•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La cantidad, continuidad y magnitud de movimientos sísmicos ocurridos en el país en los últimos días, particularmente en la zona del Pacífico, han trastocado nuestro quehacer cotidiano y potenciado al máximo las emociones individuales y colectivas. Las emociones representan energías que condicionan actitudes y determinan conductas en un momento dado.

Una estimada profesora de neuropsicología enseñaba que una emoción es un estado afectivo, una respuesta subjetiva a eventos del entorno que sobrevienen de repente y con brusquedad, y generan reacciones en el organismo, tienen una función adaptativa, crean crisis más o menos agresivas y más o menos pasajeras.

Los expertos establecen seis categorías principales de emociones: a) sorpresa: expresada en el susto y desconcierto que experimentamos cuando se percibe el movimiento de la tierra; b) miedo: precede a la sorpresa, y es producto de la incertidumbre, de la inseguridad y del sentimiento de impotencia ante el poder de la naturaleza; c) aversión: impulso de alejarnos lo más rápido posible del peligro que representa el evento; d) alegría: comentarios chistosos, risas, etc., una vez que se recupera la seguridad por la desaparición del peligro. Otras emociones son: la ira y la tristeza.

Las emociones se producen en nuestro interior, sin embargo, tienen expresiones externas: conductuales y/o fisiológicas. Expresiones faciales de asombro, o de miedo; gritos y/o llantos; correr sin control, etc. Hay quienes tiemblan, otros respiran agitadamente, a otros les sudan las manos y los pies, en algunos casos hay aumento del ritmo cardíaco, descontrol de esfínteres, etc.

Estas reacciones y muchas más producen las emociones. Muy probablemente, durante los eventos sísmicos de los últimos días, la gran mayoría de las personas que vivimos en las zonas afectadas las hemos experimentado. El asunto es que las emociones son inherentes al ser humano, todos, absolutamente todos somos impulsados por ellas. El punto es cómo las administramos: si nos dejamos controlar por ellas o si las controlamos.

La primera recomendación que hacen las instituciones a cargo de la seguridad de las personas en situaciones de desastres naturales, es que “guarde la calma”. Ello es posible si ejercemos control sobre nuestras emociones.

Debemos adiestrarnos en el manejo de las emociones, tenemos un gran maestro, Jesús. Él es el maestro de las emociones: “Subió Jesús a la barca y sus discípulos lo siguieron. De repente, se levantó en el lago una tormenta tan fuerte que las olas inundaban la barca. Jesús estaba dormido. Los discípulos le despertaron, gritando: ¡Señor, sálvanos que nos ahogamos! Y Él les dijo: ‘Hombres de poca Fe, ¿por qué tanto miedo?...’, entonces se levantó, reprendió a los vientos y a las olas, y todo quedó completamente tranquilo (Mateo 8:23-26)”.

Amiga, amigo, debemos trabajar para administrar nuestras emociones, no se trata de ser súper mujer o súper hombre, se trata de apropiarnos de Fe en Dios. La Fe es un factor de protección que nos conduce a depositar toda nuestra confianza en Él, y Él mediante su Espíritu Santo, pone sus frutos (Gálatas 5:22), entre ellos, paz y dominio propio, que nos permiten afrontar eventos que pueden sorprendernos.

Le invitamos a apropiarse de la Fe. Diríjase a Él y dígale: Jesús mío, yo le acepto como mi Señor y Salvador, le pido que llene mi corazón de los frutos de su Santo Espíritu, deme paz y dominio propio para controlar mis emociones, particularmente el miedo.

Queremos saber de Ud., le invitamos a escribirnos.

crecetdm@gmail.com