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En los casi cincuenta años de relación de pareja, hemos aprendido que en la vida se enfrentan circunstancias difíciles: pérdida y/o enfermedades graves de un ser querido; accidentes que ponen en riesgo la vida, propia y ajena; se cometen errores, muchos de los cuales, cuando no se está preparado para afrontarlos, conducen a frustraciones; se reciben maltratos; se enfrentan dificultades económicas, y un interminable etc. La buena noticia es que llega el momento de reflexionar acerca de lo sucedido, dándole nuevo rumbo a la nave de la vida.

En estas casi cinco décadas de relación, hemos enfrentado diversos y numerosos eventos cuyos efectos nos hacían manifestar el cuadro de una pareja disfuncional, que no tenía futuro como tal. Hace aproximadamente doce años, ambos, consideramos que la relación estaba huérfana de amor, que todo era por costumbre, que desde hacía unos cuantos años la relación no funcionaba y, por lo tanto, había que ponerle fin mediante la formalidad del divorcio; sin embargo, llegó el momento de la reflexión, decidimos cerrar el capítulo anterior e iniciar una nueva temporada, renovando compromisos, trabajando en una relación sustentada en la equidad, la fidelidad, el respeto, todo ello, edificado sobre roca firme: Jesús y su inmenso e incondicional amor por nosotros.

Hace diecisiete años murió nuestro hijo Raúl Alejandro, sin duda, este ha sido el acontecimiento más doloroso y demoledor que nos ha tocado enfrentar. Durante cinco años vivimos en la oscuridad del dolor, de la depresión, de la tristeza, ese período representó una noche extremadamente oscura que parecía eterna. Sin embargo, un día, cuando el estado emocional negativo nos había hundido en un hoyo oscuro sin fondo, cuando creíamos que de ese golpe nunca podríamos recuperarnos, vino la respuesta: Jesús. Se mostró a nosotros, vivo, real, iniciando una nueva temporada en nuestras vidas, renovando nuestros corazones con amor, alegría, paz, gratitud, paciencia, mansedumbre y dominio propio. Hoy, amamos a nuestro hijo profundamente, tenemos absoluta certeza de que él está en un mejor lugar, y que nos reuniremos un día, porque estamos llamados a vida eterna.

Hace años éramos peones, esclavos del afán por el trabajo, nuestra confianza estaba puesta en el dinero. Paradójicamente, también estábamos atados a deudas y la economía familiar era precaria. Además de todo esto, Raúl era cautivo del alcoholismo, todo ello, desembocaba en una familia disfuncional. Llegó el momento de iniciar una nueva temporada, hoy todos esos monstruos que nos oprimían han sido derribados. Trabajamos, pero lo hacemos para vivir, ya no vivir para trabajar; nuestra confianza ya no está en el dinero, está en Dios; estamos aprendiendo a vivir de contado, y en un proceso largo, pero efectivo, las deudas han ido desapareciendo de nuestro modus vivendi; Raúl tiene doce años de haber sido sanado y liberado del alcoholismo, en nuestro hogar el alcohol está proscrito, esa es una de las mayores maldiciones que aqueja a muchas familias.

Amiga, amigo, si está viviendo situaciones que le causan confusión, dolor, tristeza, etc…, debe apropiarse de esta palabra: lo que hoy es difícil y parece que no lo puede superar, mañana será lejano y servirá para ayudarle a otras personas a salir adelante. Se puede, todo es posible con Jesús, dígale: Jesús, le pido perdón por ofenderle, perdono a quienes me han causado daño, abro mi corazón y le acepto como mi Señor, salvador, sanador, restaurador y libertador, ayúdeme a esforzarme y ser valiente para iniciar una nueva temporada en mi vida.

 

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