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Veinte días después del secuestro y posterior asesinato del comerciante Javier Antonio Hernández Orozco, lo único que la familia doliente sabe con certeza es que hombres vestidos de policías y a bordo de una patrulla lo secuestraron al salir de una gasolinera en la Carretera Managua- Masaya.

“La Policía no ha hecho nada por esclarecer este crimen, porque sabe que hay miembros de la institución que lo mataron”, aseguró un familiar de la víctima, quien por temor a represalias pidió no fuera revelado su nombre.

Se movilizaban en patrulla  
Los parientes del comerciante asesinado respaldan sus sospechas de que fueron policías los que lo asesinaron, porque la viuda, Nubia Ponce Chavarría, asegura que quienes le interceptaron el paso en la carretera la noche del 22 de marzo, se movilizaban en una patrulla.

“Ella --Nubia Ponce-- dice que los de la patrulla los interceptaron haciéndoles la señal de alto con un cono lumínico, y que cuando él --Javier Hernández-- abrió la puerta de la camioneta les dijeron que se trataba de un secuestro”, refirió otro familiar de la víctima.

Preguntados por qué Nubia Ponce asegura que  se trataba de una patrulla policial la que interceptó a su marido, los familiares de Hernández refieren que ella manifiesta que el carro que los interceptó, portaba en la parte superior daycos o señales lumínicas propias de los carros policiales.

Un sitio de emboscadas
El kilómetro 10.5 de la Carretera Managua-Masaya es desde hace mucho tiempo un sitio donde hombres vestidos de policía han interceptado a automovilistas que, por temor, han declinado denunciar lo sucedido ante las autoridades, reveló uno de los afectados, que pidió no fue fuera revelada su identidad.

Aunque la familia de Hernández ha dicho que quienes lo plagiaron y luego asesinaron de manera atroz vestían uniforme policial, sin chip --placa-- y que se movilizaban en una patrulla, las dos veces que la viuda Nubia Ponce ha sido citada para reconocer a sospechosos en la Dirección de Auxilio Judicial Nacional, DAJ, a quienes le han presentado ha sido a pandilleros, dijeron los entrevistados.

“Una vez le pusieron a unos pandilleros del Reparto Schick, y la segunda vez a otros del barrio La Primavera”, aseguraron los familiares de Hernández, quienes rechazan las versiones que relacionan el crimen con el narcotráfico.

Se sienten vigilados
A casi tres semanas del atroz asesinato del hombre de negocios que tenía una abarrotería y venta de tortillas en el Mercado “Roberto Huembes”, su familia se siente vigilada por quienes lo mataron.

“Cuando lo tenían secuestrado nos decían vía telefónica que había un hombre de nombre Santiago que nos estaba vigilando”, dijo otro atribulado pariente de la víctima.

En el barrio donde hemos vivido siempre no hay nadie que se llame Santiago, y por eso nosotros nos sentimos amenazados y hasta tememos por el niño (hijo de la pareja), dijo otro familiar del comerciante asesinado.

Extraño detective
Las suspicacias por el posible involucramiento de policías en el secuestro y posterior asesinato de Hernández, crecieron para la familia doliente días después del crimen.

Esto porque a la casa de la familia Hernández llegó un detective, y luego de preguntar por la última persona que se comunicó vía telefónica con Javier Antonio Hernández, se marchó sin ninguna explicación y no hablo con la viuda.

“Todavía no sabemos las razones que tuvo el detective para no entrevistar al último miembro de la familia que habló por teléfono esa noche con Javier  (Hernández)”, dijo otro de sus parientes.

Del hombre que se identificó como investigador policial, desde ese día la familia Hernández no ha vuelto a saber nada, lo que para ellos hace misterioso el hecho de que no haya tomado declaración a la personas por la cual llegó preguntando.

Se llevó secreto  a la tumba
Javier Antonio Hernández Orozco se llevó un secreto a la tumba, porque reconoció a quienes lo secuestraron y asesinaron, reveló uno de sus familiares.

“En una de las conversaciones telefónica que tuvimos, él nos dijo que no buscáramos los 40 mil dólares que exigían, porque de todas manera lo matarían, porque había reconocido a los secuestradores”,  expresó el familiar, que por razones obvias insistió en el anonimato.

Para la familia Hernández-Orozco, los autores del plagio y posterior asesinato, son los mismos que en febrero de 2009 allanaron el negocio del comerciante, simulando buscar droga, aunque en realidad llegaban a robar.

Entonces Hernández fue golpeado de manera salvaje, al extremo que sufrió una fractura en la mandíbula, que lo obligó a someterse a un tratamiento maxilofacial, recordó uno de sus parientes.

Hernández, en ese entonces, refirió a su familia que aunque los policías llegaron encapuchados, él sabía quiénes eran. Decidió no denunciarlos, porque según él había cosas que se “debían dejar solo a Dios”.