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La falta de acceso a una atención psicológica especializada en los centros de salud y hospitales del país, hace que los nicaragüenses no puedan atender sus necesidades de salud emocional y mental, según lo consideró Jairo Rodríguez, profesor titular de la de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua, UNAN, León.

A esto, según el psicólogo clínico, se le suma el desconocimiento que tienen las personas acerca de cómo tratar los diferentes padecimientos emocionales como el estrés, la depresión y la ansiedad.

“Aquí en Nicaragua no hay cultura en cuanto a la visita por sanidad al psiquiatra y al psicólogo. Aunque se ha venido mejorando la incidencia, la población ha estado acudiendo un poco más, pero no a niveles aceptables”, expresó el Rodríguez.

Confusión entre psiquiatría y psicología

El experto explicó que la población no debe confundir la psiquiatría con la psicología, ya que son dos especialidades y funciones totalmente diferentes, pero que ambas son especialidades como cualquiera otra de la medicina, que atienden la salud de la población.

Para el especialista, en Nicaragua los psicólogos y lo psiquiatras “están condenados”, porque la población piensa mal acerca de ellos, ya que sólo se les visita cuando necesariamente las personas consideran padecer un desajuste psicológico o psiquiátrico grave. Llegar a estos consultorios se ve como sinónimo de locura.

“El psiquiatra está autorizado para prescribir fármacos, autorización que se la da el Minsa el psicólogo no puede ni debe prescribir ningún tipo de medicamentos. Esa es una diferencia fundamental entre ambos”, detalló.

Rodríguez enfatizó que el psiquiatra trabaja de forma más directa con problemas mentales más fuertes, como la esquizofrenia. Al paciente debe medicársele. El psicólogo trabaja con el esquizofrénico, pero desde la labor social, de la psicoterapia, y por lo general ambos están capacitados para poder brindar atención psicológica a la población que presente alguna alteración en sus emociones y conductas.

Destacó que la principal limitante es que en los servicios de salud pública la población de psicólogos y de psiquiatras es casi inexistente, y que la mayoría de la población --por la misma situación económica-- no atiende sus padecimientos emocionales en clínicas “privadas”.


(*) Estudiante