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“El 27 de diciembre de 1974, una escuadra de 13 hombres precariamente armados reduce a la impotencia al enemigo somocista que disponía de gran poder económico y de un poder militar que incluía miles de hombres, cañones, tanques, aviones y fusiles de gran poder de fuego, afirmaba en ese entonces el comandante Carlos Fonseca. Mientras duró la acción, el poder en Nicaragua fue ejercido por el FSLN; la audacia, decisión, arrojo, y en suma la justicia y superioridad moral del causa de Sandino propinaba a la dictadura, el más duro golpe que hasta entonces había sufrido, iniciando la ofensiva que habría que aniquilarla el 19 de julio de 1979”.

“La acción exitosa concluyó con la publicación de comunicados revolucionarios en todos los medios de difusión del país incluso los gobiernistas y lo que es más importante la liberación de presos políticos, entre ellos, miembros de la Dirección Nacional de la Organización, el comandante, hoy presidente José Daniel Ortega Saavedra, José Benito Escobar, los compañeros Julián Roque Cuadra, Óscar Benavides, Lenín Cerna Juárez, Jorge Sinforoso Bravo, Jacinto Suárez Espinoza, Manuel Rivas Vallecillo”.

Los caídos para entonces
“Terminaba así una etapa de lucha, en donde forjaron con su sangre patriótica tantos caídos como los héroes del Bocay: Julio Óscar Romero, Julio Buitrago, el internacionalista Patricio Argüello Ryan, Igor Úbeda, Casimiro Sotelo, Edmundo Pérez, Roberto Amaya, Hugo Medina, Leonel Rugama, Róger Núñez, Mauricio Hernández Baldizón, David Tejada, Silvio Mayorga,  Otto Casco, Francisco Moreno, Fausto García, Carlos Tinoco, Carlos Reyna, Noel Argüello, Orlando Castillo, René Tejada, muertos en una secular represión que se extendía en áreas rurales y urbanas; en las ciudades entregan sus vidas: Selim Schible, René Carrión, Marcos Rivera, Aníbal Castillo, Alesio Blandón, Enrique Lorente, Luisa Amanda Espinoza, Juan José Quezada, Jonathan González, Óscar Turcios, Ricardo Morales Avilés, Mauricio Duarte y tantos otros”.
“La población, en diciembre del 74 (aún sobrecogida por los efectos del devastador terremoto que asoló la capital a finales de 1972), se entregaba a la memoria de sus muertos en medio de las tensiones de una existencia material, irreparablemente fracturada por el hambre, la escasez, la intemperie de hogar, las enfermedades, y, sobre todo, el sentimiento de impotencia ante los escandalosos desafueros cometidos por los poderosos y por el ejército personal de Somoza, más las especulaciones con el hambre, el hurto de la ayuda internacional al pueblo de Nicaragua, que pronto pasó a manos de altos militares y funcionarios del régimen de Somoza; diez mil muertos, más de cincuenta mil heridos y alrededor de doscientos mil damnificados, no eran motivo dramático para sensibilizar a quienes con afán de lucro desmedido buscaban consolidar aún más su poder y aumentar su incalculable fortuna.

Ésta era la realidad que vivía Nicaragua, cuando el Comando “Juan José Quezada” irrumpió en la residencia de un ministro Somocista exclamando: “Ésta es una operación política militar, manos a la cabeza y contra la pared, somos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, VIVA SANDINO”.