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Para Azalia Solís, directiva del Movimiento Autónomo de Mujeres de Nicaragua, MAM, afirmar que se ha cumplido con el tercero de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio, ODM, encaminado a eliminar las desigualdades entre los sexos en la educación primaria y secundaria a 2005, y en todos los niveles de educación en 2015, es estar viendo la realidad con un solo ojo y no con los dos.

Solís, una de las dirigentes feministas más reconocidas del país, asegura que los números son fríos y huecos cuando chocan con la realidad que contrasta abiertamente con ellos, pues la igualdad entre hombres y mujeres no se mide por el hecho que en las aulas existan más niñas que niños ni por cuántos puestos en cargos públicos de dirección están en manos de mujeres.

Reconoce que hay progreso cuando se observan las leyes que se han aprobado y que se piensan aprobar para proteger a las mujeres, pero cada una de ellas pierde fuerza cuando a través de la penalización del aborto, se le resta valor a la vida de las féminas frente a la de los hombres.

Se dice que el tercer objetivo ha sido alcanzado y sobrepasado en Nicaragua, ¿cuál es la visión de ustedes los movimientos feministas al respecto?
Yo definiría las cosas de las siguiente manera: en cuanto a la educación, hay un problema que no se ha resuelto, porque en el país existen 500 mil niños que no entran al sistema escolar, entre los cuales hay una buena proporción y quizás la mayor cantidad sea de niñas, y eso pone en cuestión el dato frío que haya más niñas que niños en las aulas de primaria, secundaria y la universidad incluso.

En relación con la generalidad de la educación, que también tiene que ver con la igualdad, es la cantidad de niñas que salen del sistema de educación, que en su gran mayoría no pasan del cuarto grado, es decir, la deserción escolar es muy grande, y la de las niñas siempre es mayor, aunque ha habido casos --como en los años 80, por la guerra--, en que se provocó que carreras que eran masculinas --como ingeniería o medicina-- por la movilización de los hombres, fueran copadas por mujeres, es decir, no se debe de perder de vista el contexto político social en todo esto.

Con base en ello, debo decir que aunque los números fríos digan una cosa, la igualdad no es un asunto de números, sino de acceso y de resultados, y cuando tenemos en el país el problema de acceso a la justicia...

El gobierno dice que hay más equidad en la distribución de los cargos públicos, y eso lo muestra como un avance también. ¿Qué opinan sobre eso?
Sí hay más ministras en cantidad, y meten en esa cuenta a la secretaria general del Ministerio de Defensa, pero, además, hay más ministras en un momento en el que no es nada significativo serlo, en términos de poder de decisión, porque el poder se ha recentralizado en el presidente Ortega y en su esposa, lo mismo con las alcaldesas y vicealcaldesas.

Y si vos analizás los datos, en diez años que tiene la firma de las Metas del Milenio, el año en el que más se descabezaron cargos ocupados por mujeres fue en 2007, cuando asumió el gobierno actual, y por eso es que no hay avance.

La educación que se imparte en las aulas, ¿cuánto ayuda al empoderamiento de la mujer que es una de las esencias del objetivo tres?
No existe hasta este momento una educación liberadora, que dé espacio a la mujer para saltar las barreras que históricamente ha tenido. La currícula escolar sigue siendo conservadora, no se trata de una educación que reconozca a la mujer como sujeto social y político, no es una educación amplia de derechos humanos, y si no, miremos cómo ha aumentado la violencia y la saña contra las mujeres, lo que demuestra una caída en el sistema de atención integral. Todo nos da una igualdad mínima.

¿Cuánto pesa el tema de la penalización del aborto terapéutico al momento de afirmar que se cumplió el tercer objetivo?
El gran problema que tenemos aquí es el asunto de la desinformación, y hay una enorme brecha de desigualdad entre los que pueden acceder a información y los que no, porque hasta ahora es muy difícil saber si son ciertas las cifras de analfabetismo, las de muertes maternas, por la política de esconder los datos.

Nosotros tenemos como hipótesis --y lo dijimos en el año que se penalizó el aborto, que fue 2006-- que esa decisión iba a ser catastrófica para las mujeres, y no sólo por la inmediatez de alguien de necesitar salvar su vida por medio de un aborto, sino porque en el imaginario colectivo, el mensaje que le envías a toda la sociedad, es que la vida de las mujeres vale poco, vale menos que la de los hombres o que no vale nada, y las tres cosas son negativas y refuerzan la desigualdad, porque la violencia contra la mujer ha aumentado, los feminicidios también, y, como dije, la saña.

Pero no sólo eso. La penalización del aborto condena a muerte a las mujeres pobres, porque las pudientes siempre podrán arreglárselas para resolver algún problema que les pueda costar la vida por un embarazo riesgoso, porque podrán salir del país a buscar ayuda o a lo interno sabrán qué hacer, pero la mujer pobre está lista y servida, porque no puede hacer nada por su vida.

Entonces, ¿hay un serio contraste entre los números y la realidad?
Es que los números fríos dicen una cosa que está absolutamente distante de lo que realmente pasa, porque la igualdad tiene que ver con la libertad, con derechos humanos, con la autonomía, con respeto a la mujer, que diga lo que piensa sin temor de ser reprimida o agredida, no es un asunto de dos varones y dos mujeres, tiene que ver con un concepto muchísimo más amplio.

Nadie puede decir que el objetivo está sobrepasado cuando hay una ley que prohíbe a la mujer salvar su vida, lo cual violenta abiertamente los derechos humanos, y así lo han confirmado diversas entidades de las mismas Naciones Unidas.