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Tres niñas actualmente están viviendo vidas que no escogieron en lugares y familias a los que no pertenecían. Ahora llaman papá y mamá a personas que no las engendraron, pero que las adoptaron, luego de que fueron alejadas de sus verdaderos progenitores en una trama que tiene ribetes de telenovela.


Las hermanitas Rut Jakeline y Yoconda de Jesús Ruiz Díaz, y la niña sólo conocida como María Martínez, este año cumplirán 11 años de edad, pero en 2001 fueron separadas de sus padres cuando apenas eran bebés. Algo que tienen en común es que nacieron en hogares muy pobres.


Las personas que estaban a cargo de su cuido no pudieron retenerlas a su lado y cedieron ante las pretensiones de terceras personas para darlas en adopción, aparentemente de manera ilegal y ninguna autoridad da cuenta del paradero de las infantes.


Lo que las víctimas y sus representantes consideran desapariciones, propuestas mal intencionadas a otras humildes madres, adopciones ilegales y hasta trata de niñas en el municipio de Mulukukú; son atribuidas a la cooperante norteamericana Dorothy Granado y a la presidenta de la Cooperativa de Mujeres de Mulukukú, Grethel Sequeira Montoya.

Verdadero padre busca a sus hijas
Don Óscar de Jesús Ruiz Martínez, padre biológico de Rut y Yoconda, no se ha rendido en su lucha por recuperar a sus dos hijas, que, según él, le fueron arrebatadas de sus manos por Granado y Sequeira Montoya, quienes supuestamente con halagos y prebendas, lograron convencer a su esposa, Juana Brunilda Díaz Flores, para que las diera en adopción.


Ruiz narró que según la información que ha recibido, una de las niñas está en Mulukukú, pero la otra desapareció y presume que esté fuera del país, adoptada por alguna familia norteamericana.


El señor recordó que Sequeira fabricó todo un cuento en 2001 al acusarlo de haber violado a una de sus entenadas, lo que le costó un año de cárcel, hasta que en un juicio se comprobó, a través de un dictamen médico legal, que la víctima nunca había sido abusada sexualmente.


Don Oscar permaneció un año en la cárcel, período en que Sequeira aprovechó para presionar a su esposa, Juana Díaz, para que entregara a las dos niñas, bajo la advertencia de que también serían abusadas sexualmente por el presunto violador.

Confirmado: niñas fueron adoptadas
Sequeira y Dorotea lograron su objetivo y doña Juana les entregó a las dos niñas. Luego de recorrer muchos departamentos del país, un equipo de EL NUEVO DIARIO llegó hasta Mulukukú y logró entrevistar a doña Juana, quien ha estado trabajando desde hace siete años en la finca Paraíso, propiedad de una de las mujeres que la convenció para dar en adopción a sus hijas.

Allí estaba doña Juana, con sus ojos hermosos, barriendo el patio de la finca Paraíso. La llamamos por su nombre y… ¡lotería! Era ella. Se acercó con bastante timidez y confirmó las adopciones, una de ellas por parte de una gringa.


“Una gringa que se llama María adoptó a una de mis hijas porque yo estaba enferma. Yo la di con mi gusto y no fue que me la quitaron, para que la agarrara una familia de allá. En los Estados (Unidos) sé que está, pero no sé en qué lugar. La otra niña está aquí al lado de Santa Rita (Kuikuinita), con una señora que se llama Rafaela (García). Ella tiene un poco de dinero…yo la conozco y aquí viene a pasar consulta a la clínica (de Sequeira y Dorotea)”, aseguró doña Juana, sosteniendo un rostro que reflejaba tristeza.

Mifamilia no autorizó nada
Doña Juana y don Óscar procrearon cuatro hijos, dos ya no están con ellos y los otros dos permanecen con la señora trabajando en la finca Paraíso. “Me dio pesar dar a las niñas, (pero) en ese tiempo yo estaba casi muriendo porque estaba grave. Tenía una enfermedad”, recordó la señora.


La mamá de las niñas aseguró no haber recibido ningún documento por parte del Ministerio de la Familia (Mifamilia) donde hiciera constar que esta institución autorizaba la adopción de una de sus hijas por parte de una pareja norteamericana, y tampoco de la otra menor.

¿Y Mariíta?
Muchos niños vienen a este mundo a parar a familias disfuncionales y carentes de amor. Esta situación le tocó vivir a la niña María Martínez, quien desde su nacimiento fue objeto de rechazo por parte de su madre biológica, tuvo cariño inmediato por parte de su madre adoptiva, doña Silvia Martínez, y, finalmente, fue la razón de una nueva disputa por parte de Sequeira y Dorotea, quienes obtuvieron la custodia y aparentemente la dieron en adopción.


