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Nació y creció en el costado sur del mercado Bóer, donde descubrió su talento por reparar motocicletas, cuando todavía no había entrado a la adolescencia. A casi medio siglo de ejercer esa profesión, no puede precisar cuántos vehículos de dos ruedas ha reparado, pero sí recuerda que a sus 66 años fue propietario de 80 motos.


Nos referimos a Nelson Castillo Núñez, un personaje para miles de motociclistas de varias generaciones, quien habló para EL NUEVO DIARIO en su taller ubicado de donde fue Telcor, en el barrio Monseñor Lezcano, 75 varas al lago, sitio donde lleva 40 años de operar.


“Me salí del colegio porque me enamoré de las motos cuando tenía 14 años”, dice Nelson.
“Casi provoqué que me aplazaran en el colegio, y así mis padres me sacaran del mismo para que me llevaran a aprender a reparar motocicletas en un taller que operaba del cine Bóer media cuadra al lago”, dice el mecánico, quien hablaba con END mientras instalaba el carburador de una motocicleta Honda 200 XL, a la que le había hecho un afinado.


Fue su abuelo, Alfonso Núñez Rodríguez, quien le preguntó: “Y ahora, ¿qué vas a hacer?” La repuesta de Nelson fue: “Es que quiero trabajar”. El abuelo le volvió a preguntar: “¿Y en qué querés trabajar?” “Es que de la esquina para allá hay un taller de motos y yo quiero aprender a manejar las motos y repararlas”.
Su abuelo lo tomó de la mano y se dirigió al taller, y el dueño --William Hernández--, le dijo: --¡Sí, déjelo!-- “y a partir de ahí fue para no salirme”.

Carlos Halder

Después saltó a otro taller de motocicletas que era propiedad de Cristóbal García, donde adquirió mayor experiencia en la reparación de los vehículos de dos ruedas, para después llegar a “caer” donde Carlos Halder, uno de los primeros importadores de motocicletas en Nicaragua, donde laboró con varios alemanes durante seis años.
Dijo que su madre era comadre de Halder, lo que le permitió entrar a laborar con ese empresario. Ahí reparaba motocicletas y ensamblaba las máquinas importadas. Se dio gusto ensamblando las Vespas, a las que les decían “Motonetas”. Después se agregaron al negocio de Halder otras marcas como la GNSU, las BMW y las Quicly.

Su propio negocio
Se fue de donde Halder porque se terminó el contrato que tenía su empleador, un alemán. Pero fue esa experiencia la que le mostró el negocio de las motocicletas, por lo que Nelson decidió trabajar solo y así instaló su primer taller de motocicletas en el costado sur del mercado Bóer, al iniciarse los años 70, cuando tenía 25 años.
Muchos de esos primeros clientes perecieron durante el terremoto del 72, ya que vivían en la Managua que destruyó el movimiento telúrico. Dijo que no podía precisar nombres de clientes, pero aseguró que muchos eran gente de clase media para arriba, que lo habían conocido donde Halder.

Sobre el asesinato de Halder
Recuerda que Halder fue asesinado en su propia empresa. Lo golpearon en la cabeza –-hasta matarlo-- con un amortiguador de moto. Su mamá le contó que el empresario fue asesinado para robarle. Esto ocurrió cuando Nelson ya no laboraba para esa empresa, que al igual que Cabrera y la Casa Mántica, se convirtieron en los primeros importadores de motocicletas en Nicaragua.


El cambio de tecnología en los motores y sistemas que han modificado las máquinas de las motocicletas a partir de los años 60, ha obligado a Nelson a estudiar esas modificaciones para encontrar las fallas en los motores.
“Antes los motores de las motocicletas eran más ordinarios, ahora son más finos, de más altas revoluciones y, por lo consiguiente, la estructura mecánica de las motos ha cambiado muchísimo en comparación para cuando yo aprendí a repararlas”, dice Nelson.


A sus casi 50 años de reparar motocicletas, Nelson considera que la mejor marca de esos vehículos es la Honda, y después la Yamaha, ubicando en tercer lugar la Suzuki, “pero la mayor parte de motos que he reparado en mi vida han sido las Honda, aunque en los últimos años han aparecido en el país una gran cantidad de marcas”.

Lo que costaba el afinado de una motocicleta
Dice que en los años 60 un afinado de motocicleta costaba 10 ó 15 córdobas. Ahora el afinado tiene un valor de 200 córdobas, “aunque esto depende del tamaño y del cilindraje, y si el motociclista prefiere llevarlo a los talleres de esas grandes casas que distribuyen motos, tienen que pagar más de 30 dólares”. Para la época en que trabajó con Halder, el afinado andaba de 30 a 50 córdobas.


La conversación con Nelson, que se llevó a cabo mientras terminaba de hacerle un afinado a una motocicleta, llevó al tema sobre la gran cantidad de motociclistas que a diario se accidentan, o los atropellan conductores de vehículos pesados, donde hay una característica principal: los accidentados o motociclistas muertos son menores de 30 años.
Esto, a juicio del mecánico, se debe a que los jóvenes actualmente “piensan que andar en moto es así nomás. Conducir moto es lo más peligroso que hay. Es cierto que es un vehículo de suma necesidad por su agilidad para el desplazamiento, pero la verdad es que estos jóvenes que van a conducir una motocicleta deben primero adquirir experiencia”.


Recuerda que durante los años 60 eran contados con los dedos de la mano los accidentes en motocicleta, “aunque quizá pudo ser que había menos vehículos en las calles, aunque antes la gente (los jóvenes de esas épocas) eran más responsables para conducir motocicletas, pero yo diría que ahora los jóvenes que conducen motocicletas son irresponsables”.

Las clientas
Con respecto a las clientas que conducen motocicletas, Nelson tiene pocas. La primera vez que atendió a una mujer motociclista fue hace unos 20 años, “aunque antes del terremoto del 72 era muy difícil ver a una mujer conduciendo una moto”, pero ahora hay una gran cantidad de féminas que hasta trabajan en labores en las que tienen que desplazarse en sus motocicletas.


Nelson llamó la atención de que son muy pocas las mujeres que conducen motocicletas que se ven involucradas en accidentes. “Las mujeres son más prudentes”, dijo el mecánico.


Uno de sus ayudantes ahora tiene su propio taller de mecánica de motocicletas en Ciudad Sandino, otros emigraron a Estados Unidos y trabajan en otras cosas, recuerda Nelson, que va a cumplir 40 años de residir en Altagracia, donde construyó su propia vivienda.


Su mejor época en clientes fue los cinco años después del terremoto del 72. Hubo ocasiones que como tenía hasta 40 motos en reparación, muchos trabajos se los pasaba a otros mecánicos de experiencia, como Elio Tapia, en Altagracia, y Francisco Barberena, en el barrio Monseñor Lezcano. Para ese período de bonanza tenía tres mecánicos y dos ayudantes.

ebarberena@elnuevodiario.com.ni