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Es viernes. En la entrada del Centro Escolar “Juan Bautista Zelaya”, de Chinandega, asentado en uno de los barrios más pobres de esa ciudad, un pequeño rótulo hecho a mano con crayón y algo de escarcha, da la bienvenida a la “Clase abierta para todos”.


La música suena de fondo y a los niños no se les ve ansiosos por salir como es usual ese día de la semana cuando la jornada termina antes. Una pasada por el primer pabellón donde se ubican los primeros, segundos y terceros grados revela la razón: los pequeños con sus padres están en la misma aula ¡recibiendo clases!
Al frente la maestra explica la lección de matemáticas. Las miradas de todos se concentran en la pizarra “full” de colores y formas hechas en cartulina, admirablemente organizadas contrastando con los tonos ya pálidos de la pintura de las paredes, y  con el ambiente que revela las carencias que padece el centro.


En ese colegio no podrán tener recursos económicos, pero es el único en todo el país donde  los padres son llamados a tomar con seriedad su cuota de responsabilidad en el proceso de aprendizaje de sus hijos, invitándolos a que reciban las clases con ellos, conozcan el ambiente en el que se desarrollan los pequeños y los acompañen en la elaboración de trabajos para que tomen conciencia de que la escuela no es la única responsable de enseñar y que su acompañamiento en el hogar es fundamental.

Modelo de enseñanza japonés
Eso es  la “Clase Abierta para todos”, programa inspirado en un modelo de enseñanza japonés que desde 2009, bajo la guía de la cooperante Cheiko Imoto, se ha puesto en práctica con éxito en la escuela “Juan Bautista Zelaya” -cuya población escolar es de 1,374 alumnos- con el apoyo de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón, JICA.


Sobran los testimonios sobre lo provechoso que ha resultado este proyecto educativo. La directora, Reyna Lucila Hernández Pérez,  reconoce una sustantiva mejora en el rendimiento de los escolares.


Las docentes no paran de hablar sobre cuánto han avanzado sus estudiantes, porque llegan más motivados a recibir las clases. Incluso sostienen que ha abonado a disminuir el abandono escolar que afecta sobre todo a los menores de edad del turno de la tarde que antes o después de clases deben trabajar.

Invitar a padres parecía un chiste
La directora confiesa que de percibir “divertido o chistoso”  el planteamiento de que se invitara a los padres a recibir clases junto a sus hijos, pasaron con la práctica a ver su importancia porque “así como tenemos padres responsables, también tenemos mucho abandono en los hogares por diferentes realidades.


A veces, por la situación económica, el niño queda solo o vende en la calle y no hay oportunidad para que los padres dediquen tiempo a los niños”. Con la participación en la “Clase Abierta” los adultos toman conciencia de la importancia de que presten atención al proceso de aprendizaje de sus hijos.

Su recurso es la voluntad

La “voluntad”, afirma la directora Hernández, es lo que les ha permitido superar las limitaciones relacionadas, por ejemplo, a falta de cartulinas, crayones, papel, lápices de colores y otros materiales de los cuales se auxilia la enseñanza bajo el modelo de japonés. “Nos hemos apoyado en los padres de familia y en el esfuerzo del maestro”, dice.

Padres sensibilizados por necesidades de la escuela

Con la “Clase Abierta para todos” el nivel de compromiso se ha elevado a tal magnitud que según la subdirectora del centro, Carolina Mendoza, los padres ahora “están pendientes de las cosas que necesita la escuela”, porque son conscientes de que con su aporte contribuyen a la calidad de la educación de sus hijos.


La directora agrega al respecto que los padres ahora aportan para solventar  las carencias que el presupuesto estatal asignado no les permite cubrir.


Este año, por ejemplo, esa escuela recibió 50 pupitres por parte del Mined cuando el déficit rondaba los 200. Es gracias al involucramiento de los padres de familia en la reparación de los que estaban descartados por daños, que hoy ni un solo niño queda de pie.

Crean banco de materiales

Ese éxito del que hablan las maestras guías del “Juan Bautista Zelaya” está también sustentado en la solidaridad. Allí un niño no deja de ir a clases por la falta de un cuaderno, libro, lápiz o colores. Han hecho un banco de materiales para que cuando un maestro detecte esa limitación en uno de sus alumnos, la supla.

Mamá también aprende
Es ya la una de la tarde. A través de las persianas del primer grado “D”, Aurita asoma sus ojos. Tan delgada como curiosa y vivaracha.


Está “feliz” nos dice, mientras se lleva las manos entre las rodillas y voltea su mirada hacia la puerta del colegio ubicada a pocos metros de la banca frente a su aula de la que salió para conversar.


Luce ansiosa. Es importante que su señora madre llegue, comienza a decir para revelar que todo lo que aprende en el colegio lo comparte con su progenitora cuando regresa a casa. Es que de niña, la mamá de Aurita no fue a la escuela y ahora con el ingreso de su niña al colegio, ambas se inician en las letras y los números.


Para la pequeña de seis años de edad, la “Clase Abierta para todos” es la oportunidad perfecta para que su mamá que trabaja en el hospital de la ciudad, llegue a recibir la clase impartida por la maestra pues diariamente ella hace de “profe”.

Pero no todos los padres atienden la invitación a pasar un día en el colegio. Eugenio José es un ejemplo. Tiene ocho años, va al mismo salón que Aurita y esa tarde cuando la mayoría de niños contarán con el apoyo de sus padres o algún familiar, él estará solo y “sin problemas”.


La actitud del pequeño es sorprendentemente adulta. Su madre trabaja, dice muy comprensivo que no tiene tiempo de atender reuniones del colegio. “Yo ya estoy grande para cuidarme solo”, afirma para contar que él mismo aporta a la casa, rajando leña y allí queda clara la explicación de la notable robustez de sus brazos. Al igual que Eugenio José son muchos los estudiantes de la tarde que se dedican a labores como vender tortillas, tomates y otros oficios, motivados por la falta de recursos económicos de sus familias.


Modelo será reproducido
La positiva experiencia de este colegio público con la “Clase abierta para todos” podría ser reproducida en 13 escuelas de Chinandega.


Luego de la participación como observadores del personal de la delegación departamental del Ministerio de Educación, Mined, surgió el interés y ahora la cooperante japonesa Cheiko Imoto impartirá “La Clase Abierta para Docentes” en la que participarán cuatro maestros de esas 13 escuelas, 52 en total, además de personal de la delegación del Mined, el próximo 14 de abril.


El plan es que los profesores se capaciten en la metodología de la enseñanza de Matemática, que incluso les orienta cómo aprovechar la pizarra ordenando adecuadamente las lecciones.


Con la “Clase Abierta para todos” se promueve mejorar la relación niño-padre-docente, se motiva el entusiasmo por el estudio mediante el involucramiento incluso de la comunidad.

La invitación: Hijos como aliados

¿Cómo funciona? El docente y los niños preparan una tarjeta en la que dicen a los padres “vamos a la escuela”.


Luego que los padres asisten a la clase, el docente los llama a reunión para escuchar sus valoraciones y de paso hacer énfasis en la importancia de que en casa no se desentiendan del proceso de estudio de sus hijos. Para eso se les enseña metodología de estudio en casa que incluye orientación sobre  cómo elaborar material auxiliar para que estudien con sus pequeños. Con eso estarán reforzando la calidad de la enseñanza, les remarcan.

El modelo japonés hace énfasis en el aprovechamiento de la pizarra como recurso de enseñanza. Orienta desde el tamaño de las letras hasta la distribución de las lecciones, de modo que el orden favorezca la comprensión de los estudiantes.