En el año 2000, doña Silvia Martínez, habitante de Mulukukú, estaba embarazada y recibió una promesa de una joven vecina a quien sólo recuerda con el nombre de María, quien le prometió que cuando naciera su hija se la regalaría para que ella la cuidara. Y así sucedió.


“Parece que ella (la mamá de la niña) es de esas mujeres que como son vagas y no tenía ni donde vivir, ni familia que la apoyara, entonces me dio a la niña. Yo la tuve como 15 días y ya le había comprado todo, pero llegó Grethel Sequeira, una mujer de la Comisaría de la Mujer y como tres personas más y me la quitaron, y se la llevaron a la Clínica (“María Luisa Ortiz”, propiedad de Granados y Sequeira). Después no me volví a dar cuenta que hicieron con ella”, recordó doña Silvia.

¿Quién la tiene?
Desde entonces, la madre biológica de Mariíta se fue a vivir a otro lugar y no le importó el destino de su hija, pero a doña Silvia sí le importa y aún quiere recuperarla, por eso pide explicaciones a Mifamilia.


“Lo que yo me enteré es que dicen que llegaban unos gringos de los Estados y una pareja gringa le había encargado una pareja de niños a Grethel y Dorotea, y que por eso ella me quitaba a esa niña porque la iban a llevar a otro país con otras niñas…En eso estamos, averiguando si ellas vendieron a los niños, pero al saber cómo hacen para transportar niños a otros países”, manifestó la afectada.

Extrañamente sólo niñas
Según las víctimas, Granados y Sequeira “tiraban el anzuelo” a las adolescentes, pobres y futuras madres, al proponerles algunos beneficios a cambio de que les entregaran los infantes. La joven Martha Valdivia, de 26 años, actualmente habita en el municipio El Crucero, de Managua, pero recuerda que cuando apenas tenía 14 años y vivía en Mulukukú, recibió una propuesta que la hizo dudar.


“Ellas me dijeron que si yo tenía mujer, (entonces) que se la diéramos para dársela a otra gente que tenía más facilidades en otro país y que me iban a dar una ayuda, pero no me dijo de cuánto era la ayuda. Yo no lo quise dar y mi mamá se opuso a darlo y me dijo que aunque fuera niño o niña no lo íbamos a dar y lo íbamos a criar nosotros”, aseveró Valdivia.


Y hace 11 años nació un lindo niño que ahora está al lado de su madre. Este año Martha parió a una niña y considera que si hubiera regalado a su hijo se hubiera arrepentido al no saber sobre su paradero. Doña Orbelina Valdivia Masís, madre de Martha, recordó que el marido de su hija la había dejado abandonada, pasaban por una situación difícil y que, incluso, había un gringo que quería a uno de sus hijos.


“Había un norteamericano que se llamaba David Waller, que era amigo de Dorotea y Grethel, y que me pedía a mi hijo de siete años para llevarlo a Estados Unidos porque decía que quería darle estudios, preparación y todo”, recordó Orbelina.

En auxilio de las víctimas
Fred Polichio es un norteamericano que ha ejecutado obras de beneficencia social en Mulukukú y actualmente brinda el servicio gratuito de biblioteca a los niños del municipio. Las víctimas de estos casos han buscado su ayuda y él ha tocado todas las puertas de las instituciones gubernamentales, en busca de una explicación y de justicia para los desesperados padres.


Polichio recordó que en 2004, Granados y Sequeira lo intentaron involucrar con el delito de Corrupción de Menores en contra de seis niños y niñas de entre ocho y 14 años de edad. Él no huyó y enfrentó el señalamiento y el 16 de octubre de 2005, la Fiscalía del municipio de Siuna desestimó la acusación por no tener sustento.


El norteamericano afirmó que existen más personas que han sido víctimas de las acciones de Granados y Sequeira, pero que no las denuncian debido a que han comprado su voluntad y su silencio. Como ejemplo señaló que en el año 2002 una señora, originaria de Mulukukú, a la que conoce sólo con el nombre de Zulema, dio en adopción a una niña que parió su hija, quien es conocida como “La Mudita”, por tener la discapacidad de lenguaje.


“El Ministerio de la Familia no ha metido mano en este caso y Grethel, Dorotea y esta Cooperativa corrupta, aquí en Mulukukú, nunca han tenido derecho legal de meterse en cualquier adopción. Lo que yo entiendo de la ley es que es el Ministerio el que debe autorizar”, señaló Polichio.