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Vecinos de residencial Bosques de Altamira demandan a la Alcaldía de Managua la remoción de un bar ubicado en una esquina del parque, detrás del supermercado Palí, pues de ese local supuestamente se tiende a contaminar, a ensuciar el área, además de que atrae a consumidores etílicos.

Néstor Murillo, uno de los quejosos, alega que el problema es que incluso el propietario habita en el lugar y que ahí no hay condiciones sanitarias para el funcionamiento de un negocio de comidas y bebidas, ya que gente de ese local, además de su clientela, hacen sus necesidades en los alrededores, siendo así fuente de contaminación y de basura.

“Especialmente los fines de semana hay bulla y escándalos a altas horas de la noche, y no es posible que se expenda licor en un parque infantil. Desde hace años venimos solicitando que se nos arregle el parque, pero la municipalidad en vez de arreglarlo, nos empeoró las cosas con ese bar”, dijo Murillo.

Ricardo José Zacarías Ortiz, propietario del local, expresó que tiene los permisos de la municipalidad para operar, y que del otro parque tuvo que salir pues le dijeron que harían remodelaciones, por lo tanto le autorizaron el traslado.

Rechazan que dicho local funcione

Los miembros del Gabinete de la Familia del reparto Bosques de Altamira; José Lacayo Muñiz, secretario político del Frente Sandinista en Altamira; y el resto de la comunidad en las cercanías de dicho parque, en total 195 personas, han firmado una carta dirigida a la Alcaldesa de Managua, Daisy Torres, en la cual rechazan el funcionamiento de ese local.

La señora Yolanda Meléndez, quien habita frente al parque, comenta que no soportan el hedor de las inmundicias y que este es un problema que la Alcaldía trasladó del parque de Altamira D’Este, de donde según investigaron, la comunidad también rechazó su presencia.

“No nos importa que la gente se gane la vida, pero ese local no tiene las condiciones para su funcionamiento”, dijo la señora Meléndez.

Lacayo Muñiz, en representación de la comunidad, el lunes sostuvo una reunión con las autoridades edilicias, cuya respuesta fue que nunca esperaron que el traslado causara problemas a la vecindad, por tanto alegaron que pondrían manos en el asunto, pero que les dieran un tiempo prudencial para plantear una respuesta concreta.

El propietario del kiosco dijo que “no sé de qué se queja tanto la gente, pues en realidad aquí era una cochinada, más bien he venido a limpiar y a quitar basura. Tengo como 15 días de haber venido y hasta me mandaron al Ministerio de Salud para revisar el local. Mi negocio es sano y no vendo licor”, asegura Ricardo José Zacarías Ortiz.