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Las discapacidades que puede presentar un ser humano, no son obstáculos para desarrollarse como persona en los diferentes ámbitos de la sociedad. Erick González es un ejemplo de ello, quien al igual que otros doce jóvenes, que tienen capacidades diferentes, actualmente forman parte de la Población Económicamente activa de nuestro país.

A estos jóvenes, anteriormente se les había apagado el deseo de seguir adelante, incluso habían enterrado el sueño de ejercer algún oficio, porque algunas empresas les cerraron las puertas, negándoles la oportunidad de demostrar que también son capaces de desempeñarse laboralmente.

Erick trabaja en Pizza Hut. Ahí realiza diversas actividades domésticas. A pesar de sus dificultades con el lenguaje, él quería seguir adelante, se empeñó en ir a clases, siempre contó con el apoyo de su madre, quien está dispuesta a acompañarlo siempre.

Logró bachillerarse en la modalidad sabatina. El doctor le dijo que no podía estudiar una carrera profesional, por su discapacidad intelectual, entonces comenzó a buscar trabajo en distintas partes, sin embargo, nunca lo llamaron.

Esta situación le provocó depresión, por eso su progenitora lo llevó a Los Pipitos, donde empezó a recibir terapias de autoayuda.
Posteriormente le pidieron sus documentos y le dijeron que había posibilidades de encontrarle un trabajo.

Para esos días, Lissette Ruiz, Gerente de Recursos Humanos de Pizza Hut Nicaragua, llamó a las instalaciones de Los Pipitos, para hacer la propuesta.

“Yo hice la llamada, pero tengo entendido que Los Pipitos habían hecho el intento con otras compañías, no habían pensado en nosotros. Llamé, hice el contacto y organizamos la actividad”, comentó Ruiz.

“Tengo muchos años de trabajar en la compañía y recuerdo que en el video de inducción que yo vi, aparecía una muchacha con Síndrome de Down, yo tengo una hermana discapacitada también, entonces yo dije que algún día nosotros podíamos tener una persona así trabajando con nosotros”, agregó.

Lissette contó con todo el apoyo de la compañía, sin embargo, considera que para esto se requiere también el apoyo de la familia, y no decirle a los jóvenes; “pobrecito mi muchachito”, sino ayudarles y enseñarles a cumplir las normas.

Dijo que ha funcionado muy bien, porque los dos que iniciaron todavía siguen en la empresa, y en un país donde la rotación es natural, ellos han mantenido sus puestos.

“Éste no es un trabajo de mantequilla, es un trabajo de verdad”, resaltó Ruiz.

Erick el empleado del año 2010
Los miedos que en un inicio sintió la mamá de Erick, al imaginarse que su hijo no podría asumir la responsabilidad de un trabajo formal, fueron opacados a finales del año pasado, cuando lo nombraron el empleado del año 2010.

“Me sorprendí cuando me mencionaron como el mejor empleado. Nunca me lo imaginé, porque yo sólo estaba participando en una actividad que nos habían invitado. Jamás pensé que iba a ser mencionado como empleado del año”, recordó Erick.