•   Tomado de La Nación de Costa Rica  |
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El 8 de septiembre del 2010, el canciller de Costa Rica René Castro declaró ante una comisión del Congreso que no le encontraba mayores problemas al dragado que Nicaragua planeaba hacer en el río San Juan.

Castro avaló el proyecto aunque dos cancilleres anteriores, Roberto Tovar y Bruno Stagno (en el 2006 y 2008), se opusieron a ese trabajo, al igual que su propio vicecanciller, Carlos Roverssi.

Todos le indicaron a Nicaragua que, antes de dragar, debía demostrar con estudios que la obra no afectaría a Costa Rica. Solo 40 días después de la declaración de Castro, el gobierno de Daniel Ortega encendió los motores de la draga Soberanía en el San Juan y, 43 días después Costa Rica protestaba por el lanzamiento de sedimentos a su territorio.

La acción nica se extendió hasta la supuesta invasión militar y terminó en un litigio en la Corte Internacional de Justicia. Ahora, el canciller Castro reconoce que debió haber hecho un “escándalo internacional” antes de que Nicaragua empezara el dragado sin aportar los estudios.

Según dijo, creyó "de buena fe" en el canciller nicaraguense Samuel Santos, quien le prometió los documentos, pero no los envió. ¿Lo traicionó Santos? “Yo creo que a él lo traicionaron”, dice Castro, quien añade que el dragado lo tomó por sorpresa. Este es un extracto de una entrevista concedida el viernes 11 de marzo.

Antes de asumir el puesto de Canciller de Costa Rica, ¿qué conocimiento tenía usted sobre el proyecto de dragado del río San Juan?

Muy limitado, porque se manejaba como secreto de Estado en Nicaragua. Incluso, todos los estudios que lo sustentaban eran considerados secretos de Estado, hasta los de impacto ambiental.

Aquí (en la Cancillería de Costa Rica), hay dos personas, Arnoldo Brenes y Sergio Ugalde, que escribieron sobre el dragado en la administración anterior y advirtieron de los riesgos. ¿Usted supo de las posiciones de ellos?
Bueno, hablamos en el momento en que la Cancillería, con Carlos (Roverssi) como ministro interino, envió una nota a Nicaragua reclamando información y que se parara el dragado mientras la información no se tuviera.

¿En ese momento empezó a empaparse del tema?
Sí.

¿Usted conoció las notas diplomáticas enviadas en el 2006 y el 2008 a Nicaragua (notas de oposición al dragado)?
En el momento en que ya las pedimos, sí claro.

¿Antes de eso las conocía?

No.

¿No tenía la Cancillería un informe sobre lo que estaba planeando Nicaragua?
No, no, no, eso... Nicaragua... Nosotros nos enteramos todos, incluidos los expertos, hasta la primera vista de la Corte Internacional de Justicia que esto estaba planeado hace años, porque ellos habían mantenido en secreto los documentos. Hasta esa fecha nosotros no supimos que era premeditado, que había un plan.

¿Cuándo supieron que Nicaragua planeaba dragar el río?
Ellos venían anunciando que iban a hacer un dragado hace años, pero, diay, nunca comenzaban, nunca lo hacían.

Y antes de eso, ¿qué información manejaban?
Se manejaba información muy variada en la Cancillería, como que en el 2006 habían traído una propuesta para un canal interoceánico que quedó en nada. Había otra información de 1977 para una hidroeléctrica llamada Brito. Entonces aquí las afirmaciones del Gobierno, y especialmente las de Ortega, se han tomado con un grano de sal.

¿Los tomó por sorpresa el dragado?
Nos tomó por sorpresa que esta vez Pastora (el exguerrillero Edén Pastora) entrara y arrancara en la fecha en que arrancó, sí.

¿Le molestó el tono de la carta que don Carlos (Roverssi) envió a Samuel Santos?
Tenemos estilos distintos de redacción, probablemente yo lo hubiera hecho mucho más ingenieril.

¿Le preocupó el tono de respuesta de Nicaragua a esa nota?

