José Adán Silva
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El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, habría tocado “fibras sensibles” de la lucha contra el crimen organizado en la región, al acusar a varios países latinoamericanos de estar vinculados con el narcotráfico internacional, pese a ser aliados estratégicos de las fuerzas de seguridad nicaragüense.

Para Javier Meléndez, especialista en asuntos de seguridad, que colabora con organizaciones involucradas en el análisis de los desafíos de seguridad para la región centroamericana desde Washington DC, Estados Unidos, el arrebato de Ortega contra países vecinos a Nicaragua podría generar desconfianza hacia las fuerzas militares que combaten en nuestro territorio a las mafias de las drogas.

¿Cómo ve el proceso de integración centroamericano en materia de seguridad, a partir de los contextos actuales: Honduras desde el golpe y Nicaragua enfrentada a Costa Rica, Panamá, Colombia y México?

Depende del área a que se refieran. La relación entre los ejércitos de Centroamérica parece estable. Son relaciones que las une mucho la plataforma de la Conferencia de Fuerzas Armadas Centroamericanas (CFAC). Y, al parecer, más allá del golpe de Estado en Honduras, los ejércitos parecen haber mantenido un nivel de comunicación más o menos normal.

Además, es necesario desmitificar también la dimensión de esta plataforma y de la cooperación en defensa en la región. Más allá de la colaboración para mejorar capacidades en materia de defensa civil, y de algún intercambio respecto a operaciones de la criminalidad organizada, la cooperación práctica, de campo como CFAC en términos de operaciones conjuntas en el terreno o algo por el estilo en Centroamérica, es más o menos marginal.

Lo que se supone que se da, es un intercambio importante de información de inteligencia, sobre todo a nivel de las fuerzas navales, para el tema de las interdicciones en las costas del Pacífico y el Atlántico. Estoy casi seguro que esa colaboración no se verá afectada.

Inconsistencia de Ortega

¿Y a nivel de policías, cómo quedaría las relaciones?
Habrá que ver qué sucede a nivel de policías. Se sabe que entre las policías de Centroamérica sí hay una relación muy fluida de información y colaboración, y ojalá al final de cuentas el tema del conflicto entre Costa Rica y Nicaragua, o aquel de la posición de Ortega respecto al gobierno de Lobo, no pese en la cooperación entre los policías de la región.

A su criterio, ¿las diferencias políticas y diplomáticas afectarían el intercambio de información, los tratados recíprocos de asistencia de las naciones del istmo en la lucha contra el narcotráfico a partir de este conflicto?
Aquí es tal vez donde pueden darse problemas. El presidente Ortega abrió una caja de Pandora de un tema que es muy sensible y de seguridad nacional absoluta para países como México, sin menospreciar la importancia del combate al crimen organizado para los países del triángulo del norte y del sur de Centroamérica”.

“En realidad, todos los países de la región tienen grandes déficit institucionales y de políticas en relación con el fenómeno de la criminalidad organizada, pero de allí a plantear que en uno el crimen organizado dirige su política exterior y que en los otros no se hace nada, no es consistente con la realidad de este problema en la región, y demuestra un profundo desconocimiento de Ortega y de sus asesores en seguridad sobre la naturaleza y dimensión del fenómeno de la criminalidad organizada”.

Usted qué piensa ¿Nicaragua se aislará de Centroamérica en la lucha contra el narcotráfico a partir de este pleito o Centroamérica podría aislar a Nicaragua por las diferencias vertidas en torno al caso Costa Rica?
El tema del narcotráfico es un asunto estratégico para la región y Estados Unidos. Es difícil visualizar un escenario en que se paraliza la cooperación en seguridad para combatir la criminalidad organizada. Debe tomarse en cuenta que uno de los principales, por no decir el principal interés estratégico de Estados Unidos hacia esta región es mejorar la gestión y la cooperación de los Estados para combatir el crimen organizado. Y es iluso pensar que el Departamento de Estado de ese país permitirá que suceda lo contrario por el conflicto entre Nicaragua y Costa Rica. La paradoja de este asunto es que Estados Unidos podría ser el mejor aliado de Nicaragua en este difícil momento, pues no querrán tomar el riesgo de poner en peligro la coherencia que necesitan construir en la región frente al fenómeno del crimen organizado, por los exabruptos y obstinaciones de Ortega.

¿Eso pasaría por la integración Centroamericana y sus órganos de discusión?
En este escenario podría ser muy necesario poner atención al Sistema de Integración Centroamericano. Es una instancia donde se está colaborando activamente frente a los problemas de seguridad de la región, allí convergen los liderazgos políticos de Centroamérica, hay colaboración de la comunidad internacional extra regional, y desde esta perspectiva el SICA pudiera ser el escenario que cuide que la cooperación en seguridad se mantenga más allá de la problemática actual.