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El cirujano pediatra Rafael Fontirroche Cruz desertó de la brigada médica cubana ubicada en Muelle de los Bueyes. La información llegó a END a través de una nota anónima que al ser investigada resultó ser cierta, y logramos contactarlo y entrevistarlo antes que abandonara Nicaragua, según sus propósitos.

Denuncia corrupción

“Cuando yo descubrí que el director de la brigada estaba desabasteciendo las bodegas emitiendo órdenes falsas, decidí denunciarlo. Esos productos estaban destinados a los médicos de la brigada y estaban pagados por el Minsa, pero él los usaba para impulsar un fructífero negocio con dirigentes nicaragüenses. Cuando yo destapé el negocio, enviaron una carta para deportarme, y entonces huí”, relató Fontirroche.

 

Los bajos salarios y las malas condiciones de salubridad en las que vivía, fue otro de los factores que lo obligó a abandonar la brigada.


 “Todos los cubanos que estábamos allí éramos médicos especialistas que ganábamos apenas 5,000 córdobas al mes. Y eso no da para cubrir todas nuestras necesidades básicas, menos para mandarles dinero a nuestras familias en Cuba. Además, vivíamos como animales, en barracones divididos con cartones. Con un solo baño para 30 personas”, explica Fontirroche.

 

Yatama los difamaba

El otro inconveniente eran las campañas de difamación impulsadas por el partido indígena Yatama, el cual veía a las brigadas como un instrumento político que beneficiaba a Daniel Ortega, y por tanto, como un potencial enemigo para sus aspiraciones. “Los médicos no somos dioses, y no siempre podemos salvar la vida de nuestros pacientes, y de eso se aprovechaba el partido Yatama. Hacía propaganda en nuestra contra, tratando de descalificar nuestro trabajo en aras de hacerle contrapeso a Daniel Ortega”.


“La verdad es que las brigadas de médicos cubanos son un instrumento político de ambos gobiernos. Por un lado, Daniel Ortega obtiene votos, porque la atención gratuita que brindamos se revierte en apoyo popular, y, por otro lado, el régimen cubano vende la imagen de un gobierno solidario y humano. Lo que no dicen es que mientras ellos envían a sus médicos al extranjero le quitan a su propio pueblo la atención que necesitan”, señala Fontirroche.


 “Yo sé que la seguridad del Estado me está buscando, y temo por mi familia en Cuba, por las represalias que puedan tomar, pero también pienso que los cubanos no podemos seguir en el silencio. Ya es hora de hablar. Han sido 51 años de humillaciones y de maltratos a nuestros derechos humanos, y creo que es hora de decir basta”, alega. Entre tanto, Rafael confía en que un día pueda vivir en una país libre, donde sus susurros y pensamientos políticos se traduzcan en palabras tangibles.

 

Mañana: la entrevista en detalles.