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El embajador John Negroponte, segundo jefe del Departamento de Estado de Estados Unidos y antiguo soporte de la “Contra” en Honduras, medió entre el gobierno de Nicaragua y el de Colombia para evitar un conflicto en el meridiano 82, e instó a ambos países a que resuelvan su diferendo por la vía de la Justicia Internacional.

Negroponte sostuvo un encuentro en Washington --por separado-- con el canciller de Nicaragua, Samuel Santos, y con el de Colombia, Fernando Araújo, en la primera semana de marzo, cuando ambos diplomáticos coincidieron en aquella ciudad y le plantearon su punto de vista sobre el meridiano 82 y el juicio en La Haya.

Así lo revela en entrevista con EL NUEVO DIARIO, el jefe del Departamento de Estado para Centroamérica, John Feeley, quien estuvo de visita en Nicaragua para avanzar en la negociación de la destrucción de los misiles antiaéreos en poder del Ejército de Nicaragua, por considerarlos una amenaza a la aviación civil internacional.

Feeley expuso ante alumnos del Incae, se entrevistó con el presidente Daniel Ortega, y con el alcalde de Managua, Dionisio Marenco, antes de partir ayer del país, y sostuvo que las relaciones con el gobierno del presidente Ortega son muy productivas y provechosas, aunque existan diferencias.

¿Cuál fue el propósito de su viaje y qué resultados obtuvo?

Hemos venido para profundizar un proceso de negociación y consulta con el gobierno nicaragüense, en cuanto a un posible canje de misiles que tiene el gobierno de Nicaragua, por equipos médicos u otra ayuda de parte de los Estados Unidos. En septiembre de 2007, el presidente Ortega dio un verdadero paso de liderazgo al anunciar que estaba dispuesto a canjear los misiles de los 80, que de verdad pertenecen a otra época de la historia de Nicaragua y Centroamérica; y de mirar hacia un futuro más estable y seguro para la gente de Centroamérica y de Nicaragua.

¿Están sobre la mesa todos los misiles?

En este momento, el equipo que está aquí, no está para negociar nada, sino para hacer una evaluación contundente, cabal con sus homólogos, los expertos médicos del Ministerio de Salud, Minsa; para revisar el estatus de las clínicas y los hospitales y la situación sanitaria del país y los aportes que podemos hacer. Ellos pasarán diez días con sus homólogos, con los militares nicaragüenses, visitando todas las regiones de Nicaragua, para volver a Washington con un buen resumen de lo que hay aquí y de lo que son las necesidades.

El embajador Arturo Cruz decía que es posible destruir todos los misiles. El presidente anoche decía que prefería reservarse 400 unidades.

Sí, bueno, ¿cómo te digo?... Nosotros ahora no hemos entrado a la etapa de precisar cifras. Lo que hemos encontrado hasta ahora es una muy buena voluntad de parte de ambos lados para llegar a un acuerdo que de verdad beneficia a Nicaragua, a los Estados Unidos, a la seguridad regional. No estamos en la etapa de hablar de cifras.

¿Por qué considera estratégico Estados Unidos que se destruyan estos misiles?

Nada más le voy a señalar lo que sucedió en Panamá hace una semana: se dio una incursión de las FARC, cinco o seis elementos en una lancha iban a atacar a la Policía panameña. Fue, obviamente, una incursión a través de las fronteras. Imagínate tú si ellos pueden conseguir algunos de esos misiles, atacar a la aviación civil. Representa para nosotros y todos los ministerios de seguridad de la región, una amenaza. Yo creo que lo más importante que hay que recordar es que esos misiles pertenecen a otra época, a otro tiempo, ya no hay necesidad, ya no hay amenazas en Nicaragua de una invasión de Honduras o algo así. Son misiles antiaéreos, y con referencia a la incursión de las FARC en Panamá, aquí en Centroamérica, hay que tener en cuenta que es deber de todos los gobiernos responsables y democráticos, ayudarnos, el uno ayudando al otro. En eso estamos.

