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Ni Porras ni sus matones nos callarán

Las publicaciones que ha hecho EL NUEVO DIARIO en las últimas semanas, sobre probados actos de corrupción en la Dirección General de Ingresos, DGI, y en el Ministerio de Hacienda y Crédito Público, MHCP, demuestran que la concepción de Estado-Botín no es un asunto exclusivo de determinado grupo político, sino un mal endémico que contribuye a mantener a la mayoría del pueblo nicaragüense en la pobreza y en el subdesarrollo.

Los desmanes del titular de la DGI, Walter Porras, con los recursos de esa entidad, han sido públicamente documentados y además confesos, en un alarde de apología del delito. Cualquier gobierno medianamente decente ya lo habría destituido, y las entidades facultadas para cuidar del uso de los recursos públicos, le hubiesen abierto una investigación de oficio.

Lo único que se ha tratado de hacer es una auditoría de la Contraloría General de la República, y los auditores se han tragado arrogancias y ofensas de parte del funcionario. El procurador Hernán Estrada prometió profundizar sobre el asunto, pero no se conocen mayores acciones de su lado, y la Fiscalía brilla por su ausencia.

Al contrario, lo que se ha producido es una serie de llamadas telefónicas y correos que ha recibido este medio, y en particular el periodista Luis Galeano, quien ha estado a cargo de los trabajos de la DGI, advirtiéndole sobre el peligro que corre su integridad física, por lo que se ha atrevido a publicar.

Sindicalistas honestos de esa entidad se han encargado de ir brindando la información que ha aparecido publicada y de tenernos al tanto de detalles como la asamblea celebrada a las 4 de la tarde del viernes 14 de enero, en la cual Porras delante de sus allegados prometió que él “se encargaría de hacer algo” para que tanto el periodista de END como quienes le han brindado información, se arrepientan de haberse atrevido a revelar su manera de “administrar” la DGI.

Luego de llevarse a cabo esa asamblea, los sindicalistas que apoyan a Porras --la mayoría de ellos miembros de la fuerzas de choque del orteguismo-- emitieron un comunicado amenazante, haciendo ver que cueste lo que cueste su jefe seguirá al frente de la DGI y que tengamos cuidado con lo que hacemos.

Pero ni Galeano ni ningún periodista de este medio dejará de hacer su trabajo, más aún si se trata de exhibir ante nuestro pueblo a los corruptos que dirigen instituciones del Estado. Dejamos constancia, sin embargo, de que cualquier agresión que sufran nuestros periodistas, ya sabemos quiénes son los responsables.

Esperamos que otros funcionarios aludidos en publicaciones similares no recurran a las mismas advertencias y amenazas, las que contestaremos de la misma manera, ya que el día que se silencie la prensa independiente se estará terminando de acabar con la libertad de los nicaragüenses.