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Lo que parecía una sesión aburrida y monótona se convirtió en un doble escenario, mientras en la parte interior del Auditorio “Miguel Larreynaga”, de la Alcaldía de Managua, un concejal opositor pedía públicamente la destitución del secretario general de la comuna, Fidel Moreno, en la parte de afuera, dos bandos de comerciantes exigían a las autoridades municipales el cumplimiento de acuerdos y la estabilización del canon de arriendo.

El concejal conservador Luciano García pidió incluir como punto vario la destitución, pero antes que fuera discutida para ver si se le daba “pase”, la alcaldesa designada, Daysi Torres, lo frenó, refutándole que los que robaron a la municipalidad “ya están donde debían estar”, y que la administración actual está trabajando de manera transparente.

La alcaldesa precisó que desde que se dieron cuenta del robo en la comuna “ellos” fueron los más interesados en averiguar quiénes habían sustraído grandes sumas de dinero de ALMA.

Un año después del caso, se determinó que no eran 25, sino 157 cheques sustraídos de la comuna. Por estas razones, el concejal García pidió la destitución de Moreno, pero Torres lo detuvo repentinamente señalándole que “no eche lodo donde no hay, no politice los casos ya juzgados”.

De igual manera, la alcaldesa precisó que los concejales opositores y los medios de comunicación habían “denigrado, mentido y manipulado” el juicio en contra de los dos ex financieros, con el fin de “ensuciar” la imagen de Moreno y de otras autoridades de la comuna.


Comerciantes también se “sulfuran”
Mientras tanto, en las afueras del auditorio, dos grupos de comerciantes exigían a las autoridades de la comuna el cumplimiento de acuerdos en los que se había estipulado que se iba a mantener el canon de arriendo estable y que no se seguiría asignando más espacios a otros comerciantes, pues eso dañaba la venta de otros.

Improperios y hasta empujones por parte de algunos comerciantes se dieron cuando el gerente general de Commema, Alcides Altamirano, salió a darles la cara, pero fue imposible conversar ante la ola de quejas de la mayoría de los comerciantes.