•  |
  •  |
  • Corresponsal de Bluefields / END

Para saciar el apetito de los turistas que llegan a San Andrés --ávidos de suculentos platos de mariscos--, los tripulantes de las embarcaciones piratas (generalmente hondureñas) que pescan ilegalmente en aguas del Caribe nicaragüense, con permiso colombiano, tienen que soportar una odisea de meses para poder garantizar el sustento de sus familias.

Tal es el caso del catracho Daniel Sanders Arróliga, un veterano pescador de 50 años, quien confesó a EL NUEVO DIARIO que tiene más de dos años de no ver a sus hijos que residen en La Ceiba.

“Mi situación es difícil porque soy viudo, pero no puedo estar con mis hijos porque tengo que buscar qué darles de comer. Paso hasta dos meses sin ir a puerto, y cuando llego a San Andrés lo primero que hago es enviarles dinero a mis muchachos”, relata Sanders.

El viejo “lobo del mar” dice que en el “Sea Star” tienen que trabajar duramente desde que amanece hasta que anochece, tirando y sacando las nasas del mar para capturar langostas. “Sin embargo, después que concluye la jornada, tenemos que tomar los anzuelos y ponernos a pescar todo tipo de peces que vendemos cuando llegamos a San Andrés, de esa forma nos pagamos nuestra jornada en alta mar”, confesó el marinero.

Según Sanders, los dueños de barcos apenas pagan 3 dólares a cada pescador por cien libras de langosta capturadas. Este marinero se declaró sorprendido al enterarse de que en Nicaragua el marinero gana 2 dólares por cada libra de langosta acopiada, lo que también resulta injusto para los dirigentes del gremio, porque los empresarios obtienen 18 dólares por cada libra de ese crustáceo que exportan.

Otro tripulante del “Sea Star” que se identificó como Wilson Telesforol, oriundo de San Andrés, cuenta que los capitanes de barco duermen en confortables camarotes y disponen de inodoros y otras comodidades de una casa moderna; “sin embargo, los marineros dormimos a la intemperie en la cubierta y defecamos en un retrete que cuelga de la popa y se columpia peligrosamente sobre las olas, y ya sabes que si caes al mar te esperan las fauces de las barracudas o de los tiburones”.

Santos Cardoza, tripulante del “Capitán Maverick”, cuenta que salió en junio de 2007 de su natal Olanchito (Honduras) para ir a pescar en el Caribe. “He trabajado en construcción, recolectando bananas y en otra actividades, pero como está difícil conseguir empleo tuve que embarcarme, pero aquí también está difícil la situación, porque cada día hay menos langostas en el mar”, lamentó.

Ambrosio Hudson, un pescador de San Andrés y tripulante del “Miss Sherline”, también reveló que una de las situaciones más difíciles de sobrellevar es la mala alimentación. Mientras escruta el horizonte con mirada triste, este marinero ruega a las autoridades nicaragüenses que no les requisen el cargamento de pescado.

“Deberían saber que los dueños de barcos son adinerados y pueden amortiguar la pérdida de las langostas que les decomisan, pero para nosotros (marineros), sí es grave que nos quiten el pescado, porque de ahí sale la comida de nuestras familias”, comentó Hudson, quien dice que ellos (pescadores) no saben si están pescando en aguas nicaragüenses, y, por lo tanto, la culpa es de los capitanes de las embarcaciones.

En menos de 10 días, el Distrito Naval del Atlántico ha capturado cuatro embarcaciones hondureñas, con 117 tripulantes, pescando ilegalmente en aguas del Caribe nicaragüense, con permiso de Colombia. Ahora estos marineros esperan que los regresen a sus países de origen.