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La alerta nuclear que permanece en Japón, es el espejo de lo que sucedió en 1986 en Chernobil, Ucrania. No obstante, la situación actual podría ocasionar daños más catastróficos en la salud de las personas que viven en los alrededores de esas plantas de energía, las que podrían morir de manera instantánea, y los que sobrevivan, tienen un alto índice de probabilidades para desarrollar un cáncer de tiroides.

El especialista en medicina interna, doctor Vicente Maltez Montiel, explicó que “cuando vos tenés radiación, se tiene una sustancia noxa, es decir, cualquier elemento capaz de alterar los cromosomas, el material nuclear de la persona. Eso puede producir la enfermedad radiactiva inmediata, porque ocasiona masivas quemaduras internas, produce parálisis del líquido sanguíneo, entonces la persona muere inmediatamente”.

Recordó que las circunstancias por las que atraviesa el pueblo japonés son muy similares a las que vivieron los ciudadanos de Chernobil, cuando un reactor explotó, posteriormente una nube tóxica recorrió Europa. Ahora, un territorio grande de Ucrania no sirve para nada.

El panorama de la radiación también se parece a lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki, en 1945, cuando Estados Unidos lanzó la bomba atómica.

“Ahí vimos que en el centro donde cayó la bomba murieron 100 mil personas, luego en la extensión de la radiación, se da otra afectación a las personas que se volvieron enfermos radiactivos”, detalló el galeno.

Aún hay secuelas por Hiroshima y Nagasaki
De igual manera, comentó que todavía hay gente que en los hospitales de Japón por las secuelas que dejaron las bombas. Por eso, cuando la radiación se produce, el efecto crónico, si no mata inmediatamente, ocasiona un aumento de las enfermedades cancerosas.

“Ahorita una de las preocupaciones principales es por esta planta (Fukushima), la que ha explotado por segunda o tercera vez. El ministro ha dicho que aumentó el diámetro alrededor de la planta a más de 20 kilómetros. El hecho es que la preocupación está centrada en el cáncer de tiroides, y por eso ellos están repartiendo yodo, porque la radiación se mezcla con esa glándula y produce cáncer. Además, se aumenta en 30 veces la posibilidad de adquirirla”, detalló.

Según el doctor Maltez, para una persona que ha recibido radioterapia de cabeza y cuello, la posibilidad de adquirir cáncer de tiroides, se aumenta en un 30%.

No obstante, aclaró que a los pacientes con problemas oncológicos les recetan radiaciones porque es una forma de controlar su enfermedad, a eso se le llama el rango terapéutico, que si se excede mata al paciente.

“Por ejemplo, un cuchillo sirve para cortar una mantequilla, pero con un cuchillo también se le puede quitar la vida a otra persona”, puntualizó.