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Nació pobre en el barrio La Fuente de la capital. Aprendió a leer en colegios públicos, y desde muy chavalo comenzó a trabajar. Con mucho esfuerzo personal salió adelante y se ha forjado para sí una fama de 20 años como filántropo de pies a cabeza.

Es desde hace 11 años el único Santa Claus que no espera la Navidad para regalar juguetes, y aunque también viste de rojo, se distingue de la imagen del hombre regalón de la Navidad por ser mestizo, no ser panzón, y casi nunca estar barbado.

Su nombre es Víctor Rosales Duarte, pero es más conocido como el “Santa Claus Nica”. El apodo nació aquí, en las páginas de este diario en 1999. El reportero gráfico Frank Cortés, “congeló” a un Víctor Rosales Duarte entregando juguetes a niños sin recursos, y bautizó al personaje como “El Santa Claus Nica”. Su imagen salió publicada el cinco de noviembre de ese año en primera plana. “Desde entonces soy ese, el Santa Claus de aquí”, reafirma Rosales Duarte.

Desde la casa que habita desde que nació, en un barrio de la capital, este hombre dice que la inquietud de hacer sonreír a los niños pobres le surgió a los siete años, cuando se juró que un día caminaría regalando juguetes a quienes no tienen oportunidad de comprarse uno en Navidad. “Lo pensé, y entonces era como un sueño infantil, ahora es realidad”, señala.

Voceaba periódicos en un semáforo de Managua
A esa edad, Rosales Duarte trabaja voceando periódicos en el semáforo de la Colonia Centroamérica (ahora la rotonda de ese punto de Managua). Pero no era lo único que hacía, por las tardes vendía chicha, cigarrillos, caramelos, y llegaba a cuidar carros en la Centroamérica.

“Cuando llegaba la Navidad yo pedía a mi mamá un juguete, como éramos pobres ella me decía que debía escoger entre el juguete o el estreno (ropa nueva). Mi opción siempre fue el juguete, pero mi madre compraba la ropa. Es difícil para un niño renunciar a un juguete”, explica Rosales Duarte.

Cada Navidad el “Santa Claus Nica” padeció de lo mismo. “Yo me quedaba con las ganas (del juguete) porque miraba a los otros niños con sus juguetes el 25 de diciembre”, cuenta. Afirma, sin embargo, que nunca padeció envidia por ello, todo lo contrario, “eso me hacía pensar que un día debía compartir con los que no tienen. Eso me lo enseñó mi madre”.

Después de cumplir el Servicio Militar en 1990, se ganó la vida vendiendo cigarrillos en las calles, y en las madrugadas se convertía en un “filero” en el anexo a la Casa de Cambios, donde logró recoger 500 dólares.

Con ese dinero se fue a Guatemala a comprar mercadería para vender (especialmente ropa). Mientras caminaba por las cercanías de su casa se encontró un carretón de caballos que llevaba a 12 niños. “Sus rostros eran tristes”, recuerda. Pensó: “Estos niños desean aquellos juguetes que yo tanto quise y no pude tener”.

Su reacción fue irse al Mercado Oriental, donde les compró 12 caballitos de plástico con manila y se los llevó. Fue en ese momento en que “yo estaba reviviendo el sueño del juguete que tanto quise, sentía que yo lo recibía en el momento en que a esos 12 niños les entregué sus respectivos juguetes”.

Rosales Duarte vive del portón de la Normal dos cuadras arriba y tres al sur. Antes, en el mismo lugar, había una casita muy humilde que se estaba cayendo. Era una vivienda prefabricada que su mamá construyó con mucho empeño, pero él con el esfuerzo de su trabajo la levantó en concreto sólido. “Ya desde ese tiempo venía compartiendo con los más necesitados la mitad de mis ganancias”, anota.

Altruismo lo inició en 1990
Su labor altruista la inició en 1990 con aquellos 12 niños. En 1991 les dio juguetes a 50 niños; en 1992, a 150; en 1993, a 350. En 1994 ya alcanzó a entregar juguetes a 1,500 niños, y después a 3,350. Al año siguiente logró llevarles alegría a 5,000 niños. “Ahora, en forma consecutiva, le he estado dando juguetes a 12 mil niños en diferentes lugares del país”, explica.

Según el “Santa Claus Nica”, Dios le ha ayudado para conseguir recursos y poder llevarles juguetes a niños que viven en lugares remotos, llenos de pobreza, como Ramakí, Atlántico Norte y Sur, Río San Juan, Solentiname y El Menco, entre otros.

El Menco está cerca de la Isla Zapatera. Es una comunidad a la que Rosales Duarte le ha puesto “el ojo altruista”. “Allá no sólo llego con juguetes, llevo palomitas de maíz, almuerzo, pizzas y zapatos”, dijo. Para el apoyo de esos niños ha contado con el respaldo del ingeniero Fausto Vasconcelos y de su esposa Milena, quienes han asumido todo el gasto para llevar alegría a esos niños.

Aclaró que los juguetes que entrega son de calidad, y para las personas que se preguntan cómo el Santa Claus Nica hace para conseguir esos juguetes que regala, la repuesta es que “todo viene gracias a Dios”. “Es gracias a Él que ahora soy el Santa Claus de todo el año”, añade.

Cuenta que hay quienes lo llaman pidiéndole apoyo en alguna desgracia. “He recibido llamadas de varios canales de televisión, así como de algunas radioemisoras, adonde personas llaman pidiendo ayuda para conseguir un ataúd, cuando ha habido un muerto en esas familias pobres. Usted sabe que la muerte, cuando llega, no tiene hora ni día”, anota.

