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Marta María Blandón, Directora del Ipas Centroamérica, es franca cuando dice que se han hecho esfuerzos para mejorar la salud materna en Nicaragua, pero que lo que se ha hecho es insuficiente, pues los números en lugar de variar hacia la mejoría y acercarse a las metas del quinto de los Objetivos del Milenio, ODM, nos alejan de ellas.

¿Cómo estamos en cuanto al Quinto Objetivo del Milenio diez años después de firmadas las metas?
Hay quienes dicen que ésta es una de las metas más difíciles de cumplir, y creo que tienen razón, porque mejorar la salud materna implica una estrategia global que no va sólo con aumentar el servicio y el acceso, sino que tenés que verla vinculada a un programa que respete a la mujer en el sentido más amplio de la palabra, como un autor social importante y no como un ente reproductivo que se debe cuidar en su embarazo.

Para hablar de mejorar la salud de la mujer, debés mejorar condiciones sociales, económicas, políticas, y en condiciones de igualdad, y nuestro país y el Estado en general, tienen muchos desafíos y muchas brechas para cumplirles a las mujeres en políticas públicas que respondan a la equidad e igualdad que reclamamos.

Hay esfuerzos importantes, el Instituto de la Mujer camina en algunos aspectos, la nueva dirección de Isabel Green, le ha dado empuje y atención, pero lo que se ha hecho es limitado e insuficiente, porque falta sumar esfuerzos en el Estado y también hacer sinergia con todas las otras instituciones que trabajamos por los derechos de las mujeres.

¿Qué datos son los que manejan ustedes como Ipas?
Es difícil hablar de cifras y darlas como válidas cuando la información sigue siendo secreta, y eso es grave, porque puede ser que se haya avanzado en áreas, pero como no tenés la foto completa, no se puede hablar con propiedad, porque yo puedo decir que el parto institucionalizado ha logrado mayor cobertura y se ha disminuido la muerte materna hospitalaria, pero eso es sólo un pedazo del problema y eso lo que provoca es no saber hacia dónde se deben enfocar los esfuerzos.

Los datos que tenemos son hasta la semana 29 de 2009, es decir, casi dos años de rezago sin informes oficiales, pero podemos decir que el comportamiento de los datos se mantuvo constante en los últimos tres años, bajando tres o cuatro números en muertes. Se hace un esfuerzo grande por obtener los datos, y, por tanto, siempre habrá un sub registro.

También creemos que hay diferencias cuando desagregamos los datos, porque cuando se revisan nos encontramos que el mayor porcentaje de mujeres muertas son de zonas rurales, de las más alejadas, y con nivel académico bajo, lo que quiere decir que por cada mujer que se muere en el área urbana, fallecen dos en la zona rural y tiende a aumentar. En los grupos de mujeres por edad, hay un 20% que se muere antes de los 20 años, un 60% que lo hace entre los 20 y los 35 años, y el de las mayores de 35, que representan el porcentaje restante.

Los datos dan fe del comportamiento de muertes obstétricas directas, obstétricas indirectas, y en estas últimas hay un aumento significativo, que presumimos tiene que ver con el problema que enfrentan los médicos cuando les llega una mujer con complicaciones, porque no la quieren tocar, para evitarse problemas legales por el asunto de la penalización del aborto.

Otro elemento son las muertes no obstétricas, que se trata de mujeres que estaban embarazadas y que murieron en actos como accidentes, picaduras de serpientes y suicidio, y de acuerdo con los testimonios e investigaciones hechas por organismos, enfrentaban embarazos no deseados o imposición de embarazos, entre otras razones.

En esa semana 29 de 2009, ¿qué decían las cifras?

Comparando esa semana con la misma de 2008, hay un incremento de 16 muertes más, es decir, en 2008 había 33 muertes, y el año pasado a esas alturas había 49, prevaleciendo en muertes el Caribe Norte y Managua, que es adónde vienen las mujeres de otras zonas a buscar cómo atenderse.

Lo que ocurrió en 2008 es que se hicieron algunos esfuerzos, y la muestra es que en 2006 se murieron 115 mujeres, en 2007 bajó a 95, porque se hicieron esfuerzos extraordinarios por parte del Minsa para tratar de quitar argumentos contra nuestra demanda de restitución del aborto terapéutico, buscando decir que la penalización no tiene incidencia en las muertes maternas, pero luego en 2008 ya se descuida el asunto porque se hizo énfasis en otros temas como las elecciones, ya se disparó el dato y en 2009 más aún.

¿Qué se puede hacer frente a esa negativa de brindar información oficial de los datos?
Esto es un problema serio, porque en Nicaragua y en cualquier país del mundo, el indicador de muerte materna es un indicador de desarrollo aparte de los ODM, y por eso creo que aunque el gobierno hace esfuerzos y nosotros colaboramos con el Minsa por medio de un convenio para apoyar las acciones que disminuyan las cifras de muerte, hay muchos desafíos y el acceso de información es vital. No mostrar las cifras es una cuestión de índole política que no sólo tiene que ver con la muerte materna.

Si la política fuera más abierta a informar con esfuerzos como los que hacen con nosotros, podrían tener como resultado panoramas más inspiradores para indicar a la población que si bien es cierto que el asunto no se resuelve, se camina en dirección de mejorar.

Entiendo que la muerte materna vinculada al aborto es un hecho, pero también hay otras causales que no tienen que ver con el aborto, que están aumentando y que tendrían que mostrar las cifras para ver qué se puede hacer, pero por tratar de ocultar cifras se sacrifica la posibilidad de que los organismos intervengamos para mejorar otras situaciones que no tienen que ver con el aborto. Imaginate que hay un dato que ni siquiera lo hemos tenido nunca, que es el de la morbilidad, que es lo que aborda el mejorar la salud materna en general y frente a las metas, no contamos con esos datos.

¿Cuánto se ha avanzado en la educación de la mujer en el sentido de que esté más informada sobre métodos anticonceptivos, planificación, etc.?
Hay esfuerzos, pero son insuficientes, y sobre todo para sectores y comunidades donde más se necesita la educación, y eso lo ves con las estadísticas, que dan fe que en la comunidades rurales las mujeres son las que más afectadas están con hijos impuestos y las mismas muertes maternas.

¿Cómo se puede explicar que un Estado que firmó los ODM en 2000, seis años después haya penalizado el aborto complicando más la atención en salud a la mujer?
Lo que pasa es que en ese momento, los diputados estaban pensando en mantener sus cuotas de poder con el apoyo de la Iglesia Católica, y no es estrategia nueva, pasó en El Salvador en 1997, en un contexto electoral del que se aprovechan los sectores religiosos para reforzar sus creencias y posiciones.

¿Qué significaría que se lograran todos los objetivos y no el Quinto?
Es difícil que se cumplan los demás, sobre todo por los métodos y atajos que se hacen sólo para cumplir con las metas. Los ODM son una oportunidad para focalizar las jerarquías de necesidades de los países, pero no cumplir con el Quinto, diría yo, que es continuar con una visión de injusticia hacia las mujeres que no sólo se plasma en las Metas del Milenio, y yo he dicho que fue más fácil que la Asamblea Nacional aprobara una ley para proteger a los animales para evitar tratos crueles, que aprobar una ley que proteja a la vida de las mujeres y no las someta a tortura. Aquí falta compromiso de conciencia de los que toman decisiones y de la sociedad en general.
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