•   Colaboración Especial/Costa Rica  |
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Cada día que amanece en su casa ubicada en la provincia de Alajuela, Costa Rica, es una lucha constante para el nicaragüense Luis Enrique Balladares, que junto a miles de sus compatriotas dejaron su país para encontrar las oportunidades que le negaron en la patria que los vio nacer.

Con mucho esfuerzo ha logrado, tras 16 años de haberse traslado a Costa Rica, establecerse, estudiar una profesión, ganarse el dinero para el sustento familiar, y, sobre todo, darle educación a sus dos hijos que nacieron en un país diferente a sus raíces natales.

Cuando le preguntamos si existe xenofobia en esta nación centroamericana, su respuesta fue más que evidente: “Sí”, y con la expresión humilde y sencilla de su rostro atinó a decir, que por ello es un constante luchador para hacer conciencia de que esos ataques no deberían existir, puesto que sólo han venido a trabajar y a contribuir al desarrollo económico y cultural de su segunda patria.

No lejos de lo que sucede en el actual conflicto limítrofe entre Costa Rica y Nicaragua por el dragado y la presencia militar de soldados nicaragüenses en río San Juan, opinó que esa situación ha exacerbado los sentimientos anti nicaragüenses en sectores radicales de este país.

Pagando los platos rotos

Balladares estima que la comunidad migrante es atacada injustamente con este conflicto, y que los medios de comunicación costarricenses han propiciado ese clima al dejar espacios abiertos para que esos ataques sean cotidianos y constantes.

“No nos están hiriendo con armas de fuego, sino con palabras. Emocionalmente nos están atacando a diario. Se olvidan de que nosotros también somos seres humanos, y que a pesar de que tenemos muchos años de vivir en su país, siempre tenemos grabadas nuestras raíces, y por eso también nos hacen daño cuando acusan injustamente a Nicaragua. Somos pacifistas como los costarricenses. Sus ataques son agresiones emocionales”, comentó.

A su juicio, existe una campaña para hacer creer que los nicaragüenses son guerreristas y belicosos, cuando en la práctica los nicaragüenses aman la paz por las experiencias militares negativas del pasado, y que se les olvida que su país ha alcanzado el desarrollo que tienen en los últimas tres décadas, gracias al aporte de los migrantes.

Nica da empleo a ticos

En una historia similar de mucho trabajo y persistencia, el nicaragüense Ernesto Pérez ha logrado establecerse como microempresario, generando empleo a siete costarricenses.

Él afirma que la vida de inmigrante en Costa Rica no ha sido nada fácil, ya que ha tenido que luchar contra todo tipo de obstáculos, los que ha superado para alcanzar el éxito logrado hasta hoy.

“Llevo más de 25 años viviendo en este país, he lidiado con todo tipo de problemas, pero el problema que más me ha costado superar es el de la xenofobia”, comentó.

“Me ofenden sin yo tener nada que ver en estos tipos de conflictos. Me quieren ver destrozado empresarialmente hablando, más no saben estas personas que si yo dejo de trabajar hay siete familias (costarricenses) que se verán afectadas directamente si yo fracaso. Muchas veces estas personas xenófobas piensan con el hígado y no con la cabeza, afectando la convivencia entre dos pueblos hermanos”, apuntó Pérez.

Los que atizan el odio

Coincidentemente, el politólogo, catedrático y presidente del Consejo Universitario de la Universidad de Costa Rica (UCR), Alberto Cortés, confirmó la forma en que ha resurgido la xenofobia de algunos sectores radicales en el país, producto de una campaña mediática e irresponsable de algunos medios de comunicación costarricenses.

“Desde antes de este conflicto (del Río San Juan), ya existía un escenario hostil hacia la población migrante. Lo que hizo esta situación es activar a estos sectores y estos aprovechan para esparcir odio. Los nicaragüenses pagan la factura de los políticos al trasladarles las hostilidades”, adujo Cortés.

Asimismo, condenó lo que estima una manipulación burda del patriotismo que están haciendo los políticos para exacerbar los ánimos. “En estas situaciones, los migrantes son más vulnerables y son atacados no sólo social, sino sicológicamente. Hay una campaña agresiva de los medios de comunicación”, reiteró el catedrático.

Por su parte, el representante del Fondo Latinoamericano de Desarrollo (Folade), Edgar Zurita Pozo, opinó que se ha despertado “una ola de xenofobia y racismo” en contra de la comunidad migrante nicaragüense.

“Los más afectados son los que están aquí (Costa Rica), pues reciben todo tipo de burlas, y los medios de comunicación han facilitado a profundizar la xenofobia. Hay mucha saña y desprecio, incluso de personas muy estudiadas y que están en excelentes medios periodísticos. Son irresponsables”, justificó el funcionario.

Dijo que es digno de destacar que la comunidad nicaragüense ante ese escenario ha preferido callar puesto que son muy inteligentes y prefieren dedicarse a trabajar y seguir enviando sus remesas a sus familiares, que vincularse con un conflicto geopolítico que nada tienen que ver con ellos.