pagar las reservaciones del hotel de España con anticipación, ni me dijo que debía llevar una tarjeta de crédito para que no dudaran en Francia que iba de turista”, destaca Sánchez.

“Por todo eso--añade--me deportaron. Incluso en el Aeropuerto de Nicaragua me fui custodiada porque hasta que estaba en el Aeropuerto compré la visa mexicana y como la visa me la daban en México no me mandaron sola desde aquí. Fíjese que estando en México me encerraron todo el día y me soltaron hasta en la noche que salía el avión para Francia, donde me fue peor”, asegura Sánchez.

Rodríguez, quien conoció a Sánchez estando deportada en Francia, tuvo el mismo problema con la visa mexicana.

“En el Aeropuerto de México a mí sí me maltrataron, el funcionario que me atendió me dio la visa de mala gana, y me dijo que era mentirosa que yo iba a trabajar a España no como turista. Pero en Francia, fue más horrible, allí sólo hombres hay. Desde que llegué me apartaron, me interrogaron, también me hicieron firmar un documento que no entendía, y en ese momento aunque tenía una traductora, no supe mucho lo que decían”, comenta.

Luego “me encerraron y nunca más volví a ver a la traductora. Los cuatro días que me retuvieron pasaba todo el día en el calabozo, que a cada momento se llenaba con 10 a 12 mujeres (de Honduras, Dominicana, Puerto Rico, Argentina, Uruguay y Nicaragua), no nos dejaban tomar agua ni ir al baño, nada”, recuerda Rodríguez.

“Allí te preguntan a gritos--según Sánchez—quieres hacer pupu o caca. Y luego se ponen a reír y no te hacen caso. Podés gritar, lo que sea, no te hacen caso. Allí los derechos humanos no existen”.

Negocio con abogados franceses

Luego de estar todo el día en el calabozo, las mujeres deportadas son trasladas a la Cruz Roja donde sólo llegan a dormir.

“Pero nos mandan con policías. Ellos permanecen todo el tiempo con nosotras. Allí uno duerme con zapatos porque ellos te pasan tocando toda la noche la puerta y a veces quieren que uno se levante a cualquier hora, uno en realidad no duerme”, subraya Sánchez.

Al día siguiente toca “estar lista a la siete de la mañana, para tomar un café con agua fría”, destaca Rodríguez. En la Cruz Roja, sin embargo, dan un trato mejor. Allí inclusive les indican que pueden buscarse un abogado para resolver su caso, aunque les advierten que no siempre lo logran.

“Al abogado hay que pagarle 1,500 euros y la verdad ninguna mujer ha logrado pasar a España con ellos, es puro negocio eso. Así que una vez que te deportan es mejor regresarse a tu país”, menciona Sánchez.

Aunque el calvario no termina al salir de Francia. “Te roban, los franceses y mexicanos te roban dinero. Como uno va con sus dos mil o tres mil dólares a España, ese dinero te lo quitan al indicarte que te deportan y cuando ya salís para tú país te lo dan en un sobre sellado, que no podés abrir delante de ellos porque te puede ir mal, entonces cuando lo abrís en el avión te das cuenta que te falta dinero, porque te roban, y en México terminan de dejarte sin nada, a nosotros allí hasta nos querían cobrar 10 mil dólares porque decían que no tenían reporte de la deportación, pero no nos dejamos y ellos tuvieron que llamar a Francia”, expone Sánchez.

Falta sensibilidad en Aeropuerto de Managua

Al llegar a Nicaragua, “de remate los funcionarios del Aeropuerto gritaron: que pasen las deportadas, púchica eso nos dolió porque hasta en tu país no te tienen un poquito de consideración, ellos no tienen cuidado, eso nos dolió”, apunta Sánchez.

Ambas mujeres salieron ayer de Managua a sus respectivas zonas. Abandonaron la capital por la tarde para llegar en la nochecita a sus ciudades.

“Nos da pena que la gente sepa que nos deportaron, es la verdad, aunque no somos criminales por eso. Aunque hemos decidido hablar con EL NUEVO DIARIO de esto para que las mujeres que quieran irse a España o a Europa sepan a lo que se exponen, sepan que allá te humillan, para que sepan que fuera de tu país te ven como cualquier cosa, los latinos para los europeos son cualquier cosa”, insiste Sánchez.

“¿Que si vamos a volver a intentarlo? No ya no. Yo me quedo en mi país, aunque sea comiéndome las uñas, pero no me voy. Aquí no sufro ese maltrato que viví en Francia, es mi país”, subraya Rodríguez.

“Me quedo a comer frijoles y arroz en Nicaragua, Nicaragua es otra cosa, aquí tratamos con hospitalidad a los extranjeros, aquí vienen los europeos y no hallamos dónde ponerlos, los recibimos bien, ellos en cambio nos maltratan, nos humillan, no allá (a Europa) no vuelvo, allá no”, puntualiza Sánchez.

Francia y sus derechos humanos

Francia, según sus embajadas ubicadas en el exterior, desempeña un “papel activo” en el seno del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, con sede en Ginebra. “Apoya, junto a sus socios europeos, resoluciones que conciernen a regiones o países donde se violan grave y sistemáticamente los derechos humanos”

A la vez, “Francia refuerza su propia legislación en materia de derechos humanos: ley de 2004 contra el antisemitismo y el racismo, creación en 2005 de la Alta Autoridad para la Lucha contra las Discriminaciones y por la Igualdad (HALDE), a la que pueden acceder directamente las víctimas de la discriminación”, entre otras.

La pregunta a todo eso ¿por qué no lo demuestra en la práctica? ¿Por qué siguen violando los derechos humanos de las mujeres latinas que deportan?