El presidente Ortega decía anoche que el conflicto interno de Colombia amenaza con desestabilizar la región, y lo alegó como una de las razones para que la capacidad defensiva del Ejército de Nicaragua no se vea diezmada. ¿Qué le parece ese argumento?

Muy gentilmente nos recibió el señor presidente Ortega, y conversamos por casi una hora sobre toda la situación regional. Es necesario recordar que en el caso de Colombia hay una situación muy única, es la única guerrilla que todavía opera en el hemisferio, pertenece a otro tiempo, con su fundamento en el año 1948, el Bogotazo, y toda la historia de Colombia. Y que grupos irregulares que tienen la capacidad de cruzar fronteras, causar serios problemas, secuestrar a rehenes e inocentes civiles, representan para cualquier región donde sea en el mundo, una amenaza.

Creo que la respuesta, en este momento, del gobierno de Colombia, ha sido precisa en cuanto a este grupo. Y el mensaje de Estados Unidos, como lo vemos en la OEA hoy, es que estamos reclamando a que todas las partes que se sienten en la mesa para distensionar la situación actual. Es una situación complicada con la aparición de algunos documentos que indiquen posiblemente que las FARC estaban en ese campamento en Ecuador, con el beneplácito oficial o quizá no oficial, no se ve. Por eso una investigación a fondo es necesaria con todos los países amigos.

El presidente Ortega expresó su solidaridad hacia las FARC sobre estos hechos, y ha sostenido conversaciones con el presidente Correa y el presidente Chávez, según ha dicho anteanoche. ¿Cómo ven ustedes esta relación de Nicaragua?

Si el presidente Ortega puede sostener una conversación con los países andinos para promover la paz y tranquilidad, enhorabuena. Ciertamente, hay que buscar un entendimiento, y cuando la situación está tan tensa, ciertas personas y gobiernos se van a aliar con otra gente para disminuir la tensión. Nosotros hemos expresado desde Washington el apoyo total a nuestros aliados en Colombia, al presidente Uribe, también hemos dicho que queremos que todos los gobiernos de la región apoyen el proceso de disminuir las tensiones.

Si el gobierno de Nicaragua apoya la agenda de Estados Unidos, referida especialmente al terrorismo, al narcotráfico, ¿Estados Unidos no pondría mucho reparo a que en Nicaragua se cierren los espacios democráticos, a lo interno, siempre y cuando esta agenda no se vea afectada?

Yo diría que hay segregar los temas. Donde tenemos preocupaciones tenemos un diálogo constante con el gobierno; yo en lo personal tengo el privilegio de tener una relación muy abierta con el representante de Nicaragua en Washington, el embajador Cruz; nunca nos llega un momento donde no somos capaces de expresar lo que estamos pensando. Igual del lado nicaragüense. La lucha contra narcóticos y terrorismo es importante porque lo son para la región, no para Estados Unidos. Tenemos este diálogo en toda la región y hay una iniciativa en el Congreso, la Iniciativa de Mérida, para combatir el flagelo de las drogas, trata de personas y el terrorismo, conjuntamente con México y Centroamérica.

Le cito, por ejemplo, el caso de Pakistán, que es un régimen autoritario pero ha apoyado a Estados Unidos con el tema del terrorismo. ¿Podría presentarse un escenario semejante en Nicaragua?

Yo diría que tenemos una relación con Nicaragua que va mucho más allá que el combate al terrorismo. Con Pakistán, la situación va mucho más allá, por lo agudo que es la crisis terrorista en Pakistán, por el hecho de que hay territorios completos donde no hay control, lo que se llama el área de la tribu donde no hay control para nada del gobierno pakistaní, que lo reconoce; y por el vínculo de los terroristas con los narcotraficantes de Pakistán.

