Luis Galeano
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La ubicación de militares retirados y de ex miembros de los órganos de seguridad estatal en los años 80, en puestos claves de entidades como el Consejo Supremo Electoral, CSE, es una de las tácticas del gobierno para mantener absolutamente controlado el andamiaje de la institución que cuenta los votos, así como el vínculo subterráneo que el presidente Daniel Ortega desea con el Ejército de Nicaragua, afirmó el experto en temas de Seguridad, Javier Meléndez.

Desde Washington, el experto calificó incluso de “depredadores” de los bienes del Estado, a ex militares que recibiendo una jugosa pensión de retiro que nace de fondos del Estado, también adquieren salarios de entidades públicas.

El coronel retirado del Ejército, Irving Dávila, explicó a END que sus compañeros militares retirados, sienten una necesidad sicológica, una nostalgia, en relación al pasado de lucha contra la dictadura, una situación de la que se aprovecha el gobierno de Ortega para arrastrarlos a actuar bajo sus designios.

El general retirado Hugo Torres considera que la Policía y el Ejército son muy importantes para el presidente Daniel Ortega, así como lo fue la Guardia Nacional para la dinastía de los Somoza. Subraya que es parte del “proyecto político” del gobernante en su afán de mantenerse en el poder y eso necesita, entre otras cosas, “atraer la simpatía de los oficiales del Ejército y de la Policía Nacional”.

Los métodos

Meléndez coincide en gran parte con esas afirmaciones. Señaló que la mayoría de ex militares de carrera, sobre todo los que salieron durante la transición en los primeros años de los 90, luego de la derrota electoral, son seguidores del presidente y le ayudaron “a gobernar desde abajo”.

“Es obvio que muchos de ellos le echen la mano gobernando ahora desde arriba, pero con las tácticas de cuando lo hacían desde abajo: presión, violencia, conspiración e irrespeto al derecho de disentir, entre otras”, afirmó Meléndez.

Pero lo que le llama más la atención al experto es la manera en que les brotó la admiración a Ortega, inmediatamente después de dejar sus cargos en la entidad castrense.

“Es increíble, sobre todo, que una buena cantidad de coroneles y generales, quienes luego de pasarla muy alegre con la ‘horrorosa derecha’, ahora, como recién retirados, se ven todavía más alegres con el proyecto autoritario de Daniel Ortega”, indicó.

Meléndez afirma que “lo más surrealista” es que los retirados terminan creyendo que le ofrecen los puestos porque son expertos en esas tareas que se les encomiendan, obviando que, en realidad, los ocupan como parte de un proyecto “antidemocrático y anti institucional”.

Profesionalismo en entredicho

“Como señaló el general en retiro Hugo Torres, se han encargado de canalizar a la perfección el mensaje que, si estando activos se portan bien con el presidente, tendrán su recompensa una vez estén retirados”.

“Alguien podrá decir que esos coroneles y generales tienen todo el derecho de mundo de trabajar donde sea, una vez están en retiro, y es cierto. Pero hay que ser consistente con el discurso que predicaron por casi 20 años de apoliticidad y de profesionalismo, pues sólo hay que tener un dedo y medio de frente para estar claros de que el proyecto de Ortega es capturar políticamente al Ejército. Estos señores ya son, en realidad, parte de ese proyecto”, añadió.

Meléndez dijo comprender que, en algunos casos, son personas que no tuvieron más remedio que acercarse al partido de gobierno, pues no tuvieron alternativas de trabajo al ser retirados y por eso se merecen respeto.

“Sin embargo, esa deferencia se olvida cuando actúan en contra de la ley, o sea, ‘cuando están dispuestos a hacer trampas, a engañar a la gente y a sus familias, o ejercer violencia para lograr lo que creen es lo mejor para el país, y los que están en instancias como el CSE están allí para eso’”, dijo.

El especialista hizo énfasis en que al margen del control que busca el gobernante de las diversas entidades por medio de los ex militares “fieles”, esas personas reciben dinero del Estado y su pensión de retirados.

“Realmente, dudo que el IPSM (Instituto de Previsión Militar) --que recibe fondos del Estado cada año-- detenga los desembolsos, aunque estén trabajando en un empleo, que puede ser inclusive, una remuneración más alta que su pensión de retiro”, sostuvo.

Agregó que una cosa que no se puede perder de vista es que los militares “no le sin rinden cuentas a nadie”, y que ese concepto “calza con la forma de ver el mundo de Ortega”.

La necesidad de más recursos

Sin embargo, diferenció el hecho de que en algunos casos debe comprenderse que sí hay militares con pensión de retiro, cuyo monto no les da para vivir, y que tienen que buscar de alguna manera recursos para poder responder a las demandas de sus familias.

“Esos ex oficiales salen a dar clases o tienen su bufete. Se buscan la vida. Y la opinión pública debe estar clara de que en el caso del Ejército de Nicaragua eso es lo típico”.