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Nicaragua, desde 2000, después de la firma de las Metas del Milenio, ha avanzado lenta pero progresivamente en las metas planteadas de cara a 2015, pero las cifras indican aún que el país sigue sufriendo con una población marginada, y que la pobreza seguirá aquí más allá de las metas propuestas en el corto plazo.

Según el economista Adolfo Acevedo Vogl, en comparación con 1990, fecha de referencia a partir de la cual se planificaron las metas del milenio, el país ha avanzado en la superación de la pobreza y de la hambruna, establecida en los ocho Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) como la meta número uno.

Nicaragua acordó reducir el porcentaje de la población que vive en pobreza extrema, partiendo de una base de 19.4%, hasta alcanzar la meta de 9.7% de la población en 2015.

La meta que se estableció fue reducir a la mitad, entre 1990 y 2015, el porcentaje de personas cuyos ingresos fueran inferiores a un dólar por día.

Reducir el bajo peso de niñez

Y en cuanto al hambre, el objetivo era reducir el porcentaje de niñez menor de 5 años con bajo peso y desnutrición global. La meta global es reducir a la mitad el porcentaje de personas desnutridas.

Para entender el desafío, de acuerdo con Acevedo, hay que analizar las condiciones socioeconómicas a partir del año tomado como referencia: 1990.

“En primer lugar, es preciso tener en cuenta que las metas de los ODM son metas mínimas, pensadas para los países mas pobres del planeta. Fueron acordadas en 2000, pero la línea de base que usan para medir la reducción de la pobreza no es el año 2000, sino 1990, diez años antes”, observó.

“Es decir, para facilitar su cumplimiento, no se estableció la meta de reducir la pobreza extrema a la mitad de los niveles de 2000, sino a la mitad de diez años antes. Si el punto hubiese sido alcanzar la mitad de la pobreza extrema de 2000, esta meta hubiese resultado mucho más difícil de obtener”, analizó.

Citó como ejemplo que de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal, adscrita a las Naciones Unidas), en 2000 el porcentaje de personas que en Nicaragua sobrevivían con menos de un dólar al día (medidos en términos de paridad de poder adquisitivo) era del 19.4%, “de manera que la meta de reducir la pobreza extrema a la mitad hubiese significado llevar dicho porcentaje a 9.7”.

Una vieja referencia 

“Pero se escogió como referencia 1990, cuando el porcentaje de personas que sobrevivían con menos de un dólar diario en Paridad de Poder Adquisitivo (PPP) era de 32.5%, de modo que, en este caso, la meta se alcanzaría con un porcentaje de 16.25”.

“De acuerdo con la Cepal, el porcentaje de nicaragüenses que en 2005 sobrevivían con menos de un dólar al día, era del 15.8%, de modo que esta meta se habría cumplido ya desde 2005”, indicó.

“Detrás  de esta disminución, en el porcentaje de población que sobrevive con menos de un dólar al día, se encuentra tanto el aumento que se ha producido desde 1990 a la fecha en el ingreso Per cápita del país, como una moderada pero progresiva mejoría en la distribución del consumo”, dijo, aclarando que alcanzar la meta no significa eliminar la pobreza, sino reducir los porcentajes de pobres extremos.

“En segundo lugar, debe comprenderse lo que significa alcanzar esta meta. Esta meta de ninguna manera significa que el nivel de vida de los pobres extremos se eleva hasta niveles que, para el común de las personas, serían considerados decentes o dignos, sino única y exclusivamente que el consumo Per cápita de los pobres extremos aumenta en algunos cuantos centavos de dólar al día, desde un umbral muy mínimo o de sobrevivencia, de apenas un dólar diario”, dijo.

Esta transición, lo único que logra es que esas personas dejan de ser pobres extremos, según esta definición, y se conviertan en pobres no extremos.

Según el economista, el empleo es, entre otras medidas múltiples, la fuente de la mejoría económica real para combatir la pobreza.

“Para adecuar esta meta a la realidad latinoamericana, y reconociendo la insuficiencia de la misma para recoger algunos aspectos clave de nuestra realidad, la Cepal ha propuesto una serie de indicadores complementarios para esta meta, como el porcentaje de los ocupados que trabaja en empleos de baja productividad, que corresponden en lo fundamental a empleos precarios e informales”, analizó.

“Desde este punto de vista, dado que casi dos tercios del empleo en Nicaragua corresponden a empleos precarios e informales, el esfuerzo por reducir este porcentaje debería ser mucho mayor. De hecho, éste es el verdadero desafío para reducir la pobreza en Nicaragua”, indicó Acevedo.