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Segunda Parte

De acuerdo con el senador demócrata Martin Meehan, citado por Wikipedia, "si la Escuela de Las Américas decidiera celebrar una reunión de ex alumnos, reuniría a algunos de los más infames e indeseables matones y malhechores del hemisferio".

Entre los graduados más reconocidos por sus delitos y a la vez responsabilidades nacionales, se encuentran importantes instigadores de crímenes de guerra o contra la humanidad, algunos de ellos también relacionados estrechamente con las bandas organizadas del narcotráfico o la CIA estadounidense.

Faltaría decir que los más prominentes miembros del círculo de poder de Anastasio Somoza, su vástago incluido, también llegaron a crear un país de ficción que se alejaba del real. Que cuando los patriotas querían quitarse de encima ese país falsificado para que Nicaragua fuera república, entonces, todos eran enemigos, conspiradores, indeseables. Los Somoza se creyeron los próceres. Llegaron a consumir sus mismas falacias y a ser maestros del embuste. Mentiras que hoy todavía algunos están dispuestos no sólo a creer, sino a predicar como profetas del cinismo.

“PJCh, el antiamericano”

No es ningún secreto que altos miembros de la Guardia y de la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI) pasaron por la Escuela de Las Américas. Sería de ingenuos asumir, por consiguiente, que Anastasio Somoza Debayle y compañía estaban en la realidad defendiendo a su país de la amenaza comunista, bandera enarbolada durante los 45 años de dictadura para ser bien vistos por los Estados Unidos.

Somoza Debayle llegó a decir en “Nicaragua traicionada”, página 131, que Pedro Joaquín Chamorro tenía “sentimientos antiamericanos”. Si antes el dictador justificó a su padre por el crimen que cometió al dar muerte al general Augusto C. Sandino, también extendería esa “inocencia” a todos los actos perpetrados por la Guardia Nacional, en contra de los que se atrevieran a cobijarse bajo la bandera del Héroe de Las Segovias.

Desde los 50 le echó el ojo

Tacho afirmó que, en México, el Mártir de Las Libertades Públicas “recibió su primer entrenamiento de sandinista”. El dictador mismo había hecho una biografía del doctor Pedro Joaquín Chamorro, y dentro de la lógica de su sistema, no da lugar a especulaciones o a forzar una inocencia de él y de su familia ante la historia, por lo que sucedería cerca de las ocho de la mañana del martes 10 de enero de 1978.

El dinasta asegura en su libro que si se hiciera un certamen de quién odiaba más a Somoza, “Chamorro se ganaba el concurso”. A pesar de estas palabras, dice que él sabía que le iban a echar la culpa del asesinato de PJCh, pero que “nadie conectado conmigo ni mi administración había tenido participación en el mismo”.

Pero dice más, en la biografía que él mismo hace del doctor Chamorro: “Falseaba los hechos, torcía la verdad para ajustarlos a su propio gusto, y publicaba mentiras. Ese era el verdadero carácter de PJCh como periodista”. Cuando PJCh denunció la múltiple violación que sufriera Amada Pineda de Aráuz a manos de la Guardia Nacional en las montañas del Norte, o los continuos actos de corrupción, llamados “inverosímiles”, o las barbaridades de Cornelio Hüeck, según Somoza, todo era producto de las “mentiras” de un editor.

Somoza escribe que Pedro Joaquín “empezó a tener relaciones con los sandinistas y éstas iban a mantenerse hasta su muerte”. En la página 131 de su libro, el dictador afirma, como antes su padre preparó el magnicidio de Sandino: “No cabe duda de que Chamorro participaba en la conspiración para derrocar mi gobierno. Él se hallaba en medio del movimiento sandinista y ayudaba a los esfuerzos conspiratorios en Washington DC. Se volvió uno de los sandinistas más importantes, y los comunistas lo consideraban un hombre que podía ayudar a su causa inmediatamente”.

El gran enemigo

La psicología de Somoza se fue viendo muy afectada cuando la Administración Carter releva a Turner B. Shelton, en 1977, y nombra a James Theberge, de quien el mismo dictador reconoce que ya el Departamento de Estado le había advertido “que debía mantenerse a una distancia respetable de mí. Esto me produce una gran sorpresa y fue muy difícil de aceptar”.

El dictador, que según él había resuelto la historia con un saldo a su favor, con la muerte del fundador del FSLN, Carlos Fonseca, y con “la guerrilla eliminada”, quedaba, de hecho, y a confesión de parte relevo de pruebas, frente a un solo y prominente enemigo: Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

EU con el lado erróneo

“Había más sorpresas aún”, dice Somoza, tras anunciar la llegada del nuevo representante de Washington en Managua. “El embajador Theberge comenzó a asociarse con Pedro Joaquín Chamorro, un conocido sandinista”. Molesto, sin tratar de ajustarse a la realidad, sino encaprichado a su propio discurso, amargamente dice de PJCh y de la Unión Democrática de Liberación, UDEL: “Fue recibido (Theberge) y agasajado por esa gente en Granada y otros lugares. Parece que Theberge estaba inclinado a establecer relaciones diplomáticas con el lado erróneo, con una coalición de la oposición”.