Con Nicaragua tenemos una relación mucho más balanceada, tenemos muchas áreas de interés en común --Cuenta del Milenio, Cafta-- y un compromiso de verdad de fondo con la gente de Nicaragua, por los vínculos de la migración. Hay más de medio millón de nicaragüenses que viven en Estados Unidos, somos el segundo país más grande de habla hispana.


“El tema de la propiedad sí es prioritario”

El tema de la propiedad siempre ha sido importante en relación al waiver ¿Nicaragua está calificando para que se otorgue el waiver en el 2007-2008?
El tema de la propiedad sí es un tema prioritario entre los dos gobiernos. Lo que puedo decir es que hasta la fecha no hemos visto muchos casos resueltos en este año. Precisamente, ayer con el canciller y el embajador Trivelli vimos ese tema; es un tema que trabaja diario Arturo Cruz en Washington. Él reconoce que hay mucha presión de parte de los congresistas norteamericanos y aunque todo el mundo está muy contento con el hecho de que hemos podido construir una relación satisfactoria muy productiva en Nicaragua, en el Congreso se recuerda que tenemos ese waiver y que tenemos que cumplir con la ley. Es difícil predecir en este momento lo que va a pasar. Eso queda en manos del gobierno nicaragüense.

¿Cuántos casos están pendientes de resolución?

Alrededor de seiscientos y pico. Sólo sé que en cada instancia hemos insistido en que el gobierno debe tomar las medidas para resolver estos casos de una vez por todas, porque también estos casos pertenecen a otra época. La Embajada nunca toma el papel de abogado de un caso específico, más bien hace un empuje global.

El gobierno de Nicaragua le propuso a Estados Unidos un patrullaje conjunto en el Mar Caribe en el espacio del meridiano 82, que es disputado entre Nicaragua y Colombia. ¿Cuál es la respuesta de su gobierno a esa propuesta?

Tuvimos una coincidencia bastante afortunada cuando el canciller colombiano, Fernando Araújo viajó a Washington para entrevistarse con el número dos de mi Departamento, John Negroponte, y el embajador Negroponte habló con él un buen tiempo y a los dos o tres días llegó el canciller Samuel Santos.

Fue una coincidencia de alegría, francamente, porque en ese momento el embajador Negroponte pudo expresar a los dos cancilleres exactamente el mismo mensaje: queremos que dos países amigos, vecinos, resuelvan su situación ante La Haya. Y ésta ha sido la única posición que vamos a tomar. Estados Unidos, otra vez, no es árbitro. Este asunto queda en manos de la justicia internacional y vamos a trabajar con ambos países, socios y amigos, para que lo resuelvan a la satisfacción mutua.

¿Negroponte sirvió como puente entre ambos cancilleres?

Sí. Fue cuando el canciller Santos interpuso el caso de Nicaragua ante Ban Ki-moon, secretario general de las Naciones Unidas. Se entrevistó con Negroponte, tuvo una conversación muy profunda con él, le enseñó en un globo enorme que tiene Negroponte en su oficina, exactamente dónde está la línea --el meridiano 82--, lo puso al día con los argumentos de Nicaragua. Negroponte estuvo muy contento de escuchar los planteamientos de ambas partes --por separado-- pero fue claro al decir que resuelvan la situación por la vía de la justicia internacional.

El nombramiento del nuevo embajador Bob Callahan, que fue colaborador de Negroponte en Honduras, ha abierto muchas especulaciones sobre cuál es el mensaje de Estados Unidos al gobierno de Nicaragua…

Francamente lo están repensando. Bob Callahan es un diplomático de carrera, ha trabajado en Europa y en el Medio Oriente. Fue vocero de la Embajada en Honduras, pero viene a implementar la misma política de Paul Trivelli, consensuada por todas las agencias del gobierno y bendecida por la Casa Blanca, que es una política abierta para cooperar con el gobierno de Nicaragua. No hay ningún mensaje escondido ni una línea dura que viene. Todo eso es falso.