Rosales Duarte dice que, para ese fin, cuenta con el apoyo de Funeraria El Alba, sus propietarios, Jorge y Patricia, han creído en él y han escuchado las necesidades de varias personas.

El ataúd más barato ronda los 2 mil córdobas. El acuerdo al que han llegado con El Alba es que ellos asumen la mitad del costo, y, la otra, Rosales Duarte. “Me ha pasado que a veces no tengo dinero para pagar la mitad del costo del ataúd, entonces les quedo debiendo y busco cómo pagar después. De esa manera sé que ayudamos a mucha gente”, señala.

Durante el invierno pasado, Rosales Duarte entregó 32 ataúdes en un mes a gente muy pobre. Personalmente se encargó de entregar los cajones. También ha apoyado a otras personas pobres con exámenes médicos, como tomografías y medicamentos.

Sus mejores amigos

Cuenta Rosales Duarte que dentro de esta labor altruista que viene haciendo, ha cosechado a los que calificó como sus mejores amigos, entre ellos menciona al embajador de China Taiwan en Managua, Chin Mu Wu; el ingeniero Vladimir Delagneau, Gerente General de Tecnosol; Martha Sacasa, propietaria del Canal 2; Francisco López y Manuel Aburto, de Caruna. “Esos amigos apoyan que los juguetes lleguen a los lugares más remotos del país”, señala.

Dice que muchas personas le han preguntado por qué bajó las actividades en Managua, ya que antes, por ejemplo, Rosales Duarte reunía en las afueras de su casa a unos 7,000 niños, les regalaba juguetes y los montaba en juegos mecánicos que también se instalaban como parte de la actividad.

“La verdad es que en este país hay pobreza, somos pobres todos, pero en el campo hay miseria. Por muy pobres que seamos aquí --en Managua-- escuchamos las campanitas de los esquimos, y uno de nuestros hijos nos dice: ‘Papá, yo quiero un esquimo’, y se lo damos, en la tarde quiere (el niño) un meneíto, y se lo damos, pero en el campo no se ven los esquimos ni los meneítos”, explica al respecto.

En la reciente entrega de juguetes y alimentos, a Rosales Duarte lo acompañó el embajador taiwanés, quien fue testigo de lo difíciles que son algunos viajes a comunidades remotas. “Antes, por ejemplo, para llegar a San Carlos con una mala carretera tardábamos hasta 12 horas, ahora que está buena nos tardamos la mitad, pero aun así es cansado”, relata.

Lugares donde estudió

Rosales Duarte estudió la primaria en el Colegio “14 de Septiembre”. Se bachilleró en el Instituto “Miguel de Cervantes”. Como fue enviado a cumplir el Servicio Militar ya no pudo estudiar en la universidad.

Pero él dice que no se lamenta por no haber logrado un título universitario. “Es triste, pero es una realidad: ahora hemos visto hasta médicos y abogados taxeando debido a la falta de empleos. Yo me dediqué a hacer comercio, he logrado sobrevivir y a la par ayudar a mucha gente. No tengo dinero, lo que tengo es amor y mucha voluntad. Esas son mis riquezas”, explica.

Actualmente vende placas metálicas para abogados, conmemorativas para difuntos, comercia señalizaciones y trabaja en la elaboración de mantas. Hay quienes lo han visto a la una o dos de la madrugada instalando mantas y rótulos. Rosales Duarte tiene cuatro hijos, tres niñas y un varón. Una de sus hijas, Marcia Rosales, estudia periodismo en la UCA.

¿Por qué un traje de Santa Claus?

Sobre el uso del traje rojo de Santa Claus, Rosales Duarte dice que él se considera el verdadero Santa. “Es que el Santa que conocemos vende una imagen comercial y nunca les da nada a los niños, son sus padres los que compran. No es que me esté alabando, digo la verdad, soy el verdadero Santa Claus, porque a cambio de nada doy y llevo felicidad a todos los rincones de este país”, explica.

Sus padres, Olga Duarte y Alberto Rosales, están vivos. A su progenitora, Rosales Duarte le construyó una casa igual a la suya. “Nací en el barrio La Fuente y aquí sigo, he tenido oportunidades con casas comerciales que otorgan crédito, pero no me gusta ese sistema, por lo que quiero estar siempre al lado de la pobreza y las necesidades”, dijo el Santa Claus Nica, quien le pide a Dios sólo salud y gente que lo ayude a seguir ayudando.

“No le pido ni riquezas ni poder, porque el que tiene esas dos cosas no siente ni el dolor ni la necesidad para poder ayudar”, dice. “Me hace mucha falta plata y ayuda, pero no podemos exigirle a nadie, porque eso sale del corazón”, dijo.

A pocos días que termine 2010, Rosales Duarte ha recibido 600 cartas de toda Nicaragua, “pero no tengo para suplirlos a todos”. “Se me han quedado sin juguetes 1,500 niños a quienes les prometí visitarlos. Creo que voy a tener que ir a fiar al mercado para llevarles esos juguetes. Pediré pagarlos en un plazo de seis meses”, dice el Santa Claus Nica.

En un tiempo tuvo un taxi con el que se ganaba la vida, después vendió peluches, espejos, y ahora lleva 10 años de estar vendiendo placas metálicas y rótulos. Tiene su propio taller de fundición con ocho trabajadores.

Finalmente, Rosales Duarte aprovechó esta página de END para enviarles un mensaje de Navidad a los nicaragüenses. “Que todos estemos llenos de amor y de alegría en nuestros corazones, porque últimamente está reinando la envidia y el odio entre nosotros. Dejemos las malas cosas atrás y veamos hacia el futuro”, invitó.

ebarberena@elnuevodiario.com.ni