•   EL CAIRO/AFP  |
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Cientos de miles de personas en la emblemática plaza Tahrir, de El Cairo, estallaron en un rugido de "¡Vete, vete!", el jueves por la noche, en cuanto se supo que el presidente Hosni Mubarak delegaba poderes pero sin renunciar al cargo.


Mostrando su ira, la multitud, que desde hacía horas abarrotaba el epicentro de la protesta contra el régimen egipcio en espera del discurso de Mubarak, explotó en violentos gritos de "Te vamos a enterrar bajo tierra" y "El pueblo exige la caída del régimen".


El aire se impregnaba de decepción y empezaron a oírse llamados entre la multitud a dirigirse al Palacio Presidencial y sacar a Mubarak de allí por la fuerza.
En un esperado discurso televisado, Mubarak, enfrentado a una rebelión que exige su renuncia inmediata, afirmó que participará en la transición política hasta las elecciones presidenciales de septiembre, aunque anunció que delegará poderes al vicepresidente Omar Suleimán, sin precisar cuáles.


Dijo, asimismo, que está determinado a vivir y a morir en Egipto, desalentando a los que esperaban que partiese al exilio.


"¿Dónde está el ejército? ¿Dónde está el ejército egipcio?", coreaba una muchedumbre furiosa, que poco antes había oído que las Fuerzas Armadas estaban tomando "las medidas necesarias para proteger a la nación y apoyar las legítimas demandas del pueblo".

 

De la sonrisa a la furia
En este mismo lugar, teñido ahora de indignación, pocas horas antes la multitud se había entregado a una fiesta de júbilo con la casi certeza de que el “rais” anunciaría por fin su dimisión.


"El pueblo quiere juzgar a Hosni Mubarak", había coreado insistentemente la multitud agitando banderas egipcias, pancartas y fotos de los mártires. Unas 300 personas perdieron la vida en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad desde el inicio de la sublevación, según la ONU.


Rostros de seriedad y de tristeza reemplazaron en la plaza a las sonrisas reinantes pocas horas antes en la plaza de la Liberación (Tahrir).
"Me siendo decepcionada, desgraciada y muy triste, porque Mubarak nos ha vuelto a vender", afirma con lágrimas en los ojos Manal Ghannamy, activista del grupo prodemocrático "Todos somos Jamal Said".


Con su actitud, "Mubarak quiere provocar el caos, que el país se inflame, que los manifestantes, exasperados, comentan actos de violencia y que así perdamos credibilidad", afirma su hermano Mohamed, recordando, sin embargo, que ésta es una "revolución no violenta".


"Nos quiere desgastar, empujarnos al límite. Pero somos fuertes y resistiremos, nos quedaremos aquí hasta el final", afirma otra hermana Sally. Los tres están acampados desde hace dos semanas en la plaza.


Antes de que la plaza se llenase a rebosar, la vasta explanada había dado cabida a múltiples estrados con oradores para todos los gustos, y en un ángulo unos 150 hombres en filas de 30 se concentraron en la plegaria musulmana.
La solidaridad entre todos era palpable, y mucha gente repartía gratuitamente agua y alimentos.


"Revolución ya, revolución", reiteraban.

Ranima Azzem, una estudiante de 16 años, acudió con sus padres.
"Lo quiero juzgar (a Mubarak) porque ha robado 70,000 millones de dólares", dice la muchacha, refiriéndose a reportes de prensa.


Si Mubarak no "renuncia esta noche, mañana habrá aquí en la plaza más de un millón de personas para el Viernes de la Cólera", convocado por grupos prodemocráticos coincidiendo con el día feriado islámico, había vaticinado su madre, Saura.


Su padre, Fathi, también opina: "Quiero que Mubarak se vaya del poder pero no del país, porque el pueblo tiene que juzgarlo. Hay que detenerlo y traerlo a esta plaza, para que vea que el pueblo tiene más poder que cualquier gobierno".