Para entonces, Somoza fue pensando que existía una lista en Washington, la lista anti Nixon, el presidente que dimitió en agosto de 1974 tras el escándalo del Watergate. Se consideraba un “marcado” por la nueva Administración. De nuevo, Somoza, como su padre y como después lo hará su hijo, creen ser los mesías nacionales: “Si esto era así, también mi país como yo íbamos a tener problemas”.

267 libras de resentimiento

El “paladín” de la democracia en Nicaragua, en julio de 1977, llegó a pesar 267 libras de soberbia y de rencor contra los que se le oponían. Él atribuye su estado clínico a “tensiones y presiones de todas clases, y todos los días le exigía al cuerpo más de lo que debía”. Total, el 28 de julio sufre un infarto.

El historiador Rafael Casanova, de la Sala de Investigación de la Biblioteca del Banco Central de Nicaragua, señala que desde el ascenso de los Somoza se creó un mito de invulnerabilidad del sistema. Que siempre había sorteado los momentos más difíciles, como en 1947, cuando al fundador de la dinastía se le volteó una parte de la Guardia; lo mismo en 1954 y en septiembre de 1956. Somoza Debayle “salió ileso” de los acontecimientos de enero de 1967.

Tres meses después del infarto, Somoza se da cuenta de que “la guerrilla eliminada” ejecuta, en octubre de 1977, acciones audaces a plena luz del día y a menos de 30 kilómetros de la capital.

Con todo, Somoza y sus altos oficiales asumen que es una tendencia del Frente Sandinista, y dentro de la ofensiva, ellos logran propinar golpes a los insurgentes. Con el aplastamiento sangriento de la primera ofensiva, pensaron que habían neutralizado los ataques.

“Había países dispuestos a destruir a Somoza”

De nuevo, la principal figura en el escenario que está ahí, expuesta, es Pedro Joaquín Chamorro, con el agravante de que el dinasta ya tiene otra lectura, casi con mirilla telescópica, de la realidad: en “Nicaragua traicionada” asegura que había “países que estaban decididos a destruir a Somoza”.

Casanova expresa que Anastasio Somoza se convierte en un sospechoso del asesinato de Pedro Joaquín Chamorro por una razón fundamental: al darse una situación nacional e internacional que puede poner en crisis el sistema, la posición de Jimmy Carter, la beligerancia del movimiento opositor político, social y armado, es cuando Pedro Joaquín se ve como el hombre que podría convocar al cambio tantas veces esperado, y como una sólida salida democrática. Él constituía una figura moderada ante cualquier radicalismo.

Con Tacho debilitado, tanto su persona como su gobierno, aparecía también en el escenario, el “heredero natural” de la Sucesión Somoza: Anastasio Somoza Portocarrero. Era el potable relevo para 1981 o tras un “transitorio civil, tipo René Schick”, como dice Casanova, con la esperanza de que entonces, un nuevo gobierno en Washington estuviera de regreso a las garras de los halcones republicanos y no de un cuasi pastor bautista que predicaba los derechos humanos desde la Casa Blanca.

Casanova dice: “Esto lo convierte en el principal sospechoso para eliminar una figura aceptada nacional e internacionalmente”. En la lectura de la historia, el académico critica que se ha menospreciado el movimiento que empujó el doctor Chamorro. UDEL era beligerante, había sindicatos fuertes, y los movimientos sociales alteraban “la paz” de Somoza. También los sindicatos hospitalarios y de otros gremios habían obligado al régimen a negociar. También destaca la agitación del movimiento juvenil. Y en términos militares, la Guardia repetía el error del Ejército norteamericano, cuando se equivocó en Vietnam.

En su libro, Somoza narra que, convaleciente, abordó un avión y estuvo varias horas recorriendo Masaya, San Carlos y otros puntos que los sandinistas habían atacado en octubre de 1977. Desde el aire, a gran altura, temeroso de algún disparo, logró comprobar que su Guardia había repelido a los agresores.


Historia reducida a anécdota

Casanova, sin embargo, anota que la alta oficialidad y los Somoza sólo vieron números: tantos muertos, tantos heridos. No apreciaron el significado de fondo de aquella ofensiva y la incidencia del movimiento juvenil, social y político. No fueron capaces de advertir cómo ese movimiento político buscaba acercarse al sandinismo insurreccional.

Somoza y su heredero natural tratan de reducir la Historia a una anécdota: la muerte de PJCh, el mismo que según Somoza conspiraba y le trataba de derrocar, trata de ser presentada “como que se le ocurrió a un matón. En este caso a Pedro Ramos”, dice Casanova.

Mañana:
* La Enciclopedia de Nicaragua asegura que entre 1970 y 1976, cinco mil miembros de la Guardia Nacional pasaron por la Escuela de Las Américas
* “¿Qué te ha hecho el viejo (Somoza)? Cuando más se arrecha, es cuando lee los artículos de Pedro Joaquín Chamorro”.