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En medio del luto y el dolor, ayer la Policía Nacional rindió homenaje póstumo al capitán Luis Alberto Romero, quien murió en el Hospital “Carlos Roberto Huembes” luego de resultar baleado junto a otros dos oficiales en el sector de Simalila, comunidad de La Tronquera, del municipio de Waspam.

Así lo precisaron informaciones oficiales, pero las autoridades militares no ofrecieron detalles del hecho y fuentes policiales aseguran que el saldo de víctimas se produjo debido a errores y trampas.

La primera comisionada Aminta Granera, jefa de la Policía, dijo que los oficiales realizaban un operativo en conjunto con elementos del Ejército, denominado “Halcón Negro”, que pretendía desarticular una base social narco. “Entramos a una pista primero, al ser requeridos unos sujetos que estaban allí, respondieron con fuego y fueron heridos tres policías”, aseguró.

La jefa policial indica que los oficiales y los soldados requirieron a los narcos, lo que indica que les dio tiempo de interactuar con ellos, sin embargo, el resultado fue desastroso. La pregunta que quedó sin responder es ¿qué falló? Granera descartó que las balas que mataron a Romero e hirieron a dos oficiales más hayan salido de las armas de los mismos militares.

“Bala amiga” mató a oficial

Pero un agente policial que solicitó el anonimato, informó que por un grave error de descoordinación, una célula de las Fuerzas Especiales del Ejército emboscó a una similar de la Policía en el sector antes mencionado que dejó los resultados ya conocidos.

El informante explicó que el lunes, una célula encubierta de la Policía, se encaminó en tres camionetas Toyota Hilux (civiles), para tratar de sorprender al grupo de narcotraficantes que realizaban un trasiego de un cargamento de cocaína, armas y dinero, sin imaginar que las tropas especiales del Ejército se les había adelantado sin conocer el operativo policial.

Compromiso sellado con sangre

Señala que al ser emboscados y percatarse de que se trataba de soldados, los oficiales encubiertos gritaron que eran policías, pero los soldados no les creyeron y siguieron disparando hasta herir a los policías.

“Yo me reuní hace pocos minutos con todos los que participaron en el operativo, tengo la versión directa de cada uno de ellos, fueron atacados por estas personas que suponemos huyeron en las lanchas hacia el río Coco. Se pueden manejar muchas cosas, aquí lo importante que tenemos que destacar es que hay un compromiso del gobierno de Nicaragua, que hay un compromiso sellado con sangre de la Policía Nacional”, aseveró Granera.

Llamamos al número celular del jefe de Relaciones Públicas del Ejército, coronel Juan Ramón Morales, para solicitar detalles de la actuación de los militares en este caso, pero no contestó a nuestras llamadas.

Aminta molesta

La fuente indica que el operativo de los militares, aunque descoordinado, también fracasó, porque un “soplón” policial dio aviso a los narcos sobre la acción en cuestión, por lo que éstos fueron emboscados como ocurrió en Walpasiksa.

“Yo creo que cuando estamos ante la presencia del cadáver de un compañero resulta ofensiva la pregunta (sobre el soplón) creo que si hay algo que puede poner en evidencia la profundidad del compromiso de la Policía Nacional en la lucha por la seguridad ciudadana, es precisamente la sangre de nuestros hermanos caídos”, respondió Granera visiblemente molesta.

Una fuga anunciada

Otro efectivo policial que solicitó anonimato por temor a represalias, filtró que el sábado 6 de noviembre se fugó del Hospital Nuevo Amanecer de Bilwi, el narco-reo-paciente hondureño Perfecto del Socorro Nagarrote (un nombre a todas luces falso).

Nuestro informante señala que “Nagarrote” era visitado por una mujer y un niño, por lo que su custodio policial, Blenford Cristy Domingo, decidió ir al baño, y cuando regresó a la Sala número 1 de varones, ya no encontró al susodicho ni a sus parientes. Agrega que al momento de la fuga, Cristy no andaba su placa 1336, sino la de su cónyuge, Jazmín Martínez, que también es policía.