No, no, no solo eso. Yo llamo al canciller Santos de Nicaragua y él ofrece o reitera su ofrecimiento de enviar todos los documentos de respaldo, de que había estudios de impacto ambiental, de que el trabajo no hace daño a los ríos costarricenses; eso nunca sucede, y esos documentos son los que obtenemos hasta el 11 de enero del 2011.

¿Sí existían?
En el papel sí, pero no coinciden con lo que se hizo en la práctica.

¿Por qué visitó a Santos?
Él no asistió a una reunión del SICA en El Salvador. Entonces pasé a Nicaragua a conversarle. Él me da todas las garantías del tema del dragado y ofrece enviarme los documentos. Eso nunca pasó.

En ese momento de la reunión, ¿le mostraron los documentos?
No, me dijeron que había estudios de impacto ambiental voluminosos y que eran estudios de ingeniería detallados y que con mucho gusto nos iban a mandar copia.

¿Quién más estuvo?
Él y yo, solamente.

Le dicen que hay estudios, usted como ingeniero tenía que ver los estudios y esa fue la promesa.

Así es.

¿Para qué fecha le prometieron los estudios?

En forma inmediata.

Pero no llegaron.
No llegaron.

Pero usted va al Congreso...
Ah sí, pero entonces yo mandé a hacer estudios propios con técnicos costarricenses porque, al no llegar los estudios de Nicaragua y al haberme dicho verbalmente (Santos) que era pequeño, no me confío y mando a hacer estudios.

¿Recuerda qué le dijo Santos?
Sí, bueno, ya eran públicos algunos datos en la prensa, habían hablado de una reducción del caudal del 5%; habían hablado de movimientos de tierra inferiores a un millón de metros cúbicos; habían hablado de un trabajo de 42 kilómetros; habían garantizado 21 sitios de depósito de sedimentos del lado nicaraguense.

”A mí lo que más me preocupaba era el impacto inmediato en los caudales de los ríos costarricenses. Entonces, yo mando a hacer un estudio y eso me permitió ir a la Asamblea Legislativa con más seguridad de que estábamos hablando de un rango entre el que ellos afirmaban y un 12%.

¿Qué ingenieros lo hicieron?
Los del ICE.

¿Cómo podían ellos calcular el impacto si no tenían el estudio nicaraguense?

Se hacen estimaciones promedio. Es relativamente estándar.

Sin embargo, la suposición estuvo subdimensionada frente a lo que terminó siendo el trabajo.
El trabajo no corresponde a los planos ni a los documentos. Es una caricatura.

Aun así, usted fue al Congreso y dio garantía de que el trabajo no iba a tener un impacto ambiental fuerte. ¿Por qué?

No di ninguna garantía; dije que los estudios que habían hecho nuestros profesionales mostraban que, con el trabajo que se estaba planeando hacer, el impacto en el caudal de los ríos iba a ser mínimo.

”Eso fue en el mes de setiembre, los trabajos empezaron octubre. Pusieron un aprendiz de brujo a cargo del proyecto y ha hecho desastres que no corresponden a ninguno de los estudios presentados ni a los planos de ingeniería”.

¿Lo traicionó Samuel Santos?
Bueno, yo creo que a él lo traicionaron también en el sentido de que ha quedado en ridículo... haber hecho afirmaciones a nombre de su país y luego simplemente ser testigo de un ecocidio.

¿Le dijeron cómo se iba a financiar el dragado?
No, pero nosotros sí sabíamos que la economía nicaraguense tenía limitaciones muy grandes y sí me dijeron que lo que iban a invertir eran $7 millones u $8 millones.

Usted dice en el Congreso que ya habló con Samuel Santos y que lo que va a hacer Costa Rica es “monitorear sin estorbar” , que creyó en la “buena fe”. ¿Cree que actuó correctamente?
Hoy, si uno revisa hacia atrás, obviamente teníamos no solo que monitorear, sino que, posiblemente, haber hecho un escándalo internacional en el momento en que no llegaron los planos.

Usted señaló en una ocasión que lo que ocurrió con la apertura del canal fue una ocurrencia, ¿lo sigue creyendo?

No, ahora pienso que muchas cosas se han premeditado.

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