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Las pandillas son un problema que necesita acciones concretas que les permitan a los jóvenes tener fuentes de ingreso que los mantengan al margen de la delincuencia.

Según el sociólogo Óscar René Vargas, sólo existen dos caminos para lograrlo: la educación y la generación de nuevas fuentes de trabajo.

“En 2010, 55 mil estudiantes se bachilleraron, pero de este total sólo 22 mil van a entrar a la universidad. Eso significa que 23 mil bachilleres van a quedar fuera del sistema, porque las universidades no tienen cupo para absorberlos. Entonces, la solución es crear escuelas técnicas que le den una oportunidad laboral a los jóvenes en el futuro“, señaló Vargas.

El otro paso es generar nuevas fuentes de trabajo en coordinación con la empresa privada.

“Yo creo que otro paso que hay que dar es la coordinación entre el Estado y la empresa privada para generar proyectos en los que ambos salgan beneficiados. Por ejemplo, existen municipios que no tienen carreteras ni adoquinados. Si como Estado impulso proyectos de este tipo, resuelvo dos problemas. El primero es que garantizo que lo que se produce en el municipio pueda ser comercializado, y segundo que los jóvenes tengan trabajo”, enfatizó Vargas.

Limitar carreras sobresaturadas

Poner un cupo límite a las carreras que están sobresaturadas es otra de las soluciones que propone Vargas, ya que garantiza que no se lancen al mercado laboral jóvenes que nunca van a encontrar una plaza de trabajo ni a sufrir la frustración que genera el desempleo.

“El Estado tiene que poner un límite a las carreras que no necesita, tales como Administración de Empresas y Derecho, así como ofrecer becas para otras carreras, como las ingenierías, que sí tienen demanda y son necesarias”, explicó.

Incluir el tema de la violencia dentro de la reforma al currículum de educación, es otro paso importante para que los jóvenes aprendan las consecuencias que tienen los delitos, cuáles son y cómo afectan su vida.

“En Nicaragua la violencia se vive y se aprende por la situación de marginación social que hay en el país y la diferencia de clases sociales. Es inminente hacer un trabajo exhaustivo desde las aulas de clases para que los jóvenes aprenden que las pandillas sólo pueden llevarlos a la muerte”, dijo.

En el año 2010 la Policía recepcionó 200 mil denuncias, lo cual indica que la tasa de delitos crece más rápido que la población.

Una nueva Reforma Agraria

El sociólogo Vargas también propone una Reforma Agraria que permita que los jóvenes cultiven la tierra y se conviertan en fuerza de trabajo para que no recurran al crimen para sobrevivir.

“Aquí hay un problema importante. En la época de Doña Violeta las cooperativas agrícolas no se legalizaron y los campesinos vendieron sus tierras. Se necesita una nueva reforma agraria donde los jóvenes sean beneficiados con la tenencia de la tierra y con el aprendizaje de modernos sistemas productivos”, aconsejó.

En cuanto a los programas gubernamentales dirigidos a combatir la pobreza, Vargas no los considera una opción viable.

“Regalar una gallina, un chancho o una vaca, no soluciona nada si no va acompañado de capacitación, porque la gente se los come en vez de usarlos como fuente para generar leche y huevos que puedan venderse posteriormente. Regalar no es la respuesta. La solución es enseñarle a la gente las técnicas productivas para que ellas generen su propia riqueza y no tengan que robar”, alegó.

Los medios de comunicación también pueden ser parte de la solución si enrostran la violencia.

“La nota roja no es la mejor opción, pero al menos por ahora, es una alternativa que permite la visibilización de la violencia. A través de los canales y medios escritos, la ciudadanía se da cuenta del peligro que se vive en las calles y la pérdida de valores que están sufriendo los jóvenes.

Recordemos que el 75% de la población es menor de 30 años y que ellos son el futuro de la nación”, enfatizó el sociólogo.

La brecha tecnológica y la publicidad también originan violencia, ya que menos del 2% de la población tiene acceso a Internet y a bienes de lujo.

“La falta de recursos económicos que permitan adquirir toda la gama de productos que se ofrecen a través de la publicidad, es origen de un gran resentimiento social que fomenta la delincuencia. Una forma de contrarrestarlo es grabar estos productos con un impuesto de un 0.5%, que permita crear un fondo para programas de reinserción”, indicó Vargas

La reinserción social
Según Liseth Méndez, del Centro de Prevención de la Violencia (Ceprev), la familia y los programas de reinserción social son parte de la solución a la delincuencia juvenil.

“El papel de la familia es esencial, porque actúa como un mecanismo protector. Los padres deben crear un clima agradable, estar pendientes de los cambios de humor de su hijo, conversar con él, no mermar su autoestima con ofensas ni recriminaciones y darle mucho cariño. Eso le crea un soporte que lo ayuda a escapar de la violencia”, explicó Méndez.

Los programas que impulsan organismos como el Ceprev, le brindan al joven la oportunidad de reintegrarse a la sociedad, y son otra opción para escapar del mundo que está a las sombras de la ley.

“Nosotros estamos pendientes de las becas que ofrece el gobierno, ayudamos a los jóvenes que quieren salir del círculo de la violencia a conseguir trabajo, les limpiamos su record policial, hacemos talleres sobre la necesidad de vivir dentro de las reglas sociales, brindamos charlas motivacionales, asistencia sicológica y marchas contra la violencia”, explicó Méndez.

El Estado también puede ser parte de la solución si crea alianzas con las empresas para que contrate jóvenes sin experiencia pero con espíritu de superación.

Las pandillas son una realidad que se alza ante nuestros ojos, pero como toda práctica aprendida y no innata al ser humano, pueden desarticularse si los jóvenes cuentan con las oportunidades de desarrollar todas sus potencialidades.