•   (Tomado de Confidencial)  |
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Todos los años, Nicaragua destina grandes masas de recursos para combate a la pobreza --hasta el 13.4% del PIB de 2008, según el Marco Presupuestario de Mediano Plazo--, sin que esas inversiones parezcan haber causado mucho efecto.

Enrique E. Alaniz, Director de Investigaciones de la Fundación Internacional para el Desafío Económico Global (Fideg), recuerda que “la incidencia de la pobreza general pasó de 50.3% en 1993, a 44.7% en 2009. Ha habido una reducción, pero no en la magnitud deseada, sobre todo si se tiene en cuenta que el gasto social ha representado en los últimos años alrededor del 40% del gasto público total, y cerca del 9% del PIB”.

Su conclusión más probable es que los recursos no se están utilizando de la manera más adecuada, considerando que “no sólo es cuestión de cantidad, sino también de calidad y de pertinencia. Por ejemplo, la eficiencia del gasto social en educación y en salud de Nicaragua, ha estado por debajo de la media de la región”.

Combatir pobreza con estrategia focalizada
Por eso señala que “antes de poner en práctica cualquier programa de combate contra la pobreza, es importante conocer dónde está la población más necesitada y cuáles son sus carencias.

El combate contra la pobreza debe considerar las realidades específicas de cada territorio, y la estrategia debe ser focalizada. Asimismo, las intervenciones deben ser acompañadas por fuertes sistemas de monitoreo y evaluación”, recordó.

Populismo no es sostenible
Pensando en los programas asistencialistas del gobierno, que han permitido mejorar los indicadores de forma temporal, el economista Alejandro Aráuz opina que “el populismo no es sostenible, en especial cuando se acaban los recursos, por lo que los índices vuelven a la normalidad cuando se termina el dinero” para regalar.

En el terreno de lo formal, el economista lamenta que “no se vean grandes avances en reducción de la pobreza, pese a los inmensos recursos destinados para tal fin”, y aunque la lógica dicta que debería iniciarse un proceso de fortalecimiento institucional del sector público, privado y de la sociedad civil “para lograr mayor eficiencia en políticas públicas”, lo que se ve cada cinco años es el despido de personal en cada cambio de gobierno, desperdiciando recursos, alargando la curva de aprendizaje, y disminuyendo los niveles de eficiencia del gasto público.

No basta educar por educar
Para el economista Adolfo Acevedo, hay que tratar de aplicar soluciones en varias direcciones, comenzando por elevar la inversión en combate a la pobreza, combinándola con la entrega de transferencias a los pobres, lo que les ayudaría a mantenerse a flote, mientras hacen efecto los programas a mediano plazo.

Uno de esos programas tiene que ser, necesariamente, la educación, pero no sólo como se hace en la actualidad, pensando en cumplir la meta cuantitativa de elevar el número de niños que terminan la primaria (normalmente, en otros países, este indicador habla de completar la secundaria), sino de que la educación que reciben sea de calidad.

También habría que aumentar el gasto en salud --preventiva y curativa-- y mejorar la infraestructura productiva, eligiendo bien los proyectos a financiar, prefiriendo aquellos que tengan mayores niveles de retorno social y financiero.

Empleo precario: el gran martillador
Adolfo Acevedo, Coordinador de la Comisión Económica de la Coordinadora Civil, recordó que “no es fácil reducir la pobreza”, en parte, porque “el gasto social no resuelve el problema por sí mismo, dada la baja calidad de los empleos”, y, por consiguiente, de la productividad y de los salarios.

El mecanismo de perpetuación de la pobreza se mantiene aceitado gracias a que la mayor parte del ingreso de las personas pobres es por la vía salarial, con lo que se cierra el círculo que les impide progresar.

Ni siquiera las remesas familiares, previstas a crecer alrededor del 4% en el presente año tienen un impacto importante en este fenómeno, porque los pobres son los que reciben menos remesas, dado que el familiar que tuvo que irse al exilio económico, es --en este caso-- generalmente una persona con escasa formación laboral.

“Casi 7 de cada 10 empleos son precarios, lo que constituye el verdadero problema del empleo en Nicaragua”, dijo Acevedo, aclarando que mucho de ese empleo es rural o informal.

Actual currículo es bastante ambicioso
Al respecto, el economista Enrique Alaniz, del Fideg, señala que “el empleo es fundamental para reducir la pobreza. Cuando una persona tiene empleo, su probabilidad de ser pobre se reduce drásticamente”.

Siendo que el acceso al empleo está directamente ligado al nivel de instrucción, opina que “programas e iniciativas orientadas a mejorar el nivel educativo de la población, tendrán un impacto importante en la reducción de la pobreza. En ese sentido, se debería hacer una revisión del currículo, pues el actual es bastante ambicioso para la cantidad y calidad de los recursos disponibles, mejorar la formación docente y orientar la educación hacia las profesiones técnicas, entre otras cosas”.

Educar y fomentar inversión
Añadió que “el problema del empleo no sólo hay que atacarlo por el lado de la oferta, sino que también por el lado de la demanda”, en referencia a la necesidad de educar a la fuerza laboral al mismo tiempo que se generan puestos de trabajo.

“La inversión juega un papel fundamental en la creación de empleo, por lo tanto, propiciar un entorno amigable hacia la misma es imperativo. Iniciativas que fomenten la creación de pequeñas empresas con tecnología intensiva en mano de obra, pueden contribuir de manera significativa a reducir la pobreza”, aseguró.