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La emoción estaba pintada en los rostros de los que llegaron al complejo de la Lotería Nacional, poco antes del Sorteo Navideño de los 20 millones de córdobas. Los vendedores cercanos al lugar no paraban de ofrecer la suerte a cuanta persona transitaba por el lugar, y hasta luchaban entre ellos por conseguir vender el último vigésimo, con la esperanza de entregar el número favorecido.

La acostumbrada sala donde se realiza el sorteo parecía otra, ya que estaba completamente llena. No había espacio ni para el pesimismo. Parecía el concierto de un artista popular, pero aquí lo apetecido, lo ciertamente más demandando, eran los ansiados 20 millones.

Los periodistas de las diferentes radiodifusoras que se encontraban transmitiendo en vivo eran los privilegiados: se encontraban en primera fila, pero contrario a las expectativas del resto de la gente, lucían rostros abatidos de cansancio, porque, al parecer, la faena del día había sido dura. Muchos se encontraban con el auricular del teléfono pegado a su boca, y no hablaban sin respirar cuando comenzó la tómbola a girar, y con su movimiento, a hacer palpitar los corazones de todo el mundo.

Sin embargo, lo primero que salió fue un premio no “tan llamativo”, el primero de los 400 premios de un mil 700 córdobas. Cuando empezaba la tómbola a girar, los funcionarios de la Lotería Nacional demostraron su puntualidad, porque esto se dio a las seis con cinco minutos, después del discurso de bienvenida y de los “buenos deseos” del presidente de la Junta Directiva de la Lotería, Orlando Pineda.

Hasta los niños se contagiaron

Luego de esto, el auditorio se fue llenando, hasta los niños presentes mostraban cierto nerviosismo, con risas entre ellos y con un rato de atención a la pizarra, mientras los adultos mantenían una concentración envidiable. Algunos, sin embargo, se comían las uñas o se tocaban el rostro cuando veían que ningún “premio grande” había salido, cuando ya había pasado media hora desde el inicio del sorteo.

Cuando se dieron las seis y 40 de la tarde, una música con una voz circense se convirtió en la banda sonora de aquella película en vivo: “¡Viene el premio de un millón!” El público presente miraba esperanzado de nuevo la pizarra. Dos minutos después cayó el segundo ganador del otro premio de un millón, lo que provocó sonrisas y aplausos entre los asistentes, pero todavía no daba señales el Premio Mayor.

Cuando dieron las seis de la tarde con 50 minutos, otra vez la voz anunció con alegría desbordada, el Premio Mayor de 20 millones. La gente se levantó, y muchos miraron con alegría el número que fue plasmado en la pizarra, inmediatamente, Ernesto Vallecillo, Gerente General de la institución, informó que el número ganador había caído en la capital. Luego, todos esperaron con ansias el nombre del concesionario: era Marvin César Gutiérrez Castaño, pero que todavía no sabía si éste había sido vendido a una sola persona o a varias.

Luego manifestó que uno de los premios de un millón había caído también en la capital, junto a otro de 200 mil, y el otro en Rivas. Para, digamos “suerte” de los premiados, la Lotería tendrá abierta sus puertas hasta hoy al mediodía, para poder cambiarle la vida a quienes lograron toparse con don Marvin y pasar muchas Noches